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«Galperin usurero, Milei cómplice»: marcha a Economía contra la usura de las billeteras virtuales

Sindicatos, organizaciones sociales y endeudados de a pie marcharon al Ministerio de Economía contra el aumento desmedido de las tasas en billeteras virtuales y créditos usureros, en lo que asoma como el germen de un sujeto social en movimiento.

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Puertas adentro de la Casa Rosada, los voceros del gobierno dedican horas de agenda a desmentir rumores y ensayar aclaraciones sobre la situación del presidente. Pero lo que ocurre fuera del palacio les es ajeno. A pocos metros de ahí, frente a las vallas que cercaban el Ministerio de Economía, la realidad marcha a otro ritmo. Organizaciones consolidadas durante los últimos meses para agrupar a los cientos de miles de endeudados del modelo de Javier Milei avanzan en columna y exigen medidas urgentes frente a una crisis que ya convive en la realidad de millones de argentinos. Acompañados por la CGT, la UTEP y las dos CTA entre otras organizaciones políticas y sociales buscan politizar una problemática que hasta ahora se circunscribía a la realidad doméstica: la de familias enteras que terminaron recurriendo a créditos usureros con billeteras virtuales o prestamistas de barrio para pagar alimentos, medicamentos o tarifas de servicios que aumentaron hasta un 900% desde diciembre de 2023.

En la primera línea de la marcha se levantan carteles con consignas directas: “Condonación de deudas ya”, “Aumento de emergencia para salarios y jubilaciones” y “No a la privatización de AySA”. Un poco más atrás, una bandera amarilla condensa el malestar contra el sector financiero y el oficialismo: “Galperin usurero, Milei cómplice”.

La distancia entre los números del palacio y las grandilocuentes estadísticas que revela el gobierno de Milei quedó en evidencia días atrás, cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, fue consultado sobre el costo financiero total efectivo anual del 400% al 800% que cobran algunas billeteras virtuales. “Son tasas abusivas, pero no hay nada que les impida hacerlo y no creo que puedan mantener realmente un negocio cobrando tasas de ese tipo”, deslizó el funcionario que volvió a reducirlo a un “acuerdo entre privados”. 

La respuesta empieza a resonar en la calle. “Tenemos a un loco ahí mismo, en la Rosada”, grita un manifestante mientras de fondo retumba el cántico arrastrado por la masiva manifestación del último 6 de agosto: “La patria no se vende”. A ese reclamo se le suman las líneas compuestas sobre la marcha: “Olé, olé, olé, olá, este es el antro de la usura nacional” y “Presidente qué amargado se te ve, las estafas no se pagan, el pueblo te va a correr”.

Según cifras oficiales, la mora de los hogares en préstamos llegó al 12,7% en junio de 2026 y unas 5,8 millones de personas acumulan retrasos superiores de más de tres meses. En la calle, los testimonios exponen el alcance del ahogo económico. Luis, de 72 años, relata que su mujer se endeudó con Mercado Pago y, por la vergüenza y los intereses usurarios, terminó debiendo $1.600.000 a partir de una deuda inicial de $300.000. Otra manifestante de unos 35 años, la más joven a la redonda, expresa que “estar endeudado genera mucha angustia”, pero que “da alivio ver que no están solos en una situación que al principio da vergüenza tras trabajar todo el día sin que alcance”. 

Las organizaciones que se nuclearon hoy en Plaza de Mayo buscan politizar una problemática que hasta ahora se circunscribía a la realidad doméstica: la de familias enteras que terminaron recurriendo a créditos usureros con billeteras virtuales o prestamistas de barrio para pagar alimentos, medicamentos o tarifas de servicios que aumentaron hasta un 900% desde diciembre de 2023.

Una jubilada, Mónica, coincide en que el común denominador es endeudarse para subsistir y pagar servicios básicos como luz, gas, alquiler o expensas. “La peleamos para tratar de mantenernos, tiré las tarjetas de crédito, refinancié créditos que le debo a bancos. Por suerte nada de billeteras virtuales, en eso soy privilegiado, pero tengo tres o cuatro años por delante de deuda con tres bancos distintos”, dice Jorge, también jubilado; y Marisa, madre de cuatro hijos que limpia casas por hora, cuenta que debe “muchísimo” a una billetera virtual. “No lo puedo pagar, no lo pienso pagar porque no tengo, no me alcanza”, dice. 

El impacto pega con fuerza en los trabajadores de plataformas. Belén d’Ambrosio, secretaria general del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación (SiTraRepA), explica en diálogo con 4Palabras: “Hay compañeros que ya se endeudaron con la tarjeta, con la billetera virtual y ahora con la aplicación para la cual trabajamos”. Los créditos funcionan en PedidosYa dependiendo del ranking en el que se esté; y la plataforma arma un scoring con información de los niveles de productividad. “Si estás en el primer o segundo ranking, podés acceder a préstamos de hasta $1.600.000 con una tasa de interés anual del 260%”, describe. Y agrega: “Cuando nos endeudamos con la propia aplicación decimos que hay una servidumbre planificada, porque dedicamos jornadas enteras para devolverle la plata a la empresa para la cual trabajamos; plata que pedimos muchas veces para mantener la herramienta de trabajo, la moto o para comer”. 

Darle forma colectiva al reclamo es también una vía de escape al estrés crónico, la ansiedad, el miedo y la culpa que provoca una deuda convertida en amenaza cotidiana. La movilización de hoy no fue masiva ni avasallante, pero dejó flotando la sensación de que algo nuevo comenzó a germinar. Es, tal vez, el punto de partida de un movimiento político incipiente cuyo nuevo sujeto social es el endeudado.

 

4Palabras

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