El gobierno anunció que regresará a los mercados de deuda para cubrir los vencimientos de 2026. Pero la falta de acumulación de reservas netas penaliza al país, manteniendo el Riesgo País por encima de los 600 puntos.
Alfonso Puey
- diciembre 6, 2025
- Lectura: 10 minutos
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- diciembre 6, 2025
- Lectura: 3 minutos
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El Gobierno nacional anunció que el próximo 10 de diciembre nuestro país regresará al mercado voluntario de deuda en moneda extranjera, una práctica no ejecutada desde 2018. La colocación será mediante un bono pagadero en dólares con un cupón del 6,5%. Es crucial señalar que el costo financiero real no será ese, sino que dependerá del precio de colocación que el mercado esté dispuesto a convalidar.
Dado que los bonos argentinos con vencimiento a 2029 rinden alrededor del 9,75%, se estima que el costo financiero para el país se situará entre el 9% y el 9,75%, considerando que el gobierno propone un flujo más atractivo. Con esta nueva emisión, el Ejecutivo busca cubrir una parte significativa del vencimiento de deuda que enfrenta a principios de 2026, el cual supera los 4.000 millones de dólares.
Ante escenario, la pregunta es: ¿por qué el Riesgo País (RP) aún no perfora los 600 puntos? Se trata de un indicador volátil. En enero de 2025, había perforado ese umbral de los 600 puntos. Sin embargo, tras las elecciones bonaerenses, alcanzó los 1456 puntos, para luego comenzar a ceder. A partir del rescate de Estados Unidos y la victoria del oficialismo en las elecciones nacionales, se estabilizó en un rango de 600 a 650 puntos. La persistencia en este nivel se explica por los tres drivers principales que impulsan el RP: el Factor Político, el Factor Fiscal y el Factor Reservas.
Actualmente, el gobierno aprueba el examen en los dos primeros. Ha logrado el equilibrio fiscal, aunque es necesario destacar que se alcanzó a costa de desatender demandas sociales y de inversión que el mercado no está reemplazando, resultando en una contracción económica. Entonces, el motivo por el que el riesgo país no logra bajar de los 600 puntos desde enero radica en el tercer factor: las reservas netas.
A pesar de los esfuerzos por mostrar equilibrio político y fiscal, el mercado penaliza al país porque las reservas netas son negativas, ubicándose 3.000 millones de dólares por debajo de las que dejó la gestión anterior. Si el mercado percibiera que existen los dólares suficientes para cubrir los próximos tres o cuatro vencimientos ante una inconsistencia temporal del programa económico, la penalización actual se mitigaría.
A pesar de los esfuerzos por mostrar equilibrio político y fiscal, el mercado penaliza al país porque las reservas netas son negativas, ubicándose 3.000 millones de dólares por debajo de las que dejó la gestión anterior.
En contra de las recomendaciones del propio Fondo Monetario Internacional (FMI) y de economistas ideológicamente afines al modelo gubernamental, el Ejecutivo nacional se ha mantenido obstinado en la no acumulación de reservas. Pero las recientes apariciones públicas del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, sugieren una incipiente intención de modificar esta dirección. Comprar dólares en el nivel superior de las bandas podría implicar una recalibración de este esquema, pero no necesariamente conduciría a una aceleración inflacionaria peligrosa, ya que se observa un nuevo régimen de traspaso a precios de las devaluaciones, diferente al histórico. Un aumento del tipo de cambio atacaría el drenaje de divisas observado entre abril y octubre, cuando la compra de moneda extranjera por personas físicas superó los 29.000 millones de dólares.
Si bien el argumento de no depender siempre de devaluaciones para ganar competitividad es válido, el actual proceso de apertura indiscriminada, junto con la apreciación cambiaria, se da en un contexto global de proteccionismo y nacionalización económica. Surge otra pregunta clave: ¿Qué medida concreta ha implementado el gobierno para mejorar la competitividad de la economía argentina y permitirle competir en este escenario?
Aunque el tipo de cambio real de equilibrio sea técnicamente correcto, existen pocas dudas de que, por el momento, atraer inversiones y acumular divisas requiere un dólar más alto. Los tiempos que manejan las teorías económicas del gobierno probablemente no se alinean con las urgentes demandas sociales y económicas de la sociedad.
Mientras se consigan “puentes” o salvavidas para sostener el nivel actual del tipo de cambio, el modelo de apreciación puede continuar, beneficiando a economías competitivas en detrimento de la economía nacional y generando daños estructurales difíciles de cuantificar en el sector industrial y primario. Esto plantea una última reflexión: ¿No será que el bajo costo que le implica a Estados Unidos brindarnos estos «puentes» se debe a que al mismo tiempo beneficia a varios sectores de su propia economía y nos mantiene en una dependencia viciosa?
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