Las dulces recompensas que le entrega el fútbol a la vida
Ya estamos en los mata-mata. El riesgo de vivir un día sin un partido. La mejor Copa del Mundo de Messi. No parece ser para los europeos. Salvo Francia. La Noruega de Haaland. El batacazo de Paraguay. Lo que no se merece la historia de Uruguay.
- julio 1, 2026
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—Se acabó la parte más linda del mundial —arranca con todo el coreano Che-Cho desde la aldea fronteriza norcoreana de Kijŏng-dong.
—¿Qué decís, coreano? Ahora viene lo mejor. Los mata-mata. Las definiciones dramáticas, las lágrimas, el sudor de 120 minutos en alargue y penales —responde el ruso Yevgeny.
—No, Vogarín. Se acabaron los tres o cuatro partidos por día. La ilusión de más de 40 naciones del mundo. Las sorpresas. Las hinchadas de todos los países. Las goleadas —se angustia el coreano.
—No te puedo creer, Cho. ¿Estás bien? El mundial se hace para que lo gane alguien. No se puede hacer fase de grupos todo el tiempo —replica Yevgeny.
—Mirá, ruso. Acopié zapallo, espinaca, yogur, atún, frutos secos, tomates, frutas y arroz para 40 días y ahora se vienen los días sin partido. ¿Me entienden? Hice el acuerdo con el militar de Corea del Sur para que me pase datos para poder ver todo y ahora se vienen los días sin partido —se desespera el coreano.
—Algo lo puedo entender, Cho querido. El primer día de un mundial sin partido es duro.
—¡Ah, bueno, profesor! ¿Usted también se suma a esta ridiculez? —explota Yevgeny.
—Igual, esto de los 16avos atenúa la angustia y estira los días con muchos partidos, Cho.
—Es cierto. Pero solo atenúa —se lamenta el coreano.
—Basta de llorar, que los alemanes quedaron afuera —se mofa Vogarín.
—¡Histórico Paraguay!, diría un dirigente de derechas de redes sociales.
—El pueblo paraguayo está de fiesta. Alemania quedó afuera contra el arquero de San Lorenzo. Una revancha de la historia. Esas boludeces simbólicas que nos apunta el fútbol cuando una potencia mundial queda afuera de un torneo a manos de un sudamericano sufrido —resalta el coreano.
—Cierto, esas dulces recompensas simbólicas que entrega el fútbol a la vida.
—Corríjanme. ¿Hay más jugadores paraguayos que argentinos jugando en la Liga Profesional de Fútbol local, verdad? —consulta el coreano.
—Cierto.
—Ojo en este mundial con la avanzada de sudamericanos y africanos —se entusiasma Cho.
—Sí, casi todos pasaron a 16avos.
—A esto hay que sumarle, como les vengo diciendo, que todos los locales van a hacer su trayecto más largo —reflexiona el ruso desde su departamento con vista al lago San Jorge, en la ciudad rusa de Vladivostok.
—¿Quieren decir que no es el mundial de los europeos?
—Definitivamente. Salvo Francia, al resto lo veo con muy pocas chances —aventura Cho.
—Pero quedan además de Francia: Suecia, Portugal, Croacia, España, Austria, Inglaterra, Suiza, Bélgica, Bosnia y Noruega.
—Puede que España, Portugal, Inglaterra y capaz Noruega corran un poco más —arriesga el coreano.
—Estás tirando una jugada fuerte, Cho —remarca el ruso.
—A Haaland, ¿no lo contás?
—Depende de que la meta todos los partidos. Con Costa de Marfil casi que hace el gol sin querer, pero va. Los marfileños lo dieron todo. Tuvieron mala leche. Ganó raspando en un partido parejo —reafirma el coreano.
—¿A Noruega le pasa lo mismo con Haaland que a Argentina con Messi? —retruca el ruso.
—Para mí, ojo, pero para mí, hasta acá, es el mejor mundial de Messi —explota la declaración de Cho.
—Es un título para Olé, Cho.
