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Matemática de la fantasía: la brecha entre el discurso oficial y el bolsillo
El gobierno festeja metas fiscales mientras los servicios públicos absorben hasta el 15% del ingreso familiar. Los números reales de un modelo de concentración que excluye a la mayoría. Los empresarios respaldan el rumbo económico pero temen que la obsesión y el desgaste del mandatario echen a perder el modelo. Milei en modo campaña electoral.
- agosto 23, 2026
- Lectura: 10 minutos
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Buen domingo. ¿Cómo está? Yo, le cuento, me aferro al mate mientras releo mis apuntes. Porque da la impresión de que el frío está dispuesto a permanecer por lo menos en lo que concierne a Buenos Aires y alrededores. Le informo esto a quienes nos leen desde otros lugares del país (o del mundo… ¡4Palabras se expande! y hasta a nosotros mismos nos cuesta creerlo).
Vamos rápido a lo que nos atañe, dado que hay mucha información para incluir en este nuestro panorama dominical. Le comento antes una intimidad que hace al proceso de producción periodística de estas notas. Durante la semana vamos tomando apuntes de aquellos acontecimientos, datos, informaciones que consideramos relevantes para compartir con usted. Lo dialogamos incluso en la redacción. Es un intercambio que después se plasma en esta nota, pero también en otras que aparecen en la plataforma de 4Palabras.
Hoy mis apuntes tuvieron que ser dejados de lado. Los tengo, en el escritorio, al costado del mate. Pero muchos de ellos (no todos) perdieron vigencia a raíz de las intervenciones públicas del presidente Javier Milei, primero en la mañana del jueves en el Council of the Americas (Consejo de las Américas) en Buenos Aires y, por la noche del viernes en la Bolsa de Comercio de Rosario.
Y le digo por qué.
En primer lugar porque -confirmando lo que han escrito distintos editorialistas de medios… también varios de los que han mostrado afinidad con el gobierno y sus políticas- se vio a un presidente totalmente desencajado y molesto (mucho más de lo acostumbrado), incómodo por las críticas, supuestamente injustas, a un modelo que él mismo considera exitoso. Como respuesta, el mandatario grita, insulta y, lo que resulta más grave para quien tiene tan alta responsabilidad, miente. Milei y su ministro de Economía Toto Caputo siguen sosteniendo que “todo marcha acorde al plan” (“TMAP”) y lo fundamentan en estadísticas que contradicen incluso los datos oficiales de su gobierno. Suman argumentos que resultan poco menos que inverosímiles para las víctimas del modelo económico y de la gestión gubernamental instalada por La Libertad Avanza.
Con paciencia, veamos algunos ejemplos.
***
El gobierno habla de “inflación controlada” como uno de sus grandes logros, siendo que los precios aumentaron el 328,6% desde que asumió Milei. Una advertencia: se trata de un dato elaborado por el INDEC sobre la base de una ponderación de componentes desactualizada que no considera de manera adecuada una canasta familiar que incluya los consumos actuales.
Según el relevamiento del Observatorio de Tarifas y Subsidios (IIEP UBA-CONICET), el gas natural aumentó de forma acumulada el 1.545%, el transporte público (colectivos y trenes) entre 770% y 996% (varía según se contempla el AMBA o el interior del país) y la energía eléctrica entre 370% y 460% en el promedio nacional. La canasta básica de servicios públicos (luz, gas, agua y transporte) multiplicó por más de diez su valor desde diciembre de 2023, pasando a representar entre el 12% y el 15% del ingreso familiar.
¿De qué hablan entonces el presidente y su ministro de economía? Sin temor a equivocarnos se puede afirmar que ambos mienten. Su bolsillo lo sabe… porque los salarios del sector formal registran una caída real general de alrededor del 7,1% en su poder de compra, aunque con una marcada brecha entre el empleo privado y el público (éste último cayó el 17%). Las jubilaciones mínimas (incluyendo el bono) perdieron en el mismo período 9,2%.
No sigo porque no tiene sentido abrumarlo con las cifras.
Pero sí vale decir que mientras Milei y Caputo se burlan de quienes sostienen que “el sueldo no alcanza para llegar a fin de mes” la morosidad aumenta a pasos agigantados.
