Argentina / 26 octubre 2026

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El día después del triunfo de Lula: “nuevas ideas”, la batalla en las redes y el mapa regional

La hazaña electoral de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones de Brasil, devuelve un contrapeso clave a Sudamérica, aunque los progresismos deberán “renovar ideas y liderazgos”. En su cuarta gestión, el PT deberá enfrentar limitaciones parlamentarias, con un Congreso corrido a la derecha. La opinión de los especialistas Alejandro Frenkel, Juan Ignacio Percoco, Alejandro Rascovan y Bruno Dalponte.

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Considerada por analistas como una “remontada histórica”, la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil desafió las tendencias estadísticas e históricas y las previsiones que daban por seguro un resultado adverso en el balotaje frente a Flávio Bolsonaro. 

Detrás de la euforia latinoamericanista y el peso simbólico de este cuarto mandato de Lula a sus 81 años, los especialistas coinciden en que será un escenario complejo por las limitaciones institucionales en el Congreso y “la falta de ideas nuevas”, o de una “idea de futuro” dentro de los sectores progresistas en América Latina. 

Lo cierto es que Lula da Silva rompió con la inercia histórica de los balotajes en Brasil desde la recuperación democrática, donde el segundo puesto en la primera vuelta nunca se había revertido. Con una diferencia de cuatro millones de votos, su victoria se transformó en un resultado inapelable que dejó escaso margen para impugnaciones y gran parte de los gobiernos de la región -incluyendo a administraciones de derecha en Colombia, Perú, Chile y Ecuador y excluyendo a Milei– reconocieron rápidamente el triunfo.

Para Bruno Dalponte, doctor en Ciencia Política y Estudios Internacionales, se trata de un “triunfo de muchísima relevancia y de muchísimo peso simbólico” por tratarse de un bastión del latinoamericanismo y un contrapeso a las derechas y a las políticas de Donald Trump. En la misma línea, el doctor en ciencias sociales y especialista en geopolìtica y seguridad, Alejandro Rascovan dice que, por cómo se dieron los números, “incluso si se tiene en cuenta la extensión horaria, la derecha tiene poco que reclamar”. 

De todos modos, hay coincidencias en la necesidad de tomar el resultado con cautela. Dalponte advierte que esta victoria política no representa necesariamente un reverdecer automático de la “ola rosa” en América Latina, y que Lula deberá lidiar con “un Congreso polarizado y corrido a la derecha”, además de un fuerte arraigo institucional del bolsonarismo en las gobernaciones y el poder legislativo. “Lula lo dijo en el último debate ‘no somos el patio trasero de nadie’, pero hay que luchar después contra los poderes fácticos, el sector empresarial, las presiones económicas, la viabilidad de proyectos de inversión extranjera directa que Brasil puede llegar a necesitar”, dice. 

El doctor en relaciones internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, Juan Ignacio Percoco, señala que en los próximos cuatro años “Lula tendrá un congreso que no va a ser amistoso, y tendrá que negociar constantemente a riesgo de sufrir un impeachment”.

El triunfo de Brasil reconfigura el mapa sudamericano, posicionando nuevamente a la principal economía de la región como un contrapeso clave frente a Estados Unidos y las expresiones de extrema derecha. Ante la consulta de 4Palabras, los expertos en relaciones internacionales analizan qué desafíos abre para Lula y cómo puede impactar en el gobierno de Javier Milei.

Uno de los ejes centrales de cualquier análisis post resultados es el rol que jugaron las redes sociales y los magnates tecnológicos (como Mark Zuckerberg y Elon Musk) durante el proceso electoral. Para los especialistas, la injerencia de las plataformas y los algoritmos evidenció una “cancha inclinada”, donde actores con posturas ideológicas extremas operaron de manera activa. 

Sin embargo, plantean la necesidad de relativizar este fenómeno. Alejandro Frenkel, politólogo especializado en temas de relaciones internacionales, sostiene que “estuvo sobreestimado el poder de las grandes tecnológicas en la elección, primero porque la gestión y el accionar de los gobiernos siguen siendo un aspecto fundamental, y segundo porque hubo una contrarrespuesta de las campañas, como la articulada por la militancia del PT a través de WhatsApp”.

