Argentina / 15 junio 2026

temperature icon 5°C
Edit Template

Del chisme a la fake news 

Del rumor de pueblo a la desinformación digital. Juliana Chacón identifica al chisme como el origen primitivo de la literatura. Y ve en la peligrosa maquinaria de las fake news la manipulación política que nos hace consumir relatos a diario. Por qué urge pasar de la credulidad ciega a la lectura crítica.

Compartir:

Compartir:

fake-news-abstract-person-whispers-260nw-1943060116

Alguien dice que X e Y no eran novios, eran amantes. Se lo dijo una fuente segura. No hay supuestos ni hipótesis. Y entró su camioneta al garaje para no ser descubierto en su infidelidad, agrega. Otro pregunta quién era la esposa. El informante sabe sólo el nombre pero averiguará el apellido apenas vea a su fuente. Uno de los miembros del auditorio del chisme lo cuenta frente a otros. Desconoce el apellido de la esposa, pero cree que es la hija del dueño de la ferretería. ¿De Arrazabal?, pregunta uno de los oyentes. Dice desconocer el nombre del dueño de la ferretería, pero hace indicaciones de dónde está ubicada y asegura que la mujer del ferretero es la prima de su amiga Zulma. ¿Zulma?, ¿Qué Zulma?, pregunta el oyente. Zulma, la hija de mi tío Romualdo. Este último oyente, va con el chisme a otros y la cosa se propaga en un par de horas con modificaciones y aditivos de color que cada uno va agregando: parece que la mujer de Romualdo se quedó sin trabajo, la echaron porque faltaba a cada rato. ¿Y dónde trabajaba?, preguntan. En la panadería de acá a la vuelta, asegura. 

El chisme corre como una pequeña bola de nieve en la ladera de la montaña que transformándose en un alud podría aplastar a un pueblo entero.

Estos modos de decir, tan potentes en los pueblos, deben ser, pienso a veces, el comienzo de la literatura. Esa necesidad de contar, agregar, dar color, anexar entre los intersticios de los hechos algo más que lleve a derivas y a otras historias del mismo carácter capaces de generar el engranaje de una maquinaria perfecta. Nadie observa el carácter real de los hechos ni tampoco se detiene en la comprensión de los mismos como una muestra de la endeble, contradictoria y vulnerable vida propia. 

En un pueblo todos somos receptores de chismes y tarde o temprano promulgadores. Se nos indica quién es quién a cada rato bajo este formato discursivo, se nos pone al tanto de hechos históricos rechazados por su poca cuantía para el análisis académico y su corroboración historiográfica. El chisme reviste un carácter moralizante (el bien y el mal son sus ejes) y aleccionador (domestica nuestro accionar bajo el conjuro de “qué va a decir la gente”).

Escritores como Manuel Puig, Lorrie Moore, Clarice Lispector trabajan el chisme. A Marcel Proust, Henry James, Balzac y Cervantes también el chisme les fue útil para su propia literatura. Pero la literatura hace otra cosa con el lenguaje, crea un mundo ficcional  donde el chisme deja de ser aquella historia moralizante para justamente revertir el señalamiento inmoral, engañoso, prejuicioso y dañino sobre el chisme mismo.

El chisme sobre las vidas de los escritores abunda hoy en las redes sociales y, de hecho, se dan talleres de lectura alrededor del chisme, quizás debido a la frustración de que estos mismos escritores no divulgaran sus vidas privadas como lo hacemos nosotros en las variopintas redes sociales. Se pretende ampliar la lectura e interpretación de la obra del autor a partir de chisme, como si saber qué gusto de helado prefería Puig cambiara significativamente la lectura de sus textos.

La necesidad de saber, la pretensión de saber, el regocijo frente al infortunio de los antihéroes que protagonizan los chismes, el señalamiento moralizante, el relato aleccionador, la inconsciencia de los límites entre lo real y lo ficcional son la tierra donde prende el chisme.

Pero es esta misma inconsciencia y la misma fruición con la que consumimos relatos las que nos llevan a creer casi religiosamente en las fake news. Repetimos, sin verificar fuentes ni hechos, información creada maliciosamente para engañar a los lectores, para manipularlos, porque dicen ser auténticas y reales. Y hasta terminamos votando a quienes deben representar nuestros intereses ciudadanos debido a nuestra credulidad.

En un mundo atestado de discursos que van y vienen por todos lados, desde el chisme a las fake news, atosigados de datos, no sólo creemos en cualquier cosa sino que repetimos una y otra vez propagando noticias también a la manera del chisme: Yo leí en el Diario X que no van a hacer lo que dicen, Y es mentira lo de la estafa, Puede hacer lo que quiera con su plata, Cada vez hay menos pobres, Y ¿vos viste todas las propiedades que tienen? Antes eran pelagatos.

Fake news es un término que empezó a circular a mediados de 2016, alertando acerca de la desinformación propulsada por las redes sociales pero también cuestionando el poder de los medios de comunicación y la información que son capaces de poner sobre el tapete. En la maquinaria infernal del desconocimiento y de la necesidad de confirmación de los preconceptos personales, las fake news funcionan como modo de domesticación. El chisme estaba antes. Entre ambos crece la literatura, que denuncia y pone en escena estos discursos: 1984 de George Orwell o La traición de Rita Hayworth de Puig son sólo dos ejemplos.

Siempre somos lectores, incluso cuando sólo escuchamos historias que van y vienen en el mundo de la oralidad. La diferencia está en ser un lector crédulo o un lector crítico. Esa es la gran tarea que nos espera.

 

4Palabras 



Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: