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El escenario político peruano a partir de la asunción de Keiko Fujimori

La presidenta electa asumirá el próximo 28 de julio después de haber triunfado en segunda vuelta con una exigua diferencia de votos. Gobernará un país fragmentado por la política, atravesado por la corrupción y con ciudadanos que demandan seguridad. El equilibrio entre el alineamiento político con Estados Unidos y la necesidad económica de mantener la alianza estratégica con China.

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Perú Keiko (1)

El próximo 28 de julio Keiko Fujimori, la presidenta electa de Perú, asumirá su mandato para el período 2026-2031. Será la primera mujer elegida democráticamente para regir los destinos del país andino. La candidata de Fuerza Popular recibió el 50,1% de los votos superando por el estrecho margen de 49.641 sufragios a Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú (49,8%). Fujimori –hija del ya fallecido (2024) expresidente y dictador Alberto Fujimori (1990-2000), de quien reivindica su legado– llega a la presidencia en su cuarto intento, después de perder por márgenes menores al 1% en 2011, 2016 y 2021.

Fujimori comienza su gestión con un escenario político sumamente fragmentado, dato que se vio claramente representado en la existencia de 35 candidatos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Algo similar ocurrirá ahora en la composición del Congreso, que será bicameral como resultado de una reciente reforma. En la Cámara de Diputados (130 miembros) el oficialismo de Fuerza Popular ocupará 41 escaños, seguido de la principal oposición de Juntos por el Perú (32). Detrás irán el Partido del Buen Gobierno (18), Renovación Popular (15), Partido Cívico Obras (14) y Ahora Nación (10). 

En el Senado, Fuerza Popular obtuvo 22 de las 60 bancas, Juntos por el Perú 14, Renovación Popular 8, Partido del Buen Gobierno 7, Partido Cívico Obras 5 y Ahora Nación 4. 

Una mirada a la composición de las fuerzas indica que el bloque que se puede denominar “de derecha”, integrado por Fuerza Popular y Renovación Popular, suma 56 diputados y 30 senadores. En Diputados la oposición de Juntos por el Perú más sus potenciales aliados alcanza 74 bancas.

Los datos anteriores presentan un cuadro complejo para la gobernabilidad que obligarán a una permanente negociación entre las diferentes fuerzas. Mientras en el Senado el fujimorismo está cerca de obtener la mayoría de 31 senadores, en Diputados está lejos de llegar a los 66 representantes que le permitiría también allí la mayoría. Es más. Los analistas políticos locales entienden que con 74 votos la oposición podría alzarse con la Mesa Directiva de este último cuerpo.

Fujimori tendrá que lidiar con las economías ilegales que subyacen detrás de los aparatos delictivos y que ostentan importantes niveles de poder. La mayoría de los análisis indican que el éxito inicial de Fujimori está directamente ligado con el hecho de que, en el corto plazo, la población perciba que se garantiza el orden y se combate la inseguridad ciudadana.

De todos modos, unos y otros, tendrán que someterse a una negociación permanente con las bancadas menores. Una cuestión relevante es que la constitución peruana establece la posibilidad de aplicar la “vacancia presidencial” con los dos tercios de los votos de los congresistas, lo que redunda en la destitución de quien ejerce la presidencia. Si bien esta posibilidad generó que Perú haya tenido ocho presidentes en los últimos diez años, no parece probable que ahora se repita esta situación, en especial si el gobierno de Keiko Fujimori logra rápidos resultados en los temas que más preocupan a la ciudadanía.

En ese sentido se espera que en los próximos meses el nuevo gobierno dedique especial atención a la asistencia social garantizando alimentos para las personas más vulnerables y medicamentos en los centros de salud. Según lo prometió la presidenta electa también habrá subsidios estatales para la vivienda. 

Lo anterior estaría acompañado de medidas para corregir la inseguridad, en particular mediante la represión al crimen organizado que afecta hoy gravemente la tranquilidad de peruanas y peruanos. Sin embargo para lograr este propósito Fujimori tendrá que lidiar con las economías ilegales que subyacen detrás de los aparatos delictivos y que ostentan importantes niveles de poder

La mayoría de los análisis indican que el éxito inicial de Fujimori está directamente ligado con el hecho de que, en el corto plazo, la población perciba que se garantiza el orden y se combate la inseguridad ciudadana. 

Una tercera línea de acción del fujimorismo apuntaría a la cooptación de líderes sociales y dirigentes de organizaciones de base locales y regionales, a los que el partido que asumirá el poder está dispuesto a conceder la posibilidad de distribuir la asistencia social y la ejecución de obras en los territorios y los espacios que están bajo su control.

En lo internacional se adelanta que Keiko Fujimori dará continuidad al alineamiento peruano con Estados Unidos y la estrecha cooperación que, sobre todo en materia de seguridad e inteligencia, mantiene con Israel, pero sin entrar en colisión con China, país con el que se encuentra estrechamente ligado por lazos económicos. 

China es el principal socio comercial de Perú que le envía el 36,2% de sus exportaciones de las cuales el 89,9% son minerales. Los chinos además aportan a la infraestructura peruana con obras de ingeniería y ferrocarriles, entre otros rubros. El dato no menor es que el empresariado peruano tiene una fuerte ligazón con China y pondrá en juego sus intereses para que ello no se vea afectado.

La pregunta gira luego hacia las posibilidades que tiene la oposición política de ofrecer resistencia o cuestionar el modelo liberal populista de Fujimori. 

Un dato no menor es que las dos fuerzas que pasaron a la segunda vuelta (Fuerza Popular de Fujimori y Juntos por el Perú de Sanchez) obtuvieron su votación principal en regiones territoriales muy distintas. La presidenta electa cosechó sus votos en Lima y en la costa norte del país, que opera dentro de la economía productiva de punta. Sánchez, por su parte, recibió el respaldo de la zona andina del sur, centro y norte peruanos, donde se concentran los más pobres, con menos servicios y asistencia del Estado. 

Este es también el escenario sobre el cual deberá operar la política a la hora de las negociaciones. 

 

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