Argentina / 15 marzo 2026

temperature icon 23°C
Edit Template
  • Cultura
  • /
  • Mauricio Kartun: “La burla es el lugar del poder popular”

Mauricio Kartun: “La burla es el lugar del poder popular”

El director y dramaturgo estrenó “Baco Polaco” en el Teatro Sarmiento. En diálogo con 4Palabras, analiza la peligrosa cercanía de los tiempos actuales con los “líderes odiantes” de la preguerra y el valor de la educación pública.

Compartir:

Compartir:

Imagen ilustrativa de Mauricio Kartun

El teatro de Mauricio Kartun funciona como una excavación arqueológica de la identidad argentina. En su nueva pieza, Baco Polaco (actualmente en el Teatro Sarmiento), el dramaturgo regresa a su cantera predilecta: esa Argentina de las primeras décadas del siglo XX, territorio de prosperidad exportadora y desigualdad descarnada. Entre el carnaval y la tragedia griega, Kartun rescata una lengua popular que, lejos de sonar antigua, funciona hoy como un espejo afilado de nuestra propia actualidad.

Para el director, volver al pasado no es un ejercicio de nostalgia, sino una herramienta para construir sentido. Según explica, la historia necesita distancia para volverse mito, pero ese mito solo cobra vida si resuena en el hoy. Pero ignorar las señales del presente es un riesgo mortal: “No percibir ahora ese aroma es lo mismo que permanecer sin darle bola al olor a gas mirando televisión al lado de la cocina de tu casa”. Como hijo de dos familias que llegaron al país huyendo de la guerra, siente la obligación de alertar las cercanías entre climas de época.

Ese imperativo se manifiesta en Baco Polaco a través del poder ejercido sobre los cuerpos, el abuso y el despojo de derechos. El texto, escrito hace dos décadas, encontró su momento justo para ser montado ahora. También encastró con la necesidad de defender la educación pública a través de un elenco integrado por egresados de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD). “Sentí que la obra tenía una vigencia que no tenía hace 20 años por dos razones: la temática del odio y la temática del abuso”, reconoce Kartun.

En esta entrevista en su oficina de operaciones dramatúrgicas de Villa Crespo, explica por qué, en un mundo que no da tregua, el teatro sigue siendo el territorio donde la máscara y la verdad finalmente se encuentran.

 

Muchas de tus obras están ambientadas en etapas de la Argentina preindustrial, de los años 20, 30. En otros momentos parecían referencias al pasado, pero hoy resuenan de otro modo, como una suerte de anticipo del futuro. 

El uso de esas imágenes nunca es inocente. Si toman esa condición mítica es porque de alguna manera le sentimos resonancia en el presente. Eso no significa tener una mirada pesimista de la “repetición cíclica”, pero es una advertencia sobre el pasado. Si uno no percibe los climas de época, no percibe tampoco las analogías y las cercanías. Y yo nunca he visto en mi vida una cercanía tan grande a ciertas formas desmesuradas de los líderes de la ultraderecha de la preguerra como en este momento. Líderes desmesurados, odiantes manifiestos, insultadores, declaradamente belicosos. Y percibirlo prende de forma inevitable una luz de alarma. Si en aquel momento esos líderes nos llevaron a una matanza brutal de millones de personas, no percibir ahora ese aroma es lo mismo que permanecer sin darle bola al olor a gas mirando televisión al lado de la cocina de tu casa. El olor no significa que la pérdida esté adentro, pero por lo menos andá a mirar el horno. No es razón definitiva de que la historia se vaya a repetir y demás, pero son síntomas perceptibles. El olor a gas mirando tele es un puente a las imágenes de la explosión de gas que viste en esa misma tele dos años antes. Es una cosa que tengo muy en cuenta y en la creación de ficción aparecen de manera natural, justamente por esta condición de puentes. El arte se alimenta de ese mecanismo. Una vez más hago la aclaración, es una percepción subjetiva, dada por la ideología, los miedos. Yo soy hijo de dos familias que vinieron huyendo de la guerra, ¡cómo no voy a tener en cuenta algo así! 

“La inteligencia artificial hoy ha dado una especie de rara novedad que es la de crear memes animados. Anoche veía un largo video irónico sobre la condición del Adorni deslomado, donde lo hacían aparecer en distintas películas como changador, etc. No podía parar de reír. Lo interesante es ver cómo hasta la inteligencia artificial nos da la herramienta para reírnos del poderoso”.

