Argentina / 6 septiembre 2026

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IDEC en Buenos Aires: el nuevo mapa del control regional 

La 40° cumbre de la IDEC realizada en Buenos Aires pasó bajo el radar. Un evento de alto nivel que refleja cómo la agenda de seguridad e inteligencia impulsada por Estados Unidos busca reconfigurar su control geopolítico en América Latina.

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Hace unas semanas se organizó en Buenos Aires un evento que pasó inadvertido de las agendas públicas pero cuya significancia y ramificaciones tienen escala continental. En 1983, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) creó un foro llamado Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC). La 40° cumbre se llevó a cabo en la capital argentina bajo el lema “Justicia a través de la fortaleza y la unidad”.

 

Este espacio reunió a las principales figuras políticas norteamericanas, argentinas y de otros 100 países del mundo junto a funcionarios y técnicos de las fuerzas de seguridad. De acuerdo a la embajada norteamericana en Buenos Aires: “Los participantes mantendrán conversaciones estratégicas de alto nivel destinadas a fortalecer la cooperación operativa, compartir inteligencia crítica y coordinar prioridades de aplicación de la ley frente al narcotráfico, el lavado internacional de dinero y el narcoterrorismo. La conferencia de este año pone de relieve la sólida y duradera alianza entre Estados Unidos y Argentina, así como el compromiso permanente de la comunidad internacional de desarticular las redes que alimentan el narcotráfico global y amenazan la seguridad regional e internacional”.

 

Podemos pensar este evento como parte un entramado geopolítico que involucra múltiples actores, prácticas y escalas. En el centro de toda esta red se encuentra Estados Unidos, la gran potencia hegemónica que atraviesa un momento de reconfiguración global y de desafío por parte de la República Popular de China. A partir de esa idea es que se desprenden las diferentes aristas políticas.

 

Esa hegemonía norteamericana, hoy en decadencia, tuvo, entre sus múltiples agendas, la que Juan G. Tokatlian denomina Régimen Internacional de Drogas Ilícitas (RIDI); un conglomerado de políticas y agencias nacionales norteamericanas en conjunción con organismos internacionales del universo ONU como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), ordenando una mirada mundial sobre producción, comercio y consumo de una serie de sustancias.

 

En nuestro continente, esta política llevada adelante por la ya mencionada DEA tuvo, desde la década de 1980 un gran énfasis enmarcado en la “Guerra contra las drogas”. El avance de los grandes carteles tanto en Colombia como México funcionaron como paraguas discursivo para Estados Unidos una vez terminada la Guerra Fría.

 

La década de 1990 tuvo, entre otros ejes internacionales, el de las “nuevas amenazas”, dentro de las cuales están el terrorismo y el narcotráfico, como articuladores de cooperación y promotores de una mirada sobre la seguridad continental. Estas nuevas amenazas significaron, también, una reconfiguración del control norteamericano sobre el continente como fue el caso del Plan Colombia. 

 

Tras los atentados terroristas de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, comenzó a tomar fuerza el concepto de “narcoterrorismo” para hablar de actores, principalmente en la escena colombiana, que conjugan estas dos grandes amenazas contra los Estados y sus sociedades. 



El intervencionismo actual requiere de generar agendas que permitan acciones extraordinarias. En ese sentido, las temáticas asociadas a la seguridad, como el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado transnacional, actúan como un catalizador.

El escenario actual es particularmente preocupante. La política norteamericana hacia el continente americano parece haber profundizado la búsqueda de un mayor control sobre los países a través de múltiples mecanismos. La intervención militar en Venezuela para remover a Nicolás Maduro de su cargo, acusado de narcoterrorista y, finalmente negociar el uso del petróleo venezolano, es parte de lo que Alejandro Frenkel denominó “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe sobre la base de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 de Estados Unidos; donde el hemisferio occidental es un espacio de incuestionable primacía norteamericana en disputa con China.

 

La remoción de Maduro a través del uso de la fuerza, algo inédito en la región, con el pretexto de narcoterrorismo abre la puerta a una nueva forma de imperio donde cualquier acción es válida con tal de oponerse a China. En todo caso, si durante la Guerra Fría, el contrato social era que Estados Unidos y la Unión Soviética disputaban a través de gobiernos más o menos afines y la posibilidad de promover golpes de Estado cuando hiciera falta, el siglo XXI se encuentra aún redefiniendo las nuevas reglas. 

 

El intervencionismo actual requiere de generar agendas que permitan acciones extraordinarias. En ese sentido, las temáticas asociadas a la seguridad, como el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado transnacional, actúan como un catalizador. 

 

Si las últimas décadas han probado el fracaso constante de la Guerra contra las Drogas, las nuevas iniciativas de seguridad -el Escudo de las Américas (Shield of the Americas) en tanto marco político, diplomático y estratégico de alto nivel, coordinado desde la Casa Blanca y la A3C (Americas Counter Cartel Coalition) en tanto actor operativo con eje en el Departamento de Defensa de EE. UU. y el Comando Sur (SOUTHCOM)- buscan reforzar el control directo de Estados Unidos sobre la región. 

 

Entonces, detrás de una reunión política y técnica, sobre una temática sensible, se esconde una reconfiguración de las relaciones de poder a nivel mundial y una búsqueda de repliegue norteamericano en la región. Para el caso argentino esto es relevante, en tanto las coaliciones políticas más importantes discrepan en cómo vincularse con Estados Unidos. Desde la década de 1960 se discute en el continente acerca de la autonomía en tanto capacidad de acción para generar acciones políticas tendientes al desarrollo. 

 

Cabe preguntarse entonces qué tipo de conflictos irán surgiendo en la región en tanto y en cuanto haya gobiernos que apuesten a una mirada autónoma sobre el desarrollo, alejada del sometimiento a Estados Unidos y la mirada de sus gobiernos y élites sobre cómo entender las amenazas de seguridad.

 

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