Andrés Malamud: “Los que se le caen a Milei se convierten en ateos de la política: no van a ningún lado”
El politólogo analiza el fenómeno del desencanto político: una sociedad que “implosiona”, un electorado que se aleja de las urnas pero no encuentra lugar en la oposición. Malamud define la reconfiguración de las alianzas de Javier Milei, el repliegue del PRO, la alineación del radicalismo que “complementa” en su territorio y la incapacidad del peronismo para capitalizar la crisis en un escenario donde la gente –lejos de tomar la calle– se volvió “atea” de la política.
Por Manuel Barrientos y Martina Dentella
- julio 28, 2026
- Lectura: 3 minutos
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El politólogo Andrés Malamud radicado en Portugal recibe a 4Palabras en su departamento porteño, donde conserva varias decenas de libros de sus años universitarios. Además, algunos objetos que le obsequian en cada viaje. Este año volará desde Lisboa –desde donde piensa a la Argentina– a Buenos Aires ocho veces. En cada visita, participa de congresos, presentaciones, y recorre estudios de radio, streaming, televisión. “Es muy difícil pensar el mundo como lo pensábamos antes en términos de coaliciones sociales y electorales. La gente está suelta. Nos pasó por encima la realidad”, dice. Se refiere además a la posición “incómoda” de Mauricio Macri “que juega siempre con las negras”, la encrucijada estratégica del peronismo y la apuesta de Sergio Massa.
En esta instancia del gobierno de Javier Milel pareciera ser un regreso a la lógica de Cambiemos, con muchas figuras del PRO en el gabinete, pero sin la UCR ni la pátina “republicana” de la Coalición Cívica, ¿cuál es su mirada?
Milei asume como un presidente transversal, que capta votos en el peronismo y en el no peronismo. De a poco se va transformando en un presidente cambiemita, pero no por el discurso, que sigue siendo rupturista, sino por la coalición que lo sostiene, que se mide de dos maneras: en el voto y en los dirigentes. En ambas está cada vez más cambiemita y menos transversal. Pero diría que tiene componente radical, solo que no están incluidos en el gabinete: son los gobernadores. Uno de los políticos con más influencia en este gobierno es Alfredo Cornejo, que tiene la presidencia del bloque de diputados de la UCR, que conduce la mendocina Pamela Verasay. Cornejo es el que negocia cosas que al gobierno le importan, fundamentalmente la reforma política y electoral. Hay otros gobernadores relevantes del radicalismo, algunos no están tan alineados como Cornejo, que en la última elección se vistió de violeta, pero siguen trabajando junto con el gobierno. Y si en las elecciones hubiera solo dos candidatos, el kirchnerismo y el mileísmo, votarían por el mileísmo. Provincias Unidas es una entelequia creada para el caso de que un tercer espacio sea posible, si no lo es, nunca serán kirchneristas.
¿Pero no es una relación más coercitiva desde el Ejecutivo hacia las provincias que de colaboración?
Un gobernador radical me dijo lo siguiente: “Si el candidato de un lado es Milei y del otro es Kicillof, o cualquier kirchnerista, nosotros estamos con Milei, porque los kirchneristas nos sitiaron y éstos nos ignoran”.
En 2023 anticipó tres escenarios. Uno de ellos fue que Milei se transformaba en el “presidente de la casta”. Como finalmente ocurrió. En términos de la relación con el más amplio, más allá de su núcleo duro, ¿eso puede generar una tensión con núcleos juveniles o con sectores desencantados en términos económicos?
Sí, pero no por el hecho de que sea el presidente de la casta, sino de que no tenga resultados económicos. A la gente no le importa el número de crecimiento económico, sino cuánto le llega al bolsillo. Su núcleo duro considera que sigue siendo anticasta, aunque tenga a Diego Santilli como jefe de gabinete, porque les alcanza con que pelee y putee. El gesto corporal de Milei le alcanza para ser anticasta. Y a quienes votaron a Juntos por el Cambio en primera vuelta y luego se agregaron les gustaría que fuera casta, pero que dejara de putear y se portara mejor. No es por tener casta en el gabinete que él pierde votos. Sino por los resultados.