Otro de los mitos o figuras que usas para ambientar es el carnaval. ¿Qué te ofrece? 

Soy un fanático del carnaval. Es curioso, lo primero que publiqué en mi vida fue una nota sobre el carnaval en la vieja revista Crisis, aquella de Eduardo Galeano, a partir de que yo había escrito un espectáculo, Civilización o Barbarie, que era narrado por una murga. El carnaval en mi barrio tenía una presencia muy grande porque el corso de San Andrés pasaba por la puerta de mi casa. Con el paso del tiempo, además, me fui volviendo un archivista de materiales del carnaval. 

El carnaval siempre se piensa como un espacio horizontal, un juego de máscaras y de inversiones, un momento en el que es posible burlarse de los poderosos. ¿Qué pasa cuando los poderosos ni siquiera permiten a las clases populares el ejercicio de la burla? 

Cuando uno analiza la historia encuentra varios momentos donde el carnaval es contenido desde la hipótesis del poder de que esa burla se vuelve peligrosa. En los años 30, por ejemplo, se reglamenta muy bien qué se puede y qué no se puede hacer en carnaval. Pero es una fiesta catártica en la cual va a estar siempre la burla. Ese espacio de la burla es casi el único lugar del poder popular. Ha ido perdiendo presencia, condición masiva, pero han aparecido otros lugares y nuevas herramientas para burlarse. La inteligencia artificial hoy, por ejemplo, ha dado una especie de rara novedad que es la de crear memes animados. Anoche veía un largo video irónico sobre la condición del Adorni deslomado, donde lo hacían aparecer en distintas películas como changador, etc. No podía parar de reír. Lo interesante es ver cómo hasta la inteligencia artificial nos da la herramienta para reírnos del poderoso. Y el carnaval es una de las formas prehistóricas de las viejas formas de hacerlo. Las murgas uruguayas mantienen el lugar de la crítica con mucho más rigor que nosotros. Pero también en el carnaval está esa libertad de vivir tras la máscara. Hay una herencia del mito del Bacanal, que yo tomo en esta obra, que es el lugar del desmadre, donde la sociedad permite hacer lo que en el resto del año no está permitido. Es una figura preciosa.

En esta obra trabajás con integrantes de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD). ¿A qué se debe esa decisión, que se da justo en un momento de ataque a la educación pública? 

Esa es una de las fichas que se armó en este rompecabezas. Yo trabajé 25 años dando clases en EMAD de dramaturgia. Convivía con muchos aspirantes a actores. Iba a ver muestras y encontraba expresividades que me resultaban muy tentadoras para trabajar con ellos. Por supuesto, pasaba el tiempo y no hacía nada. Me sorprendía, porque tres o cuatro años después, los veía trabajando en una película o en teatro y decía “a ese pibe lo vi”. También di clases 25 años en la carrera de actuación de la Universidad del Centro de la provincia de Buenos Aires en Tandil y allí sí trabajaba de forma directa con actores. Tenía siempre esa idea de hacer algo. El año pasado empecé a sentir que este texto que tenía ya 20 años cobraba una curiosa vigencia.

¿En qué sentido?

En relación a la presencia de dos factores: la temática del odio y la temática del abuso. Sentí que la obra tenía una vigencia que no tenía hace 20 años y me pareció que era el momento de montar. Después el ataque a la educación pública me había hecho escribir bastantes notas periodísticas, publicaciones en redes y declaraciones en relación a la importancia de sostenerla y a la demostración de su efecto positivo. Cuántos profesionales habían salido de esas carreras, que si no hubieran existido no le hubieran dado cauce a ese talento y a ese oficio y a esa economía. Esta era una obra de seis personajes y yo suelo trabajar con elencos más chicos porque es más fácil arreglar horarios, porque ensayo durante muchos meses, y además trabajo exclusivamente en cooperativa. Pero me dije este era el momento. Junté todo, fui al EMAD, lo propuse y tuve la suerte de que me escucharan con un gesto muy amoroso. Me abrieron el contacto con todos los egresados, me ofrecieron el espacio para ensayar y, como se hace con los rompecabezas, le puse un poco de laca arriba para que no se desarme y se transformó en cuadro feliz.

4Palabras

kartun2

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: