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Los conflictos bélicos están modificando las rutas de los granos

Durante octubre se aceleró una tendencia que venía insinuándose: la reorganización de las principales rutas marítimas para el transporte global de granos. Los conflictos en el Mar Negro, las restricciones operativas en corredores estratégicos y el encarecimiento de los fletes internacionales han obligado a los principales protagonistas a rediseñar el mapa de circulación de sus exportaciones.

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La imagen muestra una vista aérea de las instalaciones de carga de granos y silos en un puerto marítimo.

Exportadores, operadores navieros e importadores de alimentos, deben recalcular destinos, costos y tiempos de entrega. La situación, sin embargo, abre una ventana de oportunidad a países como la Argentina, Brasil y Estados Unidos.

El Índice de Fletes de Granos y Oleaginosas, un indicador desarrollado por el Consejo Internacional de Cereales (IGC), que mide la evolución y fluctuación de las tarifas de transporte marítimo, pasó de 138 puntos, a comienzos de enero de este año, a 187 en septiembre, mientras el Baltic Dry Index, otro indicador clave administrado por la Baltic Exchange de Londres, alcanzó valores máximos de los últimos cinco años. 

El Mar Negro -una de las principales rutas para el abastecimiento internacional de granos- se ha convertido en un escenario muy conflictivo. Los ataques contra instalaciones portuarias y embarcaciones durante los últimos meses han dificultado enormemente la operatoria de dos protagonistas centrales del mercado: Rusia y Ucrania. La situación de inseguridad ha elevado notablemente las primas de seguros y varios armadores ya tomaron la decisión de esquivar algunos puertos de la región aumentando el problema de logística.

Así las cosas, Moscú está explorando nuevas rutas a través del mar Caspio, el Báltico y sus instalaciones del Lejano Oriente, sin embargo, el reemplazo de los corredores no es inmediato, ya que se deben ajustar cuestiones como la infraestructura ferroviaria y ampliar las capacidades portuarias. Kiev también trabaja en el rediseño del traslado de su producción al exterior, incursionando por las rutas del Danubio y los puertos rumanos. 

El desafío de cambiar el rumbo de los envíos de granos es gigantesco: implica trasladar millones de toneladas por recorridos diferentes, contratar servicios adicionales y mantenerse competitivo ante proveedores que siguen exportando en condiciones normales. 

Para dimensionar la situación, el Consejo Marítimo Internacional y del Mar Báltico asegura que los embarques mundiales de granos disminuyeron un 8% interanual durante cinco semanas hasta fines de agosto, con una contracción del 26% en los flujos procedentes del Mar Negro.

Estamos ante un nuevo mapa del comercio internacional de productos agrícolas. En este escenario, la competitividad de los países exportadores se determina -no solamente por el rendimiento y la calidad de los cultivos- sino que se agregan a la ecuación elementos como la seguridad de las rutas marítimas, la capacidad de los puertos, o la disponibilidad de embarcaciones.

Por supuesto que otro factor de desestabilización del comercio mundial de materias primas está ubicado en el estrecho de Ormuz y el corredor del mar Rojo, dos pasos claves para el abastecimiento de Oriente Medio. Un porcentaje considerable de los embarques mundiales de granos tiene como destino los puertos del Golfo Pérsico, los que hoy mismos no están en las mejores condiciones de operatividad, obligando a los importadores a replantear su funcionamiento.

Este escenario abre un horizonte de oportunidad para otros proveedores internacionales. Al respecto, Deepanshi Puggalok, analista senior de la consultora marítima Drewry, citado por agrolatam.com, asegura que la inestabilidad en el Mar Negro se mantendrá y presionará a la baja las exportaciones de aquel sector del mundo, cuestión que deja a Estados Unidos y los países cerealeros de Sudamérica como reemplazante naturales para abastecer los faltantes. Argentina y Brasil estarían entre las primeras opciones si los compradores internacionales se deciden por proveedores menos conflictivos, aunque una demanda adicional de granos no se reflejaría automáticamente en grandes beneficios. Aquí empezarán a jugar variables como la relación entre precios agrícolas y fletes, la eficacia de las terminales portuarias, la dinámica del transporte interno, entre otras. Las empresas exportadoras deberán tener muy aceitados sus mecanismos para responder adecuadamente ante este cambio de situación.

Todo lo que hemos analizado nos lleva a concluir que estamos ante un nuevo mapa del comercio internacional de productos agrícolas. En este escenario, la competitividad de los países exportadores se determina -no solamente por el rendimiento y la calidad de los cultivos- sino que se agregan a la ecuación elementos como la seguridad de las rutas marítimas, la capacidad de los puertos, o la disponibilidad de embarcaciones.

Todo esto fue modificado por los vaivenes geopolíticos, que no solamente han desestabilizado los lugares puntuales donde se libran las batallas, sino que han trastocado integralmente la dinámica comercial internacional, lo que seguramente redundará en el alza del costo de los alimentos.

 

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