¿Hoy se puede hablar de una coalición de gobierno con el PRO, o de una colonización de Milei del PRO? Si es así, ¿en qué lugar queda Macri?
No veo una coalición. Milei se quedó con el PRO sin acordar. Entonces se llevó por debajo todo lo que necesitaba. Y por arriba, porque se llevó a la candidata presidencial, que era la presidente del partido. Macri está en un lugar muy incómodo. Y lo sabe. Porque es un espacio que representa al antikirchnerismo, y si se divide y pierde, el responsable es el que divide. La única circunstancia en la cual Macri podría presentar una candidatura alternativa a Milei, él u otra persona, es que se divida el kirchnerismo. Si hay dos, no hay tres. Pero si hay tres puede haber cuatro. La que decide si hay tres es Cristina, no Macri.
¿Macri tiene posibilidades electorales? ¿O es un juego para negociar?
Es un juego para negociar. Él no fue candidato en 2023 porque no le daban los números. No hay ninguna razón para que esos números hayan mejorado. Lo que quiere preservar es poder de negociación en el Congreso y en la Capital Federal. Todo lo que hace está dirigido a mantener esos bunkers. Acá aparece otro problema, y eso que no se lleva tan bien con Jorge Macri. Entonces la capital hoy no es puramente suya. Sigue siendo un kiosco en el cual mantienen negocios muchos amigos, pero él no es quien lo controla y tiene críticas. Pero hoy prefiere a Jorge antes que una alternativa mileísta.
Cuando el caso Adorni estaba en su punto más alto, Patricia Bullrich parecía jugar a plantear un “mileísmo sin Milei”. ¿Le ve posibilidades a nivel nacional?
No, igual es divertido porque en el peronismo la llaman la Vandor de Milei. No hay antecedentes históricos en ningún régimen presidencialista que conozca en el cual un candidato oficialista desafía al presidente, le gana y es electo. Puede haber alguien que desafíe y gane la interna. Pero no gana la elección general porque quedan dañados. La otra posibilidad es que la ponga Milei, que no sea por pelea. Pero Patricia no parece estar posicionándose para el dedazo. La otra opción es correr por fuera. Sin embargo, casi todos los enfrentamientos internos de un oficialismo derivan en su derrota, no en la sucesión. Así que las estadísticas juegan en contra de Patricia.
Parte del electorado de Milei es joven. Teniendo en cuenta que uno de cada cuatro jóvenes está endeudado y que la situación interna de las familias es insostenible, ¿hasta qué punto la sociedad puede valorar la política macro del gobierno?
¿Qué es lo que pasa cuando algo no se puede sostener? Se cae. ¿Para dónde se está cayendo hoy la gente que no se puede sostener? Se está cayendo para adentro. No va a Plaza de Mayo. Se mete en drogas, o se mete en narco, o le pega a la familia, o se mete a una iglesia evangélica.
Implosiona…
Sí, implosiona. Ante la insatisfacción hay dos opciones: o sumás la voz y protestás para reclamar mejores condiciones; o te vas. Hoy la gente se está yendo. Está dejando de votar a partidos tradicionales, está dejando de votar en muchos casos. A veces se va del país. En algunos casos se muda de provincia. Hay una migración pequeña, por ahora, hacia las provincias cordilleranas. “Me cansé de buscar. No hay manera. No voy a seguir yendo a Plaza de Mayo. Me mudo donde haya empleo, oportunidades”. Está claro que todos los desempleados del conurbano no pueden ir a Neuquén porque no hay suficiente empleo para ellos. Pero va a haber migraciones internas, provincias con más empleo, y otras provincias. Buenos Aires es la provincia que está arriba en la lista para ser la provincia fundida, la que no encaja en este modelo. Con la novedad de que hoy no te voltea el gobierno nacional. Cosa que nunca había pasado. Antes la provincia se movía y el gobierno nacional se caía. Hoy hay un desacople que no provocó Milei, pero lo entendió. Milei perdió en la provincia de Buenos Aires en todas las elecciones de 2023. Pero ganó el país. La provincia de Buenos Aires se ha desconectado de tal manera que sigue sufriendo lo que pasa en el país, pero no hace al país sufrir lo que pasa en la provincia.
