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Chile: Kast cierra la única oficina de búsqueda de bebés apropiados en dictadura
La apropiación sistemática de 24 mil niños en la dictadura chilena vuelve a quedar bajo el manto de impunidad estatal. Luego de años de lucha de la fundación Hijos y Madres del Silencio, el gobierno de Kast cerró la UBAFI, la única unidad pública de búsqueda, en pleno avance de investigaciones internacionales sobre el tráfico de menores.
- julio 6, 2026
- Lectura: 5 minutos
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La apropiación de niños y niñas durante la dictadura chilena tuvo características distintas a la apropiación de menores en la Argentina, pero fue igual de sistemática y violenta. En el país trasandino, se estima que alrededor de 24 mil niños y niñas fueron enviados al extranjero para ser adoptados sin consentimiento de sus familias, en muchos casos engañadas.
La dictadura encabezada por Augusto Pinochet arrebataba hijos a mujeres en situación de vulnerabilidad y los ponía en condición de “adoptabilidad” para ser enviados al extranjero. Muchos niños y niñas pertenecían a comunidades originarias. Fue un genocidio social de clase. Esta práctica, al igual que en Argentina, comenzó antes del golpe y continuó tiempo después, porque el tráfico de niños y niñas es un problema histórico.
La lucha por encontrar a esos bebés se intensificó a partir de 2014 con la creación de la fundación Hijos y Madres del Silencio (HMS), formada por familiares que buscan a hijos, hermanos y primos que, suponen, han sido enviados a Canadá o Europa en calidad de adoptados. En la organización también hay personas que creen haber sido apropiadas y buscan a su familia biológica. En la actualidad, Hijos y Madres del Silencio ha logrado reunir a 300 familias a partir del cruce de documentación judicial, registros de hospitales, testimonios de víctimas y familiares, y también con el uso de la huella genética.
En febrero de 2026, luego de años de trabajo y gestiones, las agrupaciones de búsqueda habían logrado la creación de una Unidad de Búsqueda de Orígenes y Familiares de Personas Afectadas por Adopciones Ilegales, Forzadas o Irregulares (UBAFI) por resolución de la Subsecretaría de Derechos Humanos. Sin embargo, el gobierno de José Antonio Kast decidió cerrarla esta semana. La presidenta de HMS, Marisol Rodríguez, describe: “Su función era concreta: búsqueda documental, análisis genético, coordinación con consulados y embajadas, acompañamiento psicológico y jurídico, y apoyo a los reencuentros familiares y a la cooperación internacional”.
En diálogo con 4Palabras, Rodríguez asegura que la creación de la Unidad fue el resultado de un mandato legal explícito: “La ley de Reajuste del Sector Público 2026 obliga al Estado a realizar investigaciones administrativas cuando el Poder Judicial lo requiera, y a entregar acompañamiento psicosocial y asesoría jurídica a las víctimas. No nació de la buena voluntad de nadie, nació de la ley”.
El argumento oficial para cerrar la Unidad fue un «enfoque estratégico» y “la reasignación de funciones”, además de señalar que en cuatro meses de funcionamiento no habían recibido ningún requerimiento judicial formal. “Ese argumento no me convence, porque la ley no exige tener el requerimiento en la mano el primer día para justificar la existencia del equipo: exige tener capacidad instalada para cuando ese requerimiento llegue. Cerrar la unidad antes de que llegue el primer caso es desmantelar la respuesta del Estado, no optimizarla”, denuncia.
El cierre de la única política pública construida para la búsqueda de los niños robados de Chile coincidió con la difusión del informe del Comité de Investigación sobre Adopciones Internacionales de Noruega, que constata un total de 314 adopciones irregulares de menores chilenos entre 1985 y 2016, procedentes en su mayoría de la zona sur y con ascendencia indígena mapuche, tramitadas en gran parte por el juzgado de menores de Temuco.
“Nos indigna profundamente, porque no es solo un retroceso técnico, es una señal: mientras el gobierno anterior creó la unidad y comprometió el banco de ADN, este gobierno revierte ambos avances sin explicar qué pasa con los casos que estaban en curso. Estamos exigiendo que aclaren eso”, señala Marisol Rodríguez, de la fundación Hijos y Madres del Silencio.
La organización de familiares viene trabajando hace muchos años con los consulados de los países que han sido receptores de niños y niñas chilenas. “Noruega no está sola. Suecia investiga más de 2200 casos. Países Bajos ya reconoció oficialmente, a través de la Comisión Joustra, que hubo fraude, corrupción y falsificación de documentos sistemática en adopciones gestionadas desde Chile. Dinamarca concluyó que no se pueden descartar irregularidades en la salida de sus 111 niños chilenos adoptados. Francia abrió una comisión investigadora en diciembre. Todos estos son países receptores. Todos han asumido el costo político de investigar su propia responsabilidad”, enumera Rodríguez. Y se lamenta: “Chile es el país de origen. Y en vez de asumir ese mismo costo, cierra la única unidad especializada que tenía, apenas cuatro meses después de crearla y sin haber puesto en marcha el Banco de Huellas Genéticas al que se comprometió desde febrero”.
Mientras el mundo mira de frente su responsabilidad histórica, el Estado chileno le da la espalda a miles de familias que llevan décadas esperando respuestas. “Esa es la contradicción que no estamos dispuestos a dejar pasar”, asegura Marisol Rodríguez.
Hijos y Madres del Silencio lleva once años de trabajo. Empezaron como un grupo de Facebook, un espacio donde cada persona podía contar su búsqueda. Hace dos años obtuvieron la personalidad jurídica como fundación. Todo lo que hacen es voluntario. El trabajo de la organización consiste en cruzar testimonios, registros hospitalarios y documentación judicial para lograr reencuentros. “Llevamos más de 300 familias reunidas. También hacemos incidencia internacional: en 2023 expusimos ante el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas en Ginebra, y colaboramos con agrupaciones de adoptados chilenos en Suecia, Países Bajos, Italia y otros países. A nivel nacional, hemos impulsado gestiones legislativas y participamos en la mesa interinstitucional que recomendó crear la UBAFI”.
Para Rodríguez, la principal dificultad que enfrentan es la más reciente: “No esperábamos el cierre de la UBAFI. Teníamos información de que se iba a trabajar en su implementación, incluso la semana anterior al cierre”.
La decisión las tomó por sorpresa. “Nos indigna profundamente, porque no es solo un retroceso técnico, es una señal: mientras el gobierno anterior creó la unidad y comprometió el banco de ADN, este gobierno revierte ambos avances sin explicar qué pasa con los casos que estaban en curso. Estamos exigiendo que aclaren eso”, concluye la titular de la fundación.
4Palabras
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