La urgencia de mirar a los dos millones de niños que viven en barrios populares
La mitad de la población de Argentina es menor de 26 años, pero el foco del debate suele estar en la caída de la natalidad. Según el autor, la lupa debe ponerse en los 2 millones de niños, niñas y adolescentes que viven en barrios populares, donde el 40% de sus habitantes son menores de edad y sufren condiciones de vida precarias.
Martín De Paula
- noviembre 28, 2025
- Lectura: 3 minutos
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- noviembre 28, 2025
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La caída de la tasa de natalidad ocurrida en los últimos años en Argentina recorre la discusión en ámbitos académicos, políticos y en las redes sociales. No es para menos: entre el año 2000 y 2023 la natalidad se redujo a la mitad y se abre una serie de oportunidades para rediseñar los servicios destinados a la niñez. Que en la Ciudad de Buenos Aires haya más perros que niños generó todo tipo de comentarios, reacciones y memes.
Sin embargo, los intercambios, las discusiones o la propia producción de contenidos sobre cómo viven aquellos niños y niñas que ya nacieron no siempre está tan presente en el debate público. En Argentina son 12.2 millones y representan el 26% de la población. Es decir, que uno de cada cuatro argentinos y argentinas es un niño, niña o adolescente que ya nació, y que vive entre nosotros. Y como tal, y según el mandato de nuestras leyes, requieren de protección especial y la garantía de sus derechos por parte de la familia, la comunidad y el Estado en sus distintos niveles.
Podemos afinar un poco más la mirada y hacernos dos preguntas. Primera pregunta: ¿dónde viven los niños, niñas y adolescentes que ya nacieron? Segunda pregunta: ¿cómo viven los niños, niñas y adolescentes que ya nacieron?
Si bien están distribuidos por todo el territorio nacional, en estas líneas se pone la lupa sobre aquellos niños, niñas y adolescentes que viven en barrios populares. Y la razón es que en los barrios populares hay una proporción mucho mayor de chicos y chicas que en las urbanizaciones formales.
La definición de barrio popular dice que son aquellos barrios vulnerables en los que viven al menos 8 familias agrupadas o contiguas, donde más de la mitad de la población no cuenta con título de propiedad del suelo ni acceso regular a dos, o más, de los servicios básicos (red de agua corriente, red de energía eléctrica con medidor domiciliario y/o red cloacal). El Observatorio del Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP) identificó 6.467 barrios populares, en los que viven 1,2 millones de familias. Se trata de 5 millones de personas: un 10% de la población del país.
A los fines de nuestra primera pregunta podríamos modificar la sigla y decir que RENABAP significa (mayor) Representación (RE) de Niños y Adolescentes (NA) en Barrios Populares (BAP). Si en el total del país el porcentaje de niños, niñas y adolescentes es del 26%, en los barrios populares ronda el 40%. Son 2 millones de niños, niñas y adolescentes.
La provincia de Buenos Aires es la que mayor cantidad de barrios populares tiene. Si en población total la PBA es el 38% del país, en los barrios populares está por encima del 45% (a partir de la considerar la cantidad de familias).
Un estudio reciente de CISUR muestra que la pirámide poblacional de los barrios populares presenta una estructura similar a la que tenía Argentina en 1914, reflejando un perfil demográfico joven y una baja proporción de personas mayores, características propias de etapas tempranas de la transición demográfica.
Otro estudio, realizado por La Poderosa, ACIJ y la Fundación Temas profundiza sobre nueve barrios populares y encuentra que entre el 20 % y el 30 % de la población tiene 14 años o menos, mientras que casi no hay presencia de personas mayores a 75 años. El alto porcentaje de hogares con jefatura de hogar femenina también es un dato distintivo de los barrios populares. Según UNICEF, la pobreza llega al 60% en estos hogares.
Si la estructura de la población de los barrios populares se corresponde a las primeras décadas del siglo XX, las condiciones habitacionales y de acceso a los servicios básicos e infraestructura urbana tampoco son diferentes a aquella época…
- 56% de los barrios populares con conexión irregular a la red eléctrica.
- 56% con conexión irregular a la red de agua.
- 66% con desagüe de cloaca a pozo negro, sólo 26% con cámara séptica.
- 85% cocina con gas de garrafa, 37% se calefacciona con leña o carbón.
- 50% de los hogares tiene hacinamiento, 10% hacinamiento crítico (más de 3 personas por cuarto).
Si en el total del país el porcentaje de niños, niñas y adolescentes es del 26%, en los barrios populares ronda el 40%. Son 2 millones de niños, niñas y adolescentes.
Para modificar estas condiciones se requieren 27 mil millones de dólares, según una estimación de FUNDAR y TECHO, que también propone distintas políticas públicas a implementar. Entre ellas, se propone innovar en materia de financiamiento, a partir de combinar fuentes nacionales, provinciales y municipales.
Por su importancia dentro de la población total y por las condiciones materiales en las que viven, toda intervención que se haga en barrios populares tiene un impacto directo en la niñez y adolescencia. A partir de un estudio del BID sobre la experiencia del Programa Mi Pieza, destinado a mujeres de barrios populares, se concluye que implementar programas de mejoramiento habitacional en barrios populares tiene impactos positivos en la niñez y la adolescencia. Por ejemplo, se incrementa la probabilidad de preservar la salud de niños, niñas y adolescentes o de mejorar la convivencia, también de garantizar la privacidad de los integrantes de la familia (especialmente adolescentes). A su vez se mejora la posibilidad de no vivir con hacinamiento.
La situación en los barrios populares se va complejizando. Organizaciones como el CELS y otras vienen alertando sobre como ante el retroceso del estado ganan terreno las bandas organizadas del narcotráfico, que pueden utilizar a la población vulnerable y particularmente a niños y adolescentes en procesos delictivos. Para modificar esas trayectorias de vida hay que generar oportunidades, a partir de sinergias entre gobiernos y organizaciones comunitarias que forman parte de los mismos barrios. Será un enorme desafío contemplando que muchos de los adolescentes y jóvenes de barrios populares tienen rota la narrativa del ascenso social, característica distintiva de Argentina en la región, tal como muestra un reciente informe de Fundar. Sin embargo, la trama comunitaria y organizativa de Argentina ha sobrevivido distintos contextos y se ha fortalecido generando redes e innovación.
Dentro de las organizaciones que trabajan en hábitat e infancias a nivel territorial, hay experiencias como la de la Asociación Civil Madre Tierra, con 40 años de trabajo en la zona oeste del Gran Buenos Aires. Madre Tierra, además de generar proyectos para mejorar las condiciones de hábitat de la población, impulsan la participación de los propios niños, niñas y adolescentes como partícipes activos en los proyectos de mejoramiento de sus condiciones de vida.
Cualquier servicio, intervención, proyecto, programa o política que pretenda mejorar las condiciones de vida de niños, niñas y adolescentes en Argentina debe considerar la situación de los 2 millones de chicos que ya nacieron y viven en barrios populares.
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