Los sectores más dinámicos están hoy en Vaca Muerta, o en Cuyo, o en alguna provincia del norte. Pero esos sectores no generan empleo. Incluso la minería creció en los últimos dos años y medio, pero hasta destruyó fuentes de trabajo.
Es una tendencia universal. Paolo Rocca trajo al economista Dani Rodrik, de Harvard. Y el tipo dice: “Yo siempre fui industrialista, pero tengo que reconocer que la industria ya no crea empleo. Los servicios crean empleo”. La minería tampoco va a crear empleo. Lo que puede crear empleo son los servicios vinculados con la minería. Todo lo que hay alrededor, desde educación hasta peluquería. Por supuesto, infraestructura, camiones y construcción de rutas. La vieja economía no vuelve. ¿Qué es lo que hay para dar en el conurbano? Servicios. El conurbano se puede reconvertir, uno observa en zonas así en el resto del mundo que se abren un montón de negocios de belleza, por ejemplo, peluquerías. No hay fábricas, hay peluquerías. ¿Se puede vivir solo de eso? No, pero eso es un encadenamiento. Un gobernador me decía que su provincia se está conectando con las cadenas industriales que necesitan las provincias cordilleranas. En Santa Fe hay procesos económicos vinculados con el crecimiento del gas y petróleo.
En la provincia de Buenos Aires toda la industria arenera abastece a Vaca Muerta…
Sí, por ejemplo en Olavarría tenemos minería de piedra, barata, pero que sirve para construir los caminos que transporta a la minería de metal. La posibilidad es el encadenamiento. Va a haber provincias que van a aprovecharlo mejor y otras que van a quedar relegadas. Y en una provincia como la de Buenos Aires tendrá regiones limitadas y otras que no.
Señalaba la alianza entre la UCR y el mileísmo. Pullaro dio señales de acercamiento en estos días. Más allá de la dependencia financiera con la Nación, ¿qué perciben esos gobernadores radicales en sus electorados?
Que coinciden. Son electorados superpuestos. Argentina tiene una identidad política muy estable desde 1946 en adelante. El peronismo; y el no-peronismo. Algunos lo llaman anti-peronismo, pero no lo es necesariamente. Alfonsín no era anti-peronista. Milei lo que hizo fue montarse sobre ese electorado. No era así. Era un tipo que fue asesor de Scioli en la campaña de 2015 y que tiene a Carlos Menem como principal referente histórico. Pero con el tiempo se fue volviendo a alguien que representa mejor a los sectores no-peronistas. Y los radicales entonces compiten por el voto. Si es que votan al mismo tiempo. Si votan en tiempos diferentes y en categorías distintas, no compiten. Esa es la apuesta. Se puede llamar complementación. El mismo electorado apuesta a este presidente y a este gobernador. Y estamos en paz. La reforma política lo que busca es generar esta posibilidad legal de complementar el voto. Que no tengan qué oponerse. El negocio es muy simple. Milei les dice “yo no les presento a nadie como alternativa a gobernador y ustedes no presentan a nadie como alternativa a presidente”.
¿Cómo se explica una sociedad que vota lo disruptivo a nivel nacional y en su ciudad o provincia vota a un referente de la política tradicional?
Es fascinante eso porque conviven diferentes escalas. Y en la escala pequeña, de la cercanía, confiás en la persona física que te cruzas en la calle y sabés dónde vive. Cuando pasás a una escala mayor, las redes sociales anulan la distancia con el electorado. Entonces la gente siente que se comunica directamente con Milei y les responde el tuit. Y con Alberto (Fernández) pasaba lo mismo: a las 3 de la mañana mandaba un feliz cumpleaños. No fue un evento de Milei. Pero la escala determina la naturaleza del vínculo. Por eso la gente conoce al gobernador, conoce al intendente. Al presidente lo votaron en lugares donde nunca había ido. Pero quienes lo votaron sienten que lo conocen.
