Picada cultural: Fue solo un accidente + Bugonia + Sinners
Del humanismo ético de Jafar Panahi al cinismo estético de Lanthimos, recorremos tres películas nominadas a los Oscar. Entre secuestros, traumas y el drama racial con tintes de género en Sinners, analizamos cómo el cine actual decide —o no— enfrentar la crueldad.
- marzo 8, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La película Fue solo un accidente llega precedida por el prestigio: dos nominaciones a los Oscar (mejor guión original y filme extranjero) y la Palma de Oro en Cannes. Dirigida por Jafar Panahi, la trama se dispara cuando Vahid, un mecánico, cree reconocer en un cliente al hombre que lo torturó en prisión. Sin más prueba que el chirrido de una pierna protésica, lo secuestra e inicia una búsqueda de confirmación entre otras víctimas liberadas. A partir de allí, la tensión escala. ¿La persona que tiene en sus manos es realmente el torturador? ¿Qué hacer con él?
Es una película incómoda y profundamente humana. Panahi siempre descoloca al espectador. Huye de los guiones mecánicos para rescatar lo fortuito: sus personajes no son esclavos del destino, sino seres que tienen que tomar decisiones a cada paso. Históricamente, el cineasta ha borrado las fronteras entre ficción y documental, desafiando los modelos de representación hegemónicos para exponer la ambigüedad de lo “real”. En esta historia sorprende con giros, a veces dramáticos, otros humorísticos, que exponen el nerviosismo y la incerteza que rodea a los protagonistas. ¿Qué hacer con el trauma? ¿Cómo purgar el dolor? ¿La violencia debe responderse con violencia? ¿Cómo evitar que la crueldad sea un elemento igualador?
En marzo, MUBI no solo ofrecerá este estreno, sino gran parte de la imprescindible filmografía de Panahi.
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Yorgos Lanthimos lo hizo de nuevo. Y eso no es una buena noticia. Su nueva colaboración con Emma Stone, Bugonia, llega con cuatro nominaciones al Oscar (película, actriz, guión adaptado y banda sonora), pero lo que se presenta como una “crítica sistémica” termina siendo un ejercicio de crueldad lineal y épica del sin sentido.
Basada en Save The Green Planet!, dirigida por el surcoreano Jang Joon-hwan en 2003, la premisa nos encierra en el delirio de Teddy Gatz, un empleado de la farmacéutica Auxolith que, junto a su primo Don, decide secuestrar a la CEO de la compañía, Michelle Fuller (Stone). ¿El motivo? Teddy está convencido de que Michelle es una “andromedana”, una especie alienígena que está exterminando a las abejas para someter a la humanidad a un estado de zombificación dócil. Hay algo más: el resentimiento de Gatz por la enfermedad que sufre su madre.
A Fuller le rapan la cabeza y la cubren de crema antihistamínica para “bloquear sus señales de socorro intergalácticas”. Lo que sigue es un descenso a un sótano donde la humillación se confunde con la narrativa.
Los personajes habitan sistemas de creencias cerrados y desquiciados. No son personas: son engranajes mesiánicos que cumplen una función en el relato. En el universo de Bugonia predominan los individuos atenazados por obsesiones ciegas que operan sobre una realidad que ya no reconocen.
Al igual que Fue sólo un accidente es una historia de secuestro y venganza. Pero allí donde Panahi ponía en el centro la duda y la reflexión ética, Lanthimos solo tiene certezas y la idea de propinar una crueldad tras otra al espectador.
En síntesis, Bugonia es un despropósito lineal donde la estupidez compite con la fealdad. Para completar el grado de cinismo: en las funciones de preestreno en Estados Unidos solo se permitía el acceso a personas calvas. Si los espectadores llegaban con pelo, en las salas había peluqueros disponibles para raparles la cabeza como parte de la campaña de marketing. La violencia que sufren los personajes se transforma en fetiche. Pobre la gran Emma Stone: ojalá su próximo trabajo le brinde un respiro.
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La Academia de Hollywood, fiel a su tradición de extralimitaciones (esa que cultiva con esmero desde 1927 con omisiones e injusticias históricas), decidió que Sinners (Pecadores) merecía 16 nominaciones al Oscar. Otro despropósito. La película no es mala, hasta vale la pena, pero está lejos de entrar en la historia grande del cine.
El director y guionista Ryan Coogler (responsable de Creed y Black Panther) está dispuesto quemar las naves en esta película, un drama racial ambientado en el Mississippi de los años ’30, con dos empresarios afroamericanos —los mellizos Smoke y Stack, ambos interpretados por un notable Michael B. Jordan— enfrentados a las estructuras de poder blanco. Hasta ahí, un relato clásico, sutil, sobre la resistencia y el emprendimiento en tierras del Ku Klux Klan.
Pero Coogler suma capas de lecturas, va desde la tradición folclórica del blues y el western hasta el cine de vampiros. Su obra es una apuesta fuerte para marcar el peso de la identidad negra en Estados Unidos. Y la larga historia de persecución y violencia.
Smoke y Stack vienen de Chicago tras haber estafado a Al Capone. Su plan es montar una taberna rural para regalar un poco de entretenimiento a su comunidad. Un refugio nocturno ante tanta segregación. Los blancos primero se acercan con amabilidad, en plan de apropiación cultural. Hasta que muestran su verdadero rostro, aquel que los vincula con el ansía de exterminio del Ku Klux Klan.
La obra está inspirada de manera indirecta en la leyenda del bluesman de Mississippi, Robert Johnson, quien se dice que hizo un pacto con el diablo para triunfar como guitarrista. A la vez, Sinners también juega con la idea del blues como un tipo de música consumida por quienes odian a sus productores. Lo dice el personaje de Delroy Lindo: «A los blancos les encanta el blues; pero no a quienes lo hacen». Se puede ver en HBO.
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Esta semana arrancamos una serie de reuniones entre quienes escribimos 4Palabras. Picada (real) de por medio, debatimos sobre el sentido de lo que hacemos, hacia dónde vamos, por dónde mejorar, qué incorporar. En los próximos meses, queremos sumar a nuestra comunidad lectora a estos encuentros, para seguir reflexionando, siempre junto a otros, buscando disfrutar de esa alegría de hacer algo en común. Veremos hacia dónde transitamos con este barco digital en tiempos en que los mares se han vuelto cada vez más vertiginosos. Y peligrosos. Hasta la semana próxima. Saludos cordiales, la Redacción.
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