Argentina / 7 febrero 2026

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¿Es necesario tanto? La apuesta de Milei por alinearse a Trump y ser un faro de la ultraderecha global

Cambia el escenario mundial y el poder de las armas reemplaza a la multilateralidad y a la búsqueda de consensos. El gobierno de Milei celebra a Trump y decide alinearse de manera cómplice e incondicional. Milei aspira a ser el referente internacional de la ultraderecha. En lo local, el gobierno quiere afianzar las “reformas estructurales” y se lanza a cazar votos vía los gobernadores. ¿Dónde están los focos de resistencia?

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La agenda periodística de 2026 resultó abruptamente copada por las noticias en torno al secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa como resultado de una operación militar de Estados Unidos en territorio venezolano y las posteriores consecuencias de las acciones promovidas por Donald Trump en el escenario global traspasando todos los límites antes conocidos del derecho internacional y, para decirlo de alguna manera, “jugando” todo el tiempo al límite del conflicto bélico a escala mundial.

La pregunta que –hasta hoy– todos nos seguimos haciendo es ¿dónde está el límite y cuáles son las consecuencias de esta realidad sobre el conjunto de los países y, en particular, sobre Argentina?

Si bien la respuesta a ese interrogante no es el propósito de esta nota dedicada a la particular situación política argentina, es evidente que no existe disociación posible entre lo que está ocurriendo a nivel global y la realidad argentina. Así la mayoría de la población estime –por certeza basada en la ideología o por ignorancia– que lo que pasa más allá de las fronteras nacionales no incide en su cotidianidad. 

Es importante dejar en claro que más allá del juicio político y humanitario que se pueda hacer sobre Nicolás Maduro como persona y como gobernante, la avanzada norteamericana no puede verse sino como ruptura de las reglas de juego que hasta ahora venían rigiendo la gobernanza global. Lo que sigue es la imposición del autoritarismo imperial de Estados Unidos por el método que sea: la coerción económica o la fuerza del poder militar. En ese orden o en el contrario, sin importar lo que sea primero.

En ese escenario, el gobierno argentino de Javier Milei aparece como el discípulo incondicional y sumiso de Trump… sin medir lo que éste haga y hasta ubicándose por encima de las expectativas de los colaboradores directos del empresario que hoy gobierna el país del norte. La pregunta sería ¿es necesario tanto?

Está claro que de una manera diferente a cómo lo hizo en Venezuela, en otras condiciones y circunstancias, Trump irrumpió en la Argentina en favor de LLA –con dólares y con amenazas— y atropelló la soberanía y la democracia  para asegurar el triunfo libertario en las elecciones legislativas. El método es similar al que usó en Honduras para garantizar que Tito Asfura llegue a la presidencia del país centroamericano desplazando de ese lugar a la progresista Xiomara Castro.

Argentina ha perdido toda autonomía en materia de política exterior para amarrarse a lo que fije Trump. Sin rubor el canciller Pablo Quirno aceptó que el posicionamiento del país será votar lo que Estados Unidos determine y apoyar todo lo que Estados Unidos haga. Sin importar lo que sea. Y ese límite llega incluso a poner en riesgo aquellos principios del derecho internacional y de la política exterior que le han servido al país para seguir reivindicando la soberanía sobre Malvinas. Un riesgo precisamente señalado por Alejandro Frenkel, ex delegado ante el Consejo de Defensa de la UNASUR, en una entrevista concedida a Martina Dentella para 4Palabras.

Vale entonces reiterar la pregunta: ¿es necesario tanto? Para Milei sí, también porque como contrapartida a la obsecuencia el presidente argentino aspira a instalarse como referente y cabeza regional (¿internacional?) de la ultraderecha. 

Este es uno de los principales puntos de su agenda internacional y para ello se programa que Buenos Aires sea –en la primera mitad del año–  la sede de una cumbre de ultraderecha que apuntaría también a dejar establecido un grupo al que todavía le están buscando un nombre. Milei quiere ser el centro de la foto en la que estén los presidentes José Antonio Kast (Chile), Nayib Bukele (El Salvador), Santiago Peña (Paraguay), Daniel Noboa (Ecuador) y Rodrigo Paz (Bolivia). Pero aspira a que también se sumen la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, y hasta Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.

Argentina ha perdido toda autonomía en materia de política exterior para amarrarse a lo que fije Trump. Sin rubor el canciller Pablo Quirno aceptó que el posicionamiento del país será votar lo que Estados Unidos determine y apoyar todo lo que Estados Unidos haga. Sin importar lo que sea. Y ese límite llega incluso a poner en riesgo aquellos principios del derecho internacional y de la política exterior que le han servido al país para seguir reivindicando la soberanía sobre Malvinas.

Si bien el trajín principal del canciller Pablo Quirno es continuar afianzando los vínculos con los actores financieros internacionales con los que siempre ha trabajado, el presidente le sumó también esta tarea.

Por su parte, Milei continuará con sus viajes internacionales en los que también quiere seguir proyectando su imagen mundial anti woke. Ese será el tema central del discurso de este mes en el Foro Económico Mundial (Davos, Suiza). En el primer semestre el presidente planea además  una gira que lo lleve a Italia, Alemania y el Reino Unido para «vender la Argentina al mundo». Y, por supuesto, venderse a sí mismo como rock star de la derecha política.