¿Se elige a Milei porque parece que puede conducir la economía, o se elige el paquete completo, su batalla cultural?
La gente no votó a Milei para que las ideas de libertad predominen y el Estado desaparezca en todo el mundo y los anarcocapitalistas tengan un altar. Votó para que baje la inflación. Fue un voto súper pragmático. Un 30% lo votó porque les encanta lo que es y se siente reflejado; los chicos de 16 años que son mileístas votan un fenómeno estético y cultural. Ni siquiera la cuestión inflacionaria. Votan el tipo que hace los TikTok. Ves muchos mundos. Pero la batalla cultural que Milei vende, no sé si él se la cree. Tiendo a pensar que no, tengo información para suponer que él no compra la que vende. Su valor está en la inflación en descenso. Y el discurso es parte del paquete. Un espectáculo de entretenimiento que deteriora la reputación de los demás. Lo que él hace daña al resto. Después no le creés a los demás porque son aburridos o porque pensás que mienten porque son acartonados. Después de ver a Milei, ves a un solemne y no le creés.
Yendo al frente externo, hay dos elecciones importantes: Brasil y Estados Unidos. ¿Qué incidencia pueden tener a nivel local?
Si fueran las dos presidenciales, tendrían mucho más impacto. Si Trump pierde y Lula gana, Milei está más complicado. Pero tiene dos años más de Trump todavía. Aunque sea un pato rengo, Milei puede darse el lujo de insultar a Lula. Porque sigue teniendo el paraguas grandote. Aunque también es cierto que si Trump pierde el control del Congreso, tendrá más dificultades para darle un rescate como el que le permitió ganar las elecciones. Se supone que mi especialidad es la política exterior brasileña, trabajé mucho sobre diplomacia profesional. Pero Milei está demostrando que todo lo que estudié no sirve para nada. No me molesta. Incluso me divierte, porque ver a los diplomáticos jactarse de lo importante que eran siempre me irritó. ¿Cuánta plata perdemos por esto que hizo Milei? ¿Perdemos importaciones? ¿Perdemos reputación internacional y nos votan en contra en Naciones Unidas? Nada de esto.
El que desnuda eso es Trump…
Eso es espectacular porque Trump desnuda eso con poder. Milei lo desnuda sin poder. Milei no tiene poder para hacer nada en Brasil. Trump le pone aranceles todos los días. Pero Milei termina teniendo razón: “Yo hago lo que quiero y estos tipos tienen que venir al pie”.
¿Qué posibilidades tiene el peronismo?
Los kirchneristas son todos parecidos. Y a medida que te alejás de la provincia de Buenos Aires más por la negativa antes que por la positiva. Los últimos estudios marcan que hay dos elementos que organizan las elecciones: liderazgos carismáticos e identidades negativas. No son las organizaciones históricas, no es la memoria, no son los partidos. Tenés o no tenés un líder carismático y tenés o no tenés un enemigo viable. Pero no veo un enemigo viable para el peronismo por ahora. Milei no es originalmente gorila. Hoy es antikirchnerista pero no antiperonista. Entonces los kirchneristas pueden decir “este tipo está en nuestras antípodas”, pero vas a Tucumán, Salta o Catamarca y los peronistas lo ven perfectamente compatible. El peronismo es la identidad negativa de muchos argentinos, sobre todo el kirchnerismo. Está lleno de votos gorila que dicen: “Kirchnerismo nunca”. Al peronismo le cuesta encontrar un enemigo tan desagradable. Y después es el líder carismático. Kicillof es una persona que para muchos puede ser encantadora pero no parece energizar multitudes. Cristina sí lo hacía.
Hay algún candidato que…
No, ni yo ni nadie. Hay muchos que están intentando, dicen “si este pudo ¿por qué yo no?”. Bueno, porque Milei tenía dos características fundamentales. Primero una capacidad de liderazgo disruptivo que no entendimos los viejos porque iba por Tik Tok. Y segundo, una identidad negativa que era “la casta”. Hace 15 años que no hay crecimiento, que hay inflación. Todos fracasaron, todos gobernaron. Así que él redefinió al enemigo.