Quienes se endeudaron no son “pelotudos”, Sr. Presidente. Son laburantes que no reciben por su trabajo lo que merecen. El gobierno tiene que asumir la responsabilidad de dar respuestas. La creciente morosidad es consecuencia inevitable de un plan económico de concentración del ingreso, pensado para pocos y que excluye a los más.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) a partir de los datos oficiales del Banco Central y la Central de Deudores, la morosidad en billeteras virtuales ya está arriba del 30% y el promedio general –consolidando las deudas con bancos y plataformas digitales– se ubica en el 15,5%. Lo escribió Manuel Barrientos en 4Palabras.
Milei entiende que quienes se endeudaron son directamente unos “pelotudos” (sic) porque no fueron capaces de medir los riesgos, unos, y otros porque gastaron por encima de sus posibilidades comprando televisores para ver el Mundial o dilapidaron el dinero en apuestas durante el mismo evento deportivo. Lo dijo el presidente el viernes.
No, Sr. Presidente. Si las personas se endeudan es porque de manera casi desesperada salen a buscar refugio en el crédito para lo elemental: comprar comida o pagar el alquiler de su vivienda. Ni televisores, ni apuestas… aunque puede haber alguna o alguno que haya caído en esa trampa.
No son “pelotudos”, Sr. Presidente. Son laburantes que no reciben por su trabajo lo que merecen. Por eso, el gobierno que usted preside y en nombre del Estado, tiene que asumir la responsabilidad de dar respuestas a la situación. En consecuencia tampoco es válido el argumento oficial que sostiene que es “un asunto entre privados” en el que el Estado no debe intervenir. ¿Sabe por qué? Porque la creciente morosidad es consecuencia inevitable de un plan económico de concentración del ingreso, pensado para pocos y que excluye a los más.
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Perdón, estimada lectora, estimado lector. Por un momento cambié de interlocutor y me dirigí directamente al presidente (aunque, sinceramente, no creo que nos lea ni que sus asesores se detengan en nosotros).
Me enojé demasiado viendo que esta semana -hablando ante los empresarios del “círculo rojo” reunidos el jueves en el hotel Alvear de Buenos Aires- Milei reiteró que “el programa económico está funcionando: la inflación está colapsando, hemos alcanzado el superávit fiscal en el primer mes de gestión y la economía argentina ya empezó a recuperar su senda de crecimiento genuino. Dijimos que íbamos a terminar con el déficit fiscal y cumplir nuestras metas, y lo estamos haciendo sin ceder un solo milímetro”. ¡Qué tal! ¿Para quién está funcionando? Usted dirá… consultando a su bolsillo.
Dicen algunos de los presentes en el Alvear que no hubo -como sí ocurría tiempo atrás- aplausos estrepitosos. Los empresarios están conformes con el modelo económico pero a ellos también les molesta que Milei se empecine negando lo obvio (que incluye el malestar evidente que aflora cada vez en más sectores) y temen que con el agregado de su obsesión por la reelección el presidente termine “echando a perder todo lo que se logró hasta ahora”. Seguramente también por eso están saliendo a buscar otras figuras (¿el empresario de medios Daniel Hadad? ¿el pastor evangélico y animador televisivo Dante Gebel? ¿el presidente riverplatense y banquero Jorge Brito?) para una eventual candidatura que dé continuidad a “un mileismo sin Milei”. Este es otro motivo de irritación para Javier, a quien hasta sus más cercanos no ven en sus mejores condiciones físicas y psicológicas.
Quizás por todo ello fue que, en el mismo escenario del hotel Alvear, el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), Mario Grinman, con un diagnóstico menos optimista que el de Milei igual lanzó una apelación hacia sus colegas empresarios con un contundente respaldo al modelo. “Sabemos que hay recesión, que hay comercios que cierran, que se pierden puestos de trabajo. Pero si ese es el precio que tenemos que pagar los argentinos para transformar nuestro país, para que nuestros nietos puedan vivir en un país normal y creíble, yo creo que vale la pena”. Y se explayó diciendo que “la excelente relación entre Argentina y Estados Unidos puede favorecer el comercio en la región. El país puede ser uno de los motores de la región y es clave que mantenga el rumbo económico a partir de la estabilidad económica y la apertura”.
Tome nota y no olvide que para esto está trabajando intensamente y con clara injerencia en los asuntos internos el embajador de Estados Unidos en nuestro país Peter Lamelas. Tal como lo expuso ante los congresistas norteamericanos antes de iniciar su misión en Argentina, entre los objetivos prioritarios de su tarea aquí está poner todos los obstáculos posibles a los eventuales acuerdos y proyectos entre Argentina y China. Lo explica con absoluta claridad el colega Jorge Vilas. El gobierno hace lo suyo cuando, por ejemplo, establece reglas de juego para la licitación que privatiza el tren Belgrano Cargas (siete mil kilómetros de vías y el 14% de la carga que se mueve en el país) que impedirían que una empresa china participe del negocio.