No faltará tampoco el clásico intento de volver a Estados Unidos para una foto –en las condiciones que sea– con Donald Trump, su admirado patrocinador.

La agenda local

El verano y los acontecimientos internacionales hicieron que la agenda política local pasara a segundo plano. De algún modo esto es funcional al gobierno. A ello también contribuye la falta de organicidad y de iniciativa de la oposición, particularmente del peronismo que continúa perdido en su laberinto de internas y de falta de ideas que cautiven a quienes son víctimas de la motosierra pero siguen alimentando esperanzas de un futuro mejor ante la falta de algo que indique un camino diferente. 

El Congreso reabrirá formalmente sus puertas en febrero, pero hasta entonces el ministro del Interior, Diego Santilli, continuará los contactos con los gobernadores en una suerte de “operación canje” que acerque fondos a las provincias a cambio de votos para asegurar, en primer lugar la ley de reforma laboral y luego la reforma tributaria y la ley de glaciares. Todas ellas tienen aspectos negociables con los gobernadores, porque favorecen o perjudican a las provincias.

Es lo que el gobierno menciona como “las reformas estructurales”. Porque –como sostiene el propio Milei- «esta vez sí es diferente porque estamos atacando la raíz de los problemas, no los síntomas». Teniendo en cuenta, claro está, que «la parte más dura del proceso económico ya pasó y el futuro depende de que el pueblo y la política defiendan el cambio». 

Allá vamos.

Respecto de la reforma laboral –que el gobierno titula con “modernización laboral”– el diputado nacional Guillermo Michel (Unión por la Patria) identificó diversos puntos críticos que impactarían negativamente en las arcas provinciales durante 2026, algo que el legislador se encargó de hacerle saber a los titulares provinciales, propios y extraños. Según el diputado,

las provincias dejarían de percibir aproximadamente 1,7 billones de pesos en 2026 debido a los cambios impositivos incluidos en el paquete. El proyecto contempla la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que desfinanciaría a la ANSES impactando en la coparticipación y en el sostenimiento de los sistemas jubilatorios provinciales no transferidos. Las modificaciones previstas en el impuesto a las Ganancias podrían reducir la masa coparticipable afectando las remesas que corresponden a las provincias. 

El argumento central de Michel es que de aprobarse la reforma se utilizarían recursos que pertenecen a las provincias para financiar beneficios fiscales empresariales, obligando a los distritos a ajustar sus propios presupuestos o servicios públicos.

Respecto de la reforma laboral --que el gobierno titula con “modernización laboral” -- el diputado nacional Guillermo Michel (Unión por la Patria) identificó diversos puntos críticos que impactarían negativamente en las arcas provinciales durante 2026, algo que el legislador se encargó de hacerle saber a los titulares provinciales, propios y extraños. Según el diputado,las provincias dejarían de percibir aproximadamente 1,7 billones de pesos en 2026 debido a los cambios impositivos incluidos en el paquete.

Como ha sucedido en otros casos –incluido el Presupuesto 2026 aprobado– el gobierno encubre y esconde con diferentes títulos modificaciones que responden al paradigma de la motosierra y el déficit cero.

Una pregunta que se reitera pero sigue careciendo de respuesta clara es cuál será la reacción de los directamente afectados por las reformas propuestas. La CGT ha dado muestras de una tímida resistencia y, todavía por lo bajo, se adelanta que los dirigentes sindicales tratarán de incidir a través de los legisladores propios, amigos o cercanos, en las discusiones parlamentarias. Pero también hay intención de alimentar la movilización callejera para agregar volumen al reclamo. Habrá que esperar.

Otro tema es el de los movimientos sociales, a los que Milei golpeó severamente y en parte desarticuló con la ayuda de las ministras Sandra Pettovello y Patricia Bullrich (esta última reemplazada por Alejandra Monteoliva en diciembre), en funciones y con tareas diferentes.

El centro de atención del gobierno sigue puesto en garantizar el pago de la deuda externa (así sea contrayendo nueva deuda como se hizo ahora), mantener o mejorar el nivel de las reservas, controlar la cotización del dólar para evitar que la inflación siga en los niveles declarados por Economía, aunque esto no sea reflejo de lo que afecta a los bolsillos de los golpeados ciudadanos consumidores.

Así como se dice que “el equilibrio fiscal es innegociable” también es invisible cualquier medida que apunte a mejorar el nivel de empleo digno, ayude a recuperar los ingresos de las y los jubilados, atienda a políticas sociales básicas para personas con discapacidad, de educación y salud, para mencionar solo a modo de ejemplo algunas de las tantas obligaciones del Estado nacional desatendidas por la actual administración.

Como suele reiterar Javier Milei: “Estamos sentando las bases de una Argentina que no hemos visto en décadas». Es una afirmación que, hechos a la vista, difícilmente se pueda poner en duda. Pero quedan varias preguntas por responder. Entre ellas ¿quiénes serán los beneficiados en ese nuevo modelo? Y, fundamentalmente, ¿cuál será la capacidad de respuesta de las víctimas resultantes de la aplicación de la receta libertaria?

Tarea pendiente para la ciudadanía, pero fundamentalmente para los actores de la política.

4Palabras

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