Argentina / 12 septiembre 2026

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El giro infernal de Milei

Un análisis sobre las contradicciones de Milei, la amenaza sobre Malvinas y la “imperdonable” necedad de una oposición paralizada en un país ardido de dolor.

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Esta imagen muestra al presidente de Argentina, Javier Milei, conversando de manera informal con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante una recepción celebrada en la finca Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida. [1] (https://www.perfil.com/noticias/columnistas/por-que-la-letra-chica-de-la-relacion-entre-milei-y-trump-se-escribira-entre-washington-y-munich-por-claudio-mardones.phtml), [2] (https://cnnespanol.cnn.com/2025/01/31/argentina/milei-discursos-de-odio-espejo-trump-orix)

Sí, Milei pegó un giro. Qué manera de girar. Tanto, que se tuvo que meter la anglofilia con la que actuó desde un principio en el trasero, y resetearse al infinito y más allá. Después de todo, en Inglaterra gobierna el laborismo.  

Ese jueves me tocó ver la cadena nacional al aire por la 530, y hacer el análisis previo y posterior a su primera aparición pública con aspecto normal en muchos meses. Todo lo que dijo me sorprendió, pero ni por un instante se me hubiese ocurrido que hablaba en serio. O mejor dicho: que sus palabras debían ser entendidas tal como eran enunciadas. Estoy convencida de que Milei no puede decir la verdad, porque no la sabe ni le interesa. 

A propósito, hoy vi el video de una ex esposa de Elon Musk, madre de dos de sus hijos, que rechazó 40 millones de dólares para callarse. Cuando estaban juntos él le decía que “tenía que tener todos los hijos que fuera posible antes de la guerra nuclear”. Y ella agregaba: “Las relaciones de Elon suelen ser conflictivas, pero la relación más conflictiva que tiene es con la verdad”. También vi el lanzamiento de la nueva campaña de Desigual, con la hija trans de Musk, eliminando con un botón rojo a un robot. En uno de los archivos Epstein, una joven cuenta que también él quería tener muchos hijos de muchas púberes, para mejorar la especie con su propio ADN. 

De ese material doméstico está hecha esta historia que en su parte de afuera nos pretende a las mujeres como receptáculos y paridoras necesarias, pero que está escrita por varones a los que no les gustan las mujeres. Solo muy jóvenes o niñas. O raptadas o pagas, por lo menos. Del lado de afuera, también esta ultraderecha -cada vez más obviamente comandada a control remoto desde Estados Unidos e Israel- quiere una familia tradicional imaginaria, porque pide lo imposible cuando al mismo tiempo rompe la vida, la apaga. Milei, que entró en la escena pública como una bestia con motosierra, hoy es un encendedor de bolsillo. Las contradicciones son tantas que hasta el Rappi desconfía. 

Sin embargo, todo esto quizá no sea tan obvio como me parecía, ya que después de todo mi trabajo es leer esas señales que esconden las imposturas de la vida pública de esta época.

Digo esto porque me asombró enormemente la credulidad, la babia como inercia. Ahora mismo, en la televisión, en un programa de panel están diciendo “ojalá cumpla con su palabra”. 

Oigan: un fascista no tiene palabra. El fascismo no usa las palabras para comunicarse. Las usa para camuflar, insultar, condenar, robar, o matar, lo que quieran, pero para comunicarse, no. El fascismo no admite la existencia del otro como par en ninguna circunstancia. Y está ocupándose de borrar la historia para que la IA de Thiel genere otro pasado que justifique todo. 

El fascismo tampoco admite la palabra “compatriotas”, como dijo en 1982 Galtieri. Ese no pensaba en la patria como los pibes que se quedaron en las islas. Para tener compatriotas hay que amar a la patria, no fabricar para la propia supervivencia política un matadero de adolescentes. Uno más. 

Por otro lado, ahora, en perspectiva, cada cosa que fue pasando me confirma la intuición inicial: esto es un punto de inflexión en nuestro papel dentro de “Occidente”, y el giro del que se hablaba al principio se vuelve tenebroso, desesperante, urgente. 

Escuchar al ministro de Seguridad israelí, Ben Gvir, uno de los criminales de guerra más bestiales que hayan visto en muchas décadas, decir que “las Malvinas son argentinas” me sobresaltó hasta la náusea. Vendrán por ellas. Ya están aquí y Milei debe soñar con un traje de fajina visitando tropas. No sé si les recuerda a alguien que salió en la tapa de Vogue junto a su mujer.

Sandra Russo: “Si la entrega estaba ya hecha, si nuestros niños tienen hambre, si los endeudados no duermen o sufren amenazas, si se mueren antes de tiempo los viejos y los enfermos, si se viaja como al matadero, si ya teníamos suficientes razones para detestar a Milei, esto era inimaginable, y no pasó por su mente, sino por la de los otros dos carniceros. No es un trío: hay uno que está a disposición”.

Si la entrega estaba ya hecha, si nuestros niños tienen hambre, si los endeudados no duermen o sufren amenazas, si se mueren antes de tiempo los viejos y los enfermos, si se viaja como al matadero, si ya teníamos suficientes razones para detestar a Milei, esto era inimaginable, y no pasó por su mente, sino por la de los otros dos carniceros. No es un trío: hay uno que está a disposición. 

Trump y Netanyahu están castigando a Inglaterra por no ayudarlos a destruir Irán. Malvinas es el castigo a algo que no nos hacen a nosotros y nos importa un carajo, pero si se desatara un conflicto, sería en nuestro territorio. 

Todo lo que parezca ciencia ficción es posible. Hace rato. Estamos rumbo al Cuento de la Criada. Y una vez más, la poca reacción y la puerilidad con la que mucha gente que parece normal escucha a Milei, espanta. “Ojalá cumpla con su palabra”. Dios. 

“Occidente” odió a Putin cuando dijo que “había que desnazificar Ucrania”, y ahora miren Europa, Alemania: el 44 por ciento en Alta Sajonia votó a los nazis que, ahora, incluyen judíos. Impensable, contradictorio aunque no tanto. Los votó el estado más pobre de Alemania. Es la antigua clase obrera, la que ellos terminaron de destruir, la que los capta como odiadores de inmigrantes. Ucrania fue destruida, y ahora se nazifica Europa. Y media América Latina. 

Mientras tanto, muy, muy desconectado de esta amenaza, en la Argentina, el campo popular todavía no deshace su nudo gordiano de neurosis que nos mantiene paralizados y astillando a un electorado que no puede pensar porque ya no da más.  Desgraciadamente, permeó la distopía. Estamos viviendo insensateces, competencias y agresiones que nos hacen bastante bichos. Y sigo usando el plural porque me obstino, pero veo planear sobre nuestras esperanzas de unidad, que es la única forma de ganarle a Milei, obstáculos que no guardan la menor conexión con todo lo que acabo en escribir. La necedad y la obstinación sin límite resulta imperdonable en un contexto aterrador y con un pueblo ardido de dolor. 

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