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Vuelos de la muerte en España: “Hoy grupos neonazis o franquistas se manifiestan con total impunidad”
Miembro de una familia diezmada por la cruenta dictadura española, Francisco González Tejera lleva treinta años relatando el horror en la Gran Canaria, donde centenares de detenidos fueron arrojados al mar. El antecedente de los vuelos de la muerte y la búsqueda de reparación en un país que sigue sin juzgar los crímenes de lesa humanidad.
- julio 25, 2026
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Cuarenta años antes de la dictadura comandada por la Junta Militar de Videla/Massera/Agosti, España sufrió décadas de barbarie; el fascismo que instauró Francisco Franco, (1936/1975) y La Falange, su brazo armado, ejecutó metodologías de tortura, vejámenes y humillaciones que fueron posteriormente incorporados por los grupos de tarea argentinos durante el gobierno de facto. Miembro de una familia diezmada por el terror que padeció, además, el estigma de ser víctima del franquismo, Francisco “Pako” González Tejera busca, porfiadamente, sembrar memoria. Su tío fue asesinado cuando era un bebé, su abuelo paterno fusilado y el materno -dirigente comunista- detenido y perseguido. “Imaginar lo que sintió Diego durante la Navidad del 36 en Tamaraceite, cuando la Brigada del Amanecer accedió en tromba a la humilde casita con una sola habitación de la carretera general, para, en un registro, destrozarle la cabeza contra la pared a su hermano pequeño, Braulio González, de tan solo cuatro meses, se me hace casi imposible”. Así, González Tejera comienza su último libro, Los barrancos del silencio, texto en el que rescata documentos, relatos y testimonios de familiares de víctimas de la brutal represión en Gran Canaria tras el golpe de Estado de 1936. Pako lleva treinta años documentando el horror y recorriendo sitios de exterminio, como los campos de concentración Gabinete Literario, Colegio de Los Jesuitas, Colegio La Salle y las fosas comunes de Sima Jinámar o Marfea, en la búsqueda de “dar voz a quienes les fue injustamente arrebatada”. Sus primeros trabajos, auto-editados a través de Amazon, son Tormenta en la memoria (2015), Semilla de memoria (2017) y El viento más rebelde (2019) y conforman la trilogía Crónica del genocidio fascista en las Islas Canarias. Los barrancos del silencio, publicado por El mono libre, editorial especializada en memoria histórica, evoca el camino que realizaban los detenidos, que, tras ser torturados, eran arrojados por los tubos volcánicos.
¿Cómo y cuándo llegás a conocer tu historia? ¿Cuál fue el puntapié inicial que te llevó a escribir?
En mi familia tanto por vía materna como paterna hubo represión de la dictadura después del golpe de Estado del 36. Por parte paterna, dos asesinatos, el fusilamiento de mi abuelo y el asesinato de un tío, hermano de mi padre. Por vía materna, el encarcelamiento de mi abuelo que había sido condenado a muerte pero le fue conmutada la pena y pasó doce años preso. Canarias fue un gran campo de concentración, y luego el franquismo llenó las cárceles de España de presos políticos. Canarias no fue un frente de guerra, no murió ni uno del bando fascista, todos los asesinados fueron del bando republicano. Fueron 5 mil personas asesinadas en una población que no llegaba a los cien mil habitantes. Desde muy pequeño empecé a conocer lo que había sucedido en mi familia. Mis abuelas no lo ocultaban pero no les gustaba que los pequeños supiéramos mucho de eso, aunque, de algún modo te vas enterando de las cosas. La memoria también viene en los genes, en las ideas que tú tengas, en el nivