Lo que se consume es la paciencia
Mientras el desplome de las ventas en supermercados y mayoristas expone el impacto del congelamiento salarial de los trabajadores, la caída en la recaudación fiscal empieza a poner en jaque el superávit del Gobierno, que queda atrapado en dogmas teóricos. “No puede gobernarse eternamente para un pequeño grupo de poder económico. Las broncas que supieron movilizar a su favor políticamente en 2023 siguen estando ahí”, dice Marcelo Chata García.
- mayo 26, 2026
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El último informe del INDEC para el mes de marzo muestra una caída de 5,1% en las compras a supermercados, con respecto al mismo mes del año pasado. En tanto, para los autoservicios mayoristas la caída interanual es aún mayor, del 7,2%. El consumo se contrae a la par que se siguen deprimiendo los ingresos de gran parte de la población a partir de salarios congelados o de haber migrado hacia empleos más precarios en un contexto donde la inflación sigue presente. También cae la cantidad de personas ocupadas en el sector, un 2,3% y un 7,4% respectivamente. Esto contrasta con los números que festeja el gobierno que muestran un crecimiento de la actividad económica. El esfuerzo que se le pidió a la población parece haber tenido como único efecto aumentar las ganancias de unos pocos sectores. El clima social exhibe cada vez más hartazgo y desesperación.
Esta contracción del consumo se refleja en la recaudación fiscal, que cae poniendo en riesgo el superávit que el gobierno precisa para sostener la política económica y las metas con el FMI. Esa relación entre consumo y caída de la recaudación es directa por el carácter regresivo de nuestro sistema impositivo que hace depender gran parte de los ingresos de los impuestos al consumo. El gobierno no se muestra interesado en compensarlo con impuestos progresivos al patrimonio o a las ganancias, ni pretende avanzar con retenciones a las exportaciones agropecuarias. Por lo tanto, su única respuesta es ajustar más a las clases medias, trabajadores y jubilados que ya vienen padeciendo sus políticas económicas.
Discursivamente, el presidente Javier Milei se enreda en una cruzada cultural para desprestigiar a John Maynard Keynes. Sin embargo, el keynesianismo salvó las democracias liberales de la crisis del capitalismo de la década de 1930, y permitió la instalación de sociedades de consumo con pleno empleo y amplias clases medias. Fue el fundamento del Estado de Bienestar y en los países donde este ha evolucionado, como en el capitalismo escandinavo, muestra sociedades más igualitarias que articulan inclusión social con medio ambiente.
Los libertarios siguen dando por sentado la ley de Say, según la cual, cada aumento en la producción -oferta- genera un aumento proporcional en la demanda. Por lo tanto, sólo se precisa beneficiar a los grandes empresarios y la bonanza vendrá sola. Las objeciones planteadas por Keynes a esa ley permitirían observar que si el crecimiento económico queda acotado a unos pocos sectores que no invierten en diversificar la producción, sino que fugan la ganancia al exterior, no se genera una distribución que motorice el consumo.
Otro dato del informe muestra que las tarjetas de crédito representan el 45% de las compras al supermercado, y el 27% de las hechas en los autoservicios mayoristas. En ambos casos viene disminuyendo como herramienta de pago, quizá por el agotamiento de la financiación con tarjeta. Aumenta el uso de billeteras virtuales y cuponeras. Y el gobierno descartó implementar algún plan que alivie la situación de las familias endeudadas por gastos corrientes.
La falta de una política industrial clara, los casos de corrupción, las internas en el poder, la arbitrariedad y agresividad con la que se maneja el gobierno, tampoco generan un clima de confianza que favorezca las inversiones y los negocios. Keynes encontraba en la planificación y la regulación estatal mecanismo para establecer reglas que armonicen el accionar del mercado. Aconsejaba la inversión en infraestructura y el reconocimiento de los sindicatos para aumentar los ingresos de la población trabajadora y, por ende, el consumo. Si hay un mercado con posibilidades y deseoso de consumir, pues los empresarios capitalistas van a generar los bienes y servicios para aprovecharlo, es decir, van a invertir. Ese es el círculo virtuoso.
Otro dato del informe muestra que las tarjetas de crédito representan el 45% de las compras al supermercado, y el 27% de las hechas en los autoservicios mayoristas. En ambos casos viene disminuyendo como herramienta de pago, quizá por el agotamiento de la financiación con tarjeta. Aumenta el uso de billeteras virtuales y cuponeras. El gobierno descartó implementar algún plan que alivie la situación de las familias endeudadas por gastos corrientes. No sea cosa que luego se rescate a las entidades financieras en lugar de a los ahorristas y los trabajadores, esa historia ya la hemos vivido en Argentina y es lo que hicieron los países desarrollados en la crisis del 2008. No puede gobernarse eternamente para un pequeño grupo de poder económico a costa de las penurias de gran parte de la gente. Las broncas que supieron movilizar a su favor políticamente en 2023 siguen estando ahí.
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