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Storani: “Hay que dejar de jugar solo a la interna del peronismo y hacer un planteo mucho más amplio”
Para reconstruir la Argentina post-Milei con proyectos concretos, el histórico dirigente radical trae la memoria de Sergio “el Ruso” Karakachoff por su visión sobre “la unidad en acción”. En esta entrevista, analiza los límites del sectarismo, la desconexión del radicalismo con sus bases y las claves para construir una alternativa opositora plural.
- septiembre 13, 2026
- Lectura: 7 minutos
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Los homenajes a Sergio Karakachoff -abogado laboralista, dirigente estudiantil y referente radical- comenzaron el jueves por la mañana con un acto institucional en la Legislatura bonaerense. “Logramos que peronistas y radicales acordaran la entrega de la distinción Azucena Villaflor, un gesto de enorme valor simbólico por tratarse de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo”, destaca Federico Storani en diálogo con este medio. Del homenaje participó toda la familia del dirigente asesinado, junto con referentes nacionales de Franja Morada.
Por la tarde, hubo un encuentro de carácter plural en el Salón de los Espejos de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata. Allí, Storani dejó una definición clave: “Si el Ruso viviera, no habría votado la Ley Bases ni ninguno de los proyectos del gobierno nacional”. La alusión iba dirigida a los legisladores radicales presentes que respaldaron uno tras otro los proyectos de La Libertad Avanza.
El ciclo de homenajes concluyó el viernes por la mañana en el Concejo Deliberante de La Plata, donde Karakachoff fue declarado ciudadano ilustre post mortem en un acto del que participaron el gobernador Axel Kicillof y el intendente Julio Alak. En esta entrevista con 4Palabras, Storani reflexiona sobre la Argentina post Milei, el presente y el futuro de la UCR y la dificultad para que los militantes universitarios se transformen en líderes de los partidos tradicionales.
¿Qué aportes trae la militancia y memoria de Karakachoff a este presente?
El Ruso tenía una frase que decía: ser un militante no es ser un héroe, un militante lo que quiere es vivir. Y enumeraba cuáles eran las causas por las cuales él vivía, que eran obviamente luchar por los derechos humanos, la educación pública, defender todas las causas nobles a las que dedicó su vida. Él sabía muy bien por qué vivía y sabía muy bien por qué los mataban. Porque lo que se imponía en ese momento era todo lo contrario de lo que él defendía. Pero el espíritu que rescato está vinculado a otra frase que él también usaba mucho, que era “la unidad en la acción». Él siempre pregonaba la unidad, nada de sectarismo. De hecho, como abogado defendía sindicalistas, algunos de origen radical, pero muchos de origen peronista. Tenía un respeto especial por parte de todos. Rescato ese espíritu de unidad nacional de los sectores más progresistas, populares, para poder ser una alternativa a este gobierno claramente conservador. Y una cosa lo distinguió toda la vida: estuvo en el lado correcto de la historia, contra los conservadores autoritarios, contra el privilegio.
Pensando en todos esos encuentros plurales para recordarlo, ¿algo de eso se puede replicar en términos electorales?
Te diría un ojalá. Lo más sintomático fue el acto del municipio, porque estuvo el propio Kicillof y Julio Alak, que hablaron conmigo, hicieron una reivindicación de Alfonsín, de los derechos humanos. Hubo una aproximación en cuanto a contenidos también. Se salió de esa cuestión del sectarismo, de querer apropiarse de distintas banderas. Fue más ecuménica, una reivindicación muy plural, con una simbología más cercana a lo político electoral.
Participaste del Foro por una Nueva Democracia, ¿cuáles son las claves para pensar el país después de Milei? ¿O cómo se trasciende de la resistencia a la acción?
Esa es la cuestión. Sabemos que en algún momento Milei se termina, incluso que viene perdiendo popularidad aceleradamente, pero de ningún modo debemos caer nuevamente en situaciones tan ambiguas, poco claras, hasta un tanto oscuras y sórdidas, que nos condujeron a Milei. Porque también hay que hacerse cargo de que se le asfaltó el camino con un gobierno como el de Alberto, por ejemplo. Es el desafío que nos planteamos fuerzas de distintos lados, con autocríticas. Hay que tener una propuesta alternativa y hay que pensarla con un sentido muy actualizado, más moderno.
Habrá más foros por la democracia donde se abordarán la económica, la cuestión social, educativa, de la justicia, de la democracia, las políticas de Estado, etc.