Los empresarios están conformes con el modelo económico pero a ellos también les molesta que Milei se empecine negando lo obvio. Seguramente por eso están saliendo a buscar otras figuras (¿el empresario de medios Daniel Hadad? ¿el pastor evangélico y animador televisivo Dante Gebel? ¿el presidente riverplatense y banquero Jorge Brito?) para una eventual candidatura que dé continuidad a “un mileismo sin Milei”. Este es otro motivo de irritación para Javier, a quien hasta sus más cercanos no ven en sus mejores condiciones físicas y psicológicas.
Si hasta Patricia Bullrich -“campeona mundial” en salto político con garrocha- toma prudente distancia de Milei pero, al menos por ahora, sin sacar los pies del plato. Esta misma semana, también reunida con empresarios, sostuvo que “el rumbo es el correcto, este camino es parte de un proceso de transformación profundo. Lo que necesitamos es más velocidad en los resultados para lograr que el cambio se sienta en la vida cotidiana”. ¿Vio usted que me decía que Pato no es una dirigente sensible a los problemas de la gente? Ahí la tiene.
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Haber… decía aquel contador optimista sin mirar el “debe”. ¿A usted le queda claro que lo que estamos viviendo en este país es una alianza entre los libertarios dispuestos a sostener a cualquier precio un modelo para pocos y los empresarios más poderosos (esos a los que se menciona como parte del “círculo rojo” y principales beneficiados de la política económica) que quieren sostener a toda costa el diseño sin prestarle atención a la crisis de la industria, a la pérdida de fuentes de trabajo, a la regresividad de derechos, a la morosidad creciente, con salarios que no llegan a fin de mes, jubilaciones a la baja y deterioro de los servicios públicos? Hasta aceptan -al menos por un tiempo- perder dinero… para “no volver atrás”.
Milei entró en tono de campaña. A los empresarios les dice: “¿Ustedes recuerdan todas las cosas que hicieron los que quieren que volvamos al pasado? Ahora entramos como imbéciles nuevamente diciendo: ‘No, el problema es la morosidad’. Me niego a creer que seamos tan pelotudos”.
Ni Milei ni Grinman hicieron siquiera una mención a quienes el 7 de agosto último marcharon hasta San Cayetano para pedir trabajo, o a los morosos “seriales” que se agolparon ante el Ministerio de Economía para exigir una salida que tiene que darles el Estado, porque -a pesar de lo que digan Milei y Caputo- estos no son “problemas entre privados”.
Ni el gobierno ni los empresarios miran, y mucho menos registran, lo que usted y yo llamamos “la vida cotidiana”. Categoría que incluye levantarse muy temprano todos los días, no saber a qué hora se puede acostar ya agotado y sentir que los pocos pesos que recauda se le van como agua entre los dedos sin poder siquiera mantener su calidad de vida.
En ese modo campaña, Milei ve enemigos en todas partes. El 17 de agosto, en su discurso en la plaza San Martín de Buenos Aires, el presidente sostuvo que “hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos, tanto externos como internos”: el “terrorismo” y “los que quieren volver al pasado”.
***
No perdamos de vista que el peronismo comienza a dar síntomas (pocos, pero algunos) de reorganización y hay una coincidencia básica respecto de la necesidad de aglutinar en torno a un proyecto de país. Lo dijo -entre otros- el gobernador bonaerense Axel Kicillof en los últimos días lanzado como está a nacionalizar su campaña: “Es nuestra tarea organizar ese descontento popular y transformarlo en una vía de esperanza y de renovación: el futuro es con nuestro entramado productivo, la universidad pública, la soberanía y el trabajo digno para que en Argentina vuelva a primar la justicia social”. Pero cualquier iniciativa tendrá que incluir y tener en cuenta a propuestas y voces más independientes y alternativas (gremios, morosos, jubilados, entre otros) que comienzan a visibilizar -aunque de manera inorgánica- la molestia y las protestas. Parte de la inteligencia política de aquí en más será permanecer atentos a cómo se procesan estos descontentos en la sociedad imaginando también una ingeniería política que los canalice hacia la construcción de alternativas con aspiraciones de poder.
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