¿La política del centro tiene alguna chance?
Si consiguieran un líder carismático con una identidad negativa enfrente, sí, pero justamente al ponerse en el centro se pierde la construcción de un enemigo. Si te ponés en el centro, ya dividiste al enemigo. Y lo que necesitás es uno solo, grandote y feo.
De cara al 2027, ¿ve un escenario más de polarización o de fragmentación?
Está bien usar la palabra escenario porque casi todo es imponderable. Hay elecciones que fueron definidas en tres días porque hubo un atentado terrorista o algo inesperado. Por ejemplo, en Atocha, España; o en Tandil, el año pasado. Así que pueden pasar cosas inesperadas, las condiciones internacionales sobre el petróleo, las tasas. Pero si sacás el mundo y lo que no podés prever, te queda lo que hacen los agentes. Hoy Milei, Cristina y Axel son los únicos que tienen una estrategia. Milei quiere la reelección. Para lograrla necesita reforma electoral y lo puso a Santilli para conseguirlo. La estrategia de Cristina es que Axel no sea presidente. Toda la información que tengo es que ella no está buscando un presidente sino evitarlo. Y la de Axel es hacer la plancha y ver que sale. Todos los demás no saben qué hacer. Incluso Macri está esperando que juegue Cristina primero. Macri juega con las negras. Los únicos que juegan con blancas son estos tres. Cristina decide la suerte de Axel. Si lo abraza, lo hunde. Pero si decide que Axel sea presidente y toma una posición que le favorece, por ejemplo, criticarlo pero no impedirlo…
Deja afuera a Sergio Massa que no va a bajar nunca su candidatura…
Me encanta porque Sergio Massa es un tipo que juega con negras pero es amigo del referí. Todos los escenarios que pensamos él los estudió. Pensó mucho más que nosotros y la apuesta sigue siendo la misma: aparecer en las últimas 48 horas cuando todo lo demás se haya roto. Como siempre hizo. Siempre está disponible. Pero él sabe que si se lanza se quema. Su estrategia es esperar.
Se habla de un crecimiento de la figura de Myriam Bregman.
Hay dos factores que lo explican. Primero: algunos encuestadores me dicen que ella nunca subió, los demás se cayeron. Segundo: ella sigue siendo fresca. Es una tipa no acartonada, no solemne. Puede hacer chistes, dice lo que piensa.
¿Tiene un techo?
Sí. Como Carrió en las elecciones ejecutivas. Es una tipa a la que le puede ir muy bien en las legislativas cuando la gente no está arriesgando nada. Ahora, ponerla a gobernar…
Más allá de lo coyuntural, ¿vamos a un escenario con un sector de la población que implosionó y se desvinculó de la política?
Carlos Pagni tiene para mí la mejor frase: Milei está roto. Es un roto. La gente lo vio y dijo: “Este loco está roto como yo, me representa mejor que todos los caretones que vienen de camisita celeste, uniformados”. Ahora hay gente que se cae de Milei pero no va a otro lado. No vota más. Ni siquiera aumenta el voto nulo, el voto blanco. No va a votar. Todas las encuestas que vi dicen esto. Por eso el peronismo tiene tanta dificultad. Los que se le caen a Milei no van a ningún lado. No se convierten en creyentes de otra religión. Se convierten en ateos.
¿Y eso qué implica?
Muchos creen que la participación es buena en sí misma. Pero lo que prueba la experiencia comparada es que las democracias más estables –EEUU, Suiza– son las que tienen menor participación electoral. Inferior al 50% en muchos casos. El nivel de participación no determina la calidad o la estabilidad de la democracia. Si vota menos gente, ¿es menos democrática Argentina? No, hay gente que decidió no votar. A los politólogos no nos gusta. Querríamos que todos estudiaran ciencia política y les encantaran las elecciones. Pero no hay estudios que demuestren que la gente vota menos y que la democracia se quiebra. No pasa eso. Es una democracia con ciudadanos menos interesados. Pero no por eso menos democrática.
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