—Seis goles en tres partidos. Ganó casi solo los dos primeros y en el tercero, cuando estaban los jordanos emparejando, entró y los mandó a dormir —asegura el ruso.
—Hay que ver si puede sostener este ritmo, su magia y suerte —picantea el coreano.
—Y que los arqueros pongan las manos firmes y el cuerpo detrás. Eso ya lo sé. Pero Mario Kempes, el gran goleador del 78, hizo seis goles en todo el mundial —plantea Vogarín.
—Eran otras épocas, otros formatos, otros mundos.
—Sí, pero lo de este muchacho es muy desequilibrante a los 39 años. En eso le doy la derecha a mi amigo Cho —remarca Yevgeny.
—Y lo de Mbappé también, Vogarín. Con los que le hizo a Suecia lleva seis —agrega el coreano.
—Francia está cumpliendo con el cartel de candidato. Por momentos te baila —se entusiasma Cho.
—Sí, pero le llegan. En defensa flanean —desafía el ruso.
—Hay quienes dicen que ya no es más el mundial “país contra país”. Hay que verlo desde las migraciones y las dobles nacionalidades. En eso Francia es una fábrica de talento global —ensaya el norcoreano.
—Teniendo en cuenta esto que dice Cho, ¿y la epopeya de los marroquíes? ¿Qué me cuentan?
—Bien Marruecos, y me alegra que los holandeses hayan quedado arafue. Un equipo que jugaba como su técnico, Ronald Koeman. Se guardaban algo del juego holandés, pero después se alineaban en defensa ocho o nueve como un bloque de rugby, y a las patadas y a los codazos. Solo dejaban a tres que vayan solos para adelante, a la aventura ofensiva —reflexiona el coreano.
—¿Y Carletto? Les dije. Metió mano y va configurando y reconfigurando el equipo. Asoma Bruno Guimarães. Lleva cuatro asistencias. Anoten —asegura con voz de trueno Vogarín.
—Teléfono también para los que nos vendieron que Japón iba a llegar lejos.
—Paren un toque. Si yo no vi mal, iba ganando y empató Brasil al rato, y en el minuto 95 recién hizo el segundo —se calienta el coreano.
—Los japoneses salieron a jugar, pero después del gol se metieron los once dentro del área y faltaban 70 minutos de partido. No es la mejor versión de Brasil, pero si le jugás así, en algún momento te la van a poner —asegura Vogarín.
Hay quienes dicen que ya no es más el mundial “país contra país”. Hay que verlo desde las migraciones y las dobles nacionalidades. En eso Francia es una fábrica de talento global.
—En esta fase nadie saca a comer pasto a nadie. Son todos parejos. Ganan o pierden los favoritos cagando. Salvo, y por momentos, Francia y Argentina —asegura Cho.
—Una que nos comimos fue la película de las entradas. Que no se vendían. Que iba a haber estadios vacíos.
—Sí, pero por lo que muestra la tele, hay gente que va a ver el partido, es hincha, y otra que no, va a tomar algo, y se desesperan por las cámaras y por sacarse selfies —hace berrinche el ruso.
—Es la etapa que estamos atravesando. No se olviden de que se juega en Estados Unidos. ¿Qué esperaban? —replica el coreano.
—A propósito, Cho, Corea del Sur fue eliminado y no dijiste nada —señala Yevgeny.
—Ni da. Son de madera. Ni ellos tenían ganas, me contaron desde el puesto fronterizo —apuesta fuerte el coreano.
—De Uruguay algo hay que decir para cerrar, chicos.
—Demasiado sobreanalizado, profesor. Bielsa debería dedicarse a la docencia —asegura el ruso.
—La historia de Uruguay no merece esto. Los jugadores también tienen su parte —cierra el coreano.
—El fútbol entero está sobreanalizado, mis queridos pajaritos. Hay que disfrutarlo más. Dejando de lado sus dimensiones políticas, económicas, geográficas, sociales, culturales y antropológicas, es la boludez más importante del mundo; y el mundial es el torneo más importante de esta pavada que fluye por nuestra sangre —concluye magistralmente Yevgeny Vogarín.
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