El exasesor del Ministerio de Defensa y especialista en relaciones internacionales, Alejandro Frenkel, analiza las grietas que generó la intervención del gobierno de Donald Trump en Venezuela y América Latina. Para Frenkel, la inacción de la región dejó "terreno fértil" para el avance militar. Además, advierte sobre los riesgos de un Derecho Internacional debilitado y cómo podría impactar incluso en el reclamo argentino por Malvinas.
- enero 7, 2026
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Para Alejandro Frenkel, ex delegado ante el Consejo de Defensa de la UNASUR, la crisis venezolana desnudó la “ineficacia” de los organismos latinoamericanos y el fin de Brasil como potencia regional frente a la avanzada de Donald Trump. En este diálogo con 4Palabras, explica por qué la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro abre un escenario de transición incierta y alerta sobre una posible militarización de las fronteras por el potencial desplazamiento de grupos vinculados al narcotráfico. Además, considera que no habrá una reconfiguración “demasiado drástica” del mapa global, a menos que esto implique una escalada de acciones, por ejemplo: que China haga algo similar en Taiwán o que Estados Unidos efectivamente anexe Groenlandia. “En ese caso estamos en la antesala de una cadena de acontecimientos que puede generar un escenario de mucha más conflictividad entre potencias”, advierte.
Desde su experiencia en el Consejo de Defensa Sudamericano, ¿qué falló en los mecanismos de prevención?
Durante el primer gobierno de Trump se propuso la idea de una intervención militar, pero no tuvo el apoyo de los países de la región. Durante mucho tiempo se planteó la idea de que la cuestión venezolana tenía que resolverse en términos regionales. Es decir, sin una intervención de la potencia. Después, en los últimos años derivó en que “lo resuelvan los venezolanos”. El 2017 es un punto de inflexión, cuando el gobierno de Maduro no reconoce los resultados legislativos. La situación es también una consecuencia de la ineficacia de los organismos regionales, de no poder contribuir a resolver la crisis, y de una suerte de status quo por parte de los países más importantes de la región, me refiero a Brasil, México y en su momento la Argentina, con respecto a no querer hacer demasiado con esto, o no saber bien qué hacer, o no interesarse, o por conveniencia, o por lo que fuera. Ahí hubo una falla en términos de “no hacer nada”, que fue desnudando una falencia respecto de tomar una posición más asertiva en la crisis.
¿Cuál hubiera sido una posición más asertiva?
Un episodio importante fue en las últimas elecciones, cuando México y Brasil tuvieron la oportunidad de desconocer la elección y de aislar diplomáticamente a Venezuela. Eso podía ser una acción no tan permisiva o no tan pro status quo, y optaron por una posición más moderada, menos jugada, y eso derivó en dejar un terreno fértil para que llegara Estados Unidos y tomara esta posición temeraria de usar la fuerza. Es decir, ante la idea de que no había otra cosa más para hacer, ya se había tratado todo, la incapacidad, la debilidad, algunos podrán decir complicidad, o la indiferencia de algunos gobiernos de la región, se generó este terreno fértil para la intervención de Estados Unidos. No estoy diciendo que es la responsabilidad de los gobiernos, pero sí hubo un déficit de los países más importantes de la región en tratar de efectivamente evitar la intervención de Estados Unidos.
¿Cómo queda posicionado Brasil después de este ataque?
Queda muy desdibujado en este escenario, tanto como potencia regional, como de pretender asumir algún intento de liderazgo, si es que en algún momento Brasil lo intentó. Nunca en la historia de América Latina, que es el espacio que más le importa a Brasil, había habido una intervención militar y directa de Estados Unidos. Esta es la primera vez. Para un país que se autopercibe como una potencia regional, exento de la injerencia directa de Estados Unidos, por lo menos en términos militares, eso se terminó en estos días. El Consejo de Defensa sudamericano fue una acción de alguna manera impulsada por Brasil para lograr construir una institucionalidad de defensa sin la presencia de Estados Unidos. Para sintetizarlo, esto refleja también la pérdida de importancia y protagonismo de Brasil. Trump en este caso le dijo “no me importa, no reconozco la potestad de Brasil como potencia regional, voy a intervenir”.
“Brasil queda muy desdibujado en este escenario, tanto como potencia regional, como de pretender asumir algún intento de liderazgo. Nunca en la historia de América Latina, que es el espacio que más le importa a Brasil, había habido una intervención militar y directa de Estados Unidos. Esta es la primera vez”. Alejandro Frenkel.