Estamos tratando de afinar un discurso que pueda ir a la acción con proyectos concretos, si nos toca la posibilidad, que ojalá sea, de desalojar del poder al modelo Milei. Que tiene plan A, tiene plan B, pero la sustancia no cambia. Simplemente busca seguir concentrando riqueza, aumentando la desigualdad, con un alineamiento incondicional que nos hace perder derechos y soberanía.
¿Cuánto puede condicionar la interna peronista a un proyecto de unidad nacional?
Muchísimo. Si realmente se quiere hacer una cosa amplia, que no quede encerrada el peronismo, hay que dejar de jugar solo a la interna del peronismo, hay que hacer un planteo mucho más amplio. Porque si te plantean incorporarte a un Frente A para participar en la interna del peronismo, es muy difícil, no se pierden las identidades políticas así nomás. En cambio, si se hiciera un planteo de convocatoria amplia, creo que el que está más apto para hacerlo es Kicillof en este momento. Invitarte a entrar en la locura de la interna del peronismo es muy complicado. Entre ellos se tiran con munición muy gruesa. Si después, a último momento, terminan en un acuerdo de conveniencia distribuyendo espacios de poder, tampoco es creíble, porque podrían repetir una experiencia muy frustrante.
Federico Storani; “Sabemos que en algún momento Milei se termina, incluso que viene perdiendo popularidad aceleradamente, pero de ningún modo debemos caer nuevamente en situaciones tan ambiguas, poco claras, hasta un tanto oscuras y sórdidas, que nos condujeron a Milei”.
El radicalismo sufre una disputa interna que tiene que ver con las cosmovisiones antagónicas de las distintas facciones, ¿a corto plazo, para dónde puede salir el radicalismo? Y a largo plazo, ¿se puede ver una unidad que tenga que ver con sus valores tradicionales?
En el corto plazo hay dos líneas bastante claras. Están los que especulan con la posibilidad de reflotar una cosa cadavérica como es Cambiemos, solamente para usar los despojos del PRO y terminar con la posibilidad de una alianza con La Libertad Avanza. Obviamente estamos en las antípodas totales y absolutas. Por eso es que hemos, entre otras cosas, creado el Radicalismo Auténtico con otros sectores que también van girando para este lado. Pero lo más probable es que lleguemos a fin de año y que no haya una definición clara. Y que entonces se dé una suerte de libertad de acción. Sería una cosa horrible. Nosotros lo que buscamos es tener convencionales para oponernos a la posibilidad de una alianza con La Libertad Avanza. Pero la correlación de fuerza no da para ni una cosa ni la otra. Por lo tanto, vamos a ir a las antípodas de eso y otros van a ir en busca de ese negocio.
Una de las fortalezas del radicalismo, por lo menos hasta la alianza con el PRO, era la potencia de tener un comité en cada rincón del país. ¿Temés por esa estructura histórica del partido?
No, por la estructura no, porque sigue existiendo en la mayoría de las ciudades. Hay un problema más desafiante, que es que esa estructura no conecta. Están las neuronas desconectadas, son como islas. Hay proyectos territoriales que incluso en algunos casos están muy bien administrados y por eso tienen éxito y renuevan sus mandatos. Algunos provinciales, pero luego si querés encontrar un cordón umbilical que los ate a un proyecto nacional, no hay. Lo que hay que recrear es ese proyecto nacional porque el radicalismo cuando trascendió fue porque lo tuvo. Con Alfonsín ni hablar. Después había particularidades en las provincias, en cada ciudad, en cada pueblo. Pero lo que ordenaba era el proyecto nacional. Hoy no hay un proyecto de tipo nacional y no solo por la carencia de un líder sino porque tampoco hay debate. La política es como si se hubiera licuado en nosotros y en otros partidos. Lo que queremos recuperar es por lo menos un liderazgo de tipo institucional que permita un debate y que permita definir un perfil. El radicalismo tiene que ser un partido socialdemócrata con esas tendencias.
El radicalismo suele tener líderes juveniles potentes, ¿qué pasa con esa militancia que deviene en otro tipo de dirigencia?
El traspaso de la militancia universitaria al partido les cuesta mucho, porque el partido es el que está muy anquilosado. Hay muchos pero pongo el caso de Antonella Bormapé (presidenta de Franja Morada a nivel nacional), a quien conozco muchísimo, porque está en mi cátedra, es un cuadrazo político. Está súper bien formada, muy militante, le pone mucho corazón, pero yo temo que en unos años, cuando ya deje esa militancia, no encuentre un canal en el partido si no se dan estas otras cosas. Esto es lo que a veces frustra mucho, ese pasaje que en otra época lo teníamos más sencillo: el de la militancia universitaria muy activa al partido.
4Palabras
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