Para Dalponte en esta nueva experiencia petista será clave la diplomacia de segunda vía, con los sectores privados, las redes sociales, y particularmente, con “los magnates tecnológicos que claramente han tratado de jugar un rol decisivo”, y que además “se han expresado contrarios o dubitativos sobre la democracia como sistema político”. Percoco añade que las redes son el lugar “desde donde las mayorías construyen sociabilidad, narrativas, recibe las noticias, percibe la realidad y eso los candidatos no tienen que dejarlo de lado”, que “si dejamos de lado ese campo de batalla, la mayor cantidad de veces va a terminar siendo una derrota” y que “hay que disputar esos espacios a pesar de las dificultades técnicas y políticas de esos espacios imparciales”. “Los tecnooligarcas, ya eligieron un bando, y van a apoyarlo y a utilizar sus recursos, por eso es interesante discutir las regularizaciones, porque en el fondo, es la disputa misma por la democracia futuro”, agrega. 

Dalponte señala que lo importante es “no recaer en lecturas de buenos y malos, ni siquiera Estado versus privados, sino que ameritaría pensar muy profundamente cómo se distribuye el poder comunicacional”. De todas formas, considera que “hay que darle mucho mérito a la campaña que desplegó después de la primera vuelta el PT, reconociendo que Meta estaba sesgado, volcándose a WhatsApp, el ejército de Lula, la circulación de información, por un lado, pero también el cambio de tono, de agenda, incluso en algunos casos de estética. Un cambio radical que le funcionó”

Con respecto a la idea de que “nadie la vio venir”, Dalponte explica que “la propia tiranía de las redes es un poco el porqué de este resultado tan inesperado” y que “muchos comentaristas se tienen que plegar a la lógica de las redes, que es más acercarse a hacer un ‘tirapostas’ que plantear un análisis pormenorizado”. Juan Ignacio Percoco remarca que la discusión sobre la regulación de plataformas y el control algorítmico toca el núcleo mismo de la democracia futura: “No se puede pensar la circulación de un discurso democrático sin meternos en cómo estos algoritmos favorecen o desfavorecen ciertos discursos”, dice. 

Más allá de la coyuntura electoral, el debate interno en el progresismo regional deja ver una escasez de propuestas a largo plazo, advierte Percoco, e insiste en que la falencia estructural dentro del propio Partido de los Trabajadores (PT) y de la centroizquierda en general tiene que ver con “la falta de nuevas ideas” y la incapacidad de formar sucesores que trasciendan la figura del líder histórico. “Las campañas tienen la idea de defender lo conseguido, son acciones de retaguardia para proteger lo que se tiene de manera muy defensiva, y no se está logrando articular una imagen de futuro, una imagen de algo nuevo, hacia adelante. Eso en algún punto lo está capitalizando la derecha”, asegura. 

En el plano internacional, el triunfo de Brasil reconfigura el mapa sudamericano, posicionando nuevamente a la principal economía de la región como un contrapeso clave frente a Estados Unidos y las expresiones de extrema derecha. Aunque Rascovan advierte sobre las tensiones diplomáticas pendientes, en particular con el gobierno argentino. Dice que “en un mundo racional el gobierno argentino debería reconocer al brasilero y reanudar las relaciones diplomáticas, pero hoy con la dupla Quirno-Milei es muy difícil que eso ocurra”. A pesar del quiebre en las relaciones diplomáticas –sobre todo en la cúpula– destaca que el vínculo comercial e industrial mantiene ciertos lazos de dependencia, aunque el peso relativo de Argentina para las exportaciones industriales brasileñas haya disminuido con los años.

Para Frenkel, la nueva configuración ofrece matices: por un lado, limita la relación con el principal socio regional, pero por otro podría darle al gobierno argentino “margen para seguir siendo el socio privilegiado de Estados Unidos en la región, incluso evitando una competencia directa con Brasil” por medidas favorables o preferenciales por parte de la administración Trump. 

Aunque Brasil es el país más importante de la región y un espacio de referencia central para sectores de centro-izquierda, de progresismo, “es difícil que Estados Unidos cambie su estrategia”, asegura Percoco. Y señala que la clave para analizar la reconfiguración del mapa global, estará en los resultados de las elecciones de medio término en Estados Unidos; y las de Israel, teniendo en cuenta la identificación que tienen muchos de estos gobiernos de derecha con ese país. 

Con todo, se consolida un espacio de referencia indispensable para los gobiernos progresistas de América Latina, pero impone desafíos monumentales: generar contrapesos sostenibles contra los poderes fácticos, vencer las asimetrías de poder frente a los magnates tecnológicos y renovar sus liderazgos y discursos con nuevas ideas de futuro. 

4Palabras 

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