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Entre el triunfalismo libertario y el cerco diplomático: las fisuras en la carrera de Grossi por la ONU

Mientras el oficialismo ensaya un festejo anticipado por la Secretaría General de Naciones Unidas, la trastienda diplomática devuelve un escenario complejo de vetos, paradojas geopolíticas y reclamos históricos. Nada está dicho y las fichas femeninas aún mueven piezas clave.

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pelea por ONU

 

Desde el entorno del gobierno de Javier Milei y en los despachos donde se alienta la postulación de Rafael Grossi se instaló una narrativa que roza el exitismo prematuro. Se exhibe la candidatura del diplomático argentino —actual titular del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA)— como un camino seguro hacia la Secretaría General de las Naciones Unidas. Pero detrás de la gestualidad altisonante que caracteriza la política exterior de la Casa Rosada, los pasillos de la diplomacia multilateral devuelven una imagen más compleja, plagada de obstáculos y paradojas difíciles de disimular.

La primera valla surge de las propias votaciones secretas celebradas en el Consejo de Seguridad de la ONU. Luego de una primera compulsa el 30 de julio donde Grossi obtuvo siete votos a favor, dos en contra y seis abstenciones, la segunda prueba del 21 de agosto debió encender las alarmas: si bien Grossi sostuvo sus apoyos positivos, sus votos negativos treparon de dos a seis y las abstenciones pasaron de seis a dos. Esa acumulación de rechazos representa una señal de erosión que contrasta con cualquier proclama triunfalista. 

Antes de comenzar con los sondeos informales, en Naciones Unidas había una premisa explícita: luego de ocho décadas y nueve secretarios generales masculinos parecía haber llegado la hora de que una mujer asuma el mando del organismo. También existe una norma no escrita de rotación geográfica que favorece a América Latina y el Caribe. Hoy esas variables parecen inclinarse por la costarricense Rebeca Grynspan o la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, quienes vienen encabezando las votaciones informales.

Pero el impedimento más profundo pasa por el alineamiento sin matices del gobierno argentino a la doctrina Trump. En diálogo con 4Palabras, un diplomático europeo pone el foco en una contradicción: la administración de Javier Milei postula a un compatriota para liderar el máximo organismo de gobernanza global mientras, en simultáneo, despliega una retórica hostil hacia el multilateralismo. Las señales enviadas por el gobierno libertario desde su asunción fueron contundentes: desde el abandono o vaciamiento de delegaciones e instancias como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OIT, hasta el repliegue del histórico liderazgo argentino en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Un juego que puede entenderse en el caso de una potencia como Estados Unidos, pero que resulta difícil de comprender en un país como Argentina que requiere siempre de los organismos globales.

Antes de comenzar con los sondeos informales, en Naciones Unidas había una premisa explícita: luego de ocho décadas y nueve secretarios generales masculinos parecía haber llegado la hora de que una mujer asuma el mando del organismo. También existe una norma no escrita de rotación geográfica que favorece a América Latina y el Caribe. Hoy esas variables parecen inclinarse por la costarricense Rebeca Grynspan o la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, quienes vienen encabezando las votaciones informales.

Con el apoyo de Brasil y México, la figura de Michelle Bachelet conserva un margen de maniobra que muchos apresurados dieron por descartado. Si bien la expresidenta chilena sufrió un tropiezo inicial en los sondeos (cayendo al sexto lugar con apenas 2 votos a favor y 6 en contra) y no cuenta con el respaldo del mandatario de su país, José Antonio Kast, su candidatura no ha sido retirada. Fiel a su autodefinición de “rehén de la esperanza”, la líder socialista se encuentra desplegando una agenda internacional orientada a consolidar apoyos de peso regional.

Su reciente encuentro con el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, responde a una estrategia de resistencia diplomática. Tanto México como Brasil entienden que el escenario actual es volátil y que la paridad entre los postulantes principales, sumada al alto nivel de votos negativos cruzados, puede trabar la elección. 

En el círculo de la exmandataria chilena prima la cautela: aguardarán las próximas rondas de sondeos informales que encabezará Francia durante septiembre antes de adoptar cualquier definición. Bachelet apuesta a su vasta experiencia internacional y a su capacidad para tender puentes en una ONU acechada por la parálisis que provoca el derecho de veto de las cinco potencias permanentes (EE.UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido). Pero con un proceso de definición que se estirará entre octubre y noviembre, la carrera hacia el 1 de enero de 2027 permanece abierta. 

 

4Palabras

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