¿Es posible una transición institucional en Venezuela después de la detención de Maduro?
Hay dos preguntas que son las que hay que intentar responder, o los acontecimientos responderán en los próximos tiempos. Primero, si el gobierno de Trump tiene entre sus objetivos una transición a la democracia, o bien se conforma con un gobierno más afín a Estados Unidos, de alguna manera tutelado, pero que sea controlado por lo que queda del madurismo, del chavismo. Esa es una alternativa, y que le ceda a Estados Unidos las cosas que le interesan: el petróleo, que ya lo dijeron abiertamente, una menor presencia de China en Venezuela, tal vez un mayor control sobre determinados territorios o partes de Venezuela donde operan grupos ilegales, el crimen organizado transnacional.
La otra alternativa es que efectivamente haya una intención de un cambio de régimen. (El secretario de Estado nortearmericano) Marco Rubio dijo que ahora el tema de la transición a la democracia no está en la agenda. Pero aún cuando fuera un objetivo a mediano plazo, la otra pregunta es si es factible.
Si es factible de una manera en la cual se mantenga un orden, es decir, que no derive en una suerte de colapso o fragmentación en Venezuela, en la cual determinados elementos de lo que queda del régimen del madurismo controlen territorios, negocios, aún cuando haya un gobierno democrático y eso genere un nuevo gobierno pero que no tenga el control efectivo de todo el territorio, de la economía, de las fuerzas armadas venezolanas. Ese puede ser un escenario en el cual uno diría que es una transición fallida y sobre ese escenario puede haber diferentes grados: que colapse a un estilo Libia o que sea algo parecido a lo que fue en su momento Colombia, un país en el cual había territorios controlados por guerrillas, grupos vinculados al narcotráfico.
Es decir, es muy incierta la posibilidad de saber hasta qué punto puede haber una transición que derive en un país más ordenado. Y creo que Estados Unidos lo sabe, más allá de si es su intención o no hacer un cambio de régimen. Por eso me parece que eligió o negoció con Delcy Rodríguez y no optó por empujar o facilitar la llegada al gobierno de María Corina Machado, porque sabe que no sería un gobierno lo suficientemente fuerte para controlar la situación.
¿Podemos llegar a ver una mayor militarización de las fronteras en la región?
Puede ser que haya ahora en el corto plazo una suerte de resguardo inmediato por la incertidumbre, pero no la veo muy factible, a menos que suceda que empiece a haber un desplazamiento de grupos ilegales, grupos de crimen organizado que operan en Venezuela. Que si ven que no pueden operar como operaban antes, se trasladen a países vecinos, puede ser Colombia, Ecuador. Es lo que pasó en Colombia a partir del proceso de paz. Muchos grupos vinculados al narcotráfico se fueron a Ecuador. Eso puede ser que lleve a una militarización de las fronteras. Y también debemos estar atentos a que haya otra ola migratoria, producto de un colapso, de que se agudice la situación, la crisis económica, que lleve a más éxodo de venezolanos. Esas son las situaciones que me imagino que pueden derivar en una militarización.
¿Qué implicancias puede tener el posicionamiento argentino (cuando sus principales socios comerciales son China y Brasil)?
No creo que tenga demasiadas implicancias a las que ya viene teniendo. Me parece que no va a afectar más de lo que ya está afectado en la relación con Brasil o con China. En todo caso, hasta diría que es coherente con lo que viene planteando el gobierno de Milei.
Sí diría que -y esto también tiene que ver con el posicionamiento de los países regionales- habilitar o legitimar una erosión, una violación del derecho internacional, del principio de no intervención, más allá de la cuestión ética, legal, que uno puede plantear, no es beneficioso o es potencialmente perjudicial para Argentina. Por ejemplo, en el caso de Malvinas, uno de los grandes argumentos que tiene Argentina está vinculado al derecho internacional. Entonces, si el derecho internacional vale cada vez menos, y es algo que se respeta cada vez menos, también es un argumento cada vez menos “utilizable” para los países en términos diplomáticos y políticos en las relaciones internacionales.
Para decirlo concretamente, que Argentina legitime la erosión del derecho internacional es una erosión también de uno de los argumentos importantes para el país en la causa Malvinas. A mediano plazo eso es algo que Argentina tendría que considerar para cualquier acción que implique violación del derecho internacional, sobre todo cuando tiene que ver con accionar de potencias sobre países periféricos.
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