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Feminización de la pobreza: ajustadas, endeudadas y bajo estrés

Un informe expone cómo la recesión y el ajuste del gobierno de Javier Milei se sostiene sobre el deterioro del cuerpo, la nutrición y la salud mental de mujeres y diversidades. Deteriora la dieta del 87% de los hogares y al 63% se ve obligada a endeudarse para cubrir gastos básicos de subsistencia.

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Transcurridos dos años y medio de la gestión de Javier Milei, la consigna del “déficit cero” muestra su contracara en una profunda recesión y un acelerado proceso de feminización de la pobreza. Los efectos de las políticas de ajuste, desregulación y vaciamiento del estado se evidencian con mayor fuerza en las mujeres y diversidades a cargo de la economía de los hogares. 

El reciente estudio presentado por el Observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos» de MuMaLá, elaborado en conjunto con el ISEPCI, realiza un diagnóstico contundente: el futuro de miles de mujeres y personas LGBTTINB+ varía entre la precarización laboral, la deuda para comer y la privación de necesidades básicas.

El impacto más crítico se registra los cambios drásticos en la matriz alimentaria. Es decir, en el plato incompleto, en la falta de nutrientes. Un 87% de las personas consultadas modificó sus hábitos alimentarios en los últimos seis meses como consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo y el costo de los alimentos. El 65% de las encuestadas debió reducir tanto la calidad como la cantidad de las comidas diarias. Con respecto a ese “salteo de comidas”, el 42% de los hogares reportó que al menos un integrante debió suprimir una ración diaria de comida, lo que configura un indicador directo de inseguridad alimentaria grave.

Ante el retiro de la asistencia estatal, la demanda se ha trasladado a redes comunitarias donde hoy convergen no solo sectores desocupados, sino también docentes, jubiladas, estudiantes y trabajadoras que no llegan a cubrir la canasta básica. Cuando los ingresos personales no alcanzan –situación que afecta al 69% de las encuestadas, quienes afirman que sus ingresos “nunca” (21%) o solo “a veces” (49%) cubren sus gastos fijos– la herramienta inmediata es el endeudamiento.

 

Ante el retiro del Estado, la recesión empuja al 59% de las endeudadas a acumular múltiples acreedores —desde tarjetas hasta prestamistas informales— para pagar remedios y servicios. El estudio de MuMaLá e ISEPCI expone cómo la sobrecarga de cuidados sin remuneración y el colapso de la salud pública derivan en un grave deterioro psicofísico.

El informe precisa que el 63% de las encuestadas está actualmente endeudada para adquirir bienes durables o viajar, sino para la alimentación, comprar remedios o no sufrir el corte de servicios básicos. El 49% reportó una deuda con tarjetas de crédito bancarias, el 32% se endeudó con billeteras virtuales y créditos fintech inmediatos y desregulados a tasas altas; el 25% acumula deudas por servicios públicos, el 24% recurrió a los préstamos familiares y personales; y el 14% –sobre todo en contexto de vulnerabilidad– debió solicitar préstamos informales cuya falta de pago las expone a amenazas y dinámicas de violencia. 

De todo el universo de morosidad, el 59% padece un endeudamiento múltiple, acumulando compromisos financieros con dos o más acreedores en simultáneo.

Aunque el 67% de las consultadas realiza un trabajo remunerado, la calidad del empleo se degradó. Mujeres y diversidades se encuentran inmersas en el pluriempleo, en una situación de precarización (trabajo no registrado o monotributo). El 56% de ellas debió sumar estos empleos extra en los últimos seis meses (venta de indumentaria, comida o cosméticos, apps de transporte como Uber, clases particulares o changas de limpieza). Y el 25% perdió su empleo o su principal fuente de ingresos en el último semestre.
Además, el 94% de las encuestadas realiza de forma directa las tareas domésticas y sostiene las tareas de cuidado en sus hogares. De ellas, un 22% carece totalmente de ingresos propios debido a su dedicación exclusiva a cuidar de niños (75%), adultos mayores (13%) o personas con discapacidad o enfermedades crónicas (11%). 

La imposibilidad de proyectar el futuro impacta de manera directa sobre la salud física y mental. El deterioro psicofísico conlleva a una vida bajo estrés. Las palabras más recurrentes al describir el estado de ánimo son Preocupada (61%), Angustiada (45%), Ansiosa (43%) e Intranquila (41%). En la misma línea, el 83% afirma que las deudas e inquietudes económicas afectan su descanso: y en el último mes el 86% experimentó síntomas somáticos (dolores de cabeza, contracturas, insomnio), y el 81% se siente desbordada emocionalmente. Este cuadro se agrava por el ajuste en la salud pública, donde las demoras para conseguir turnos psicológicos o psiquiátricos y la falta de medicamentos o insumos hormonales dejan sin contención a los sectores más vulnerados.

El informe del Observatorio MuMaLá expone que la consigna del equilibrio fiscal a toda costa se sostiene sobre el deterioro del cuerpo, la nutrición y la salud mental de las familias trabajadoras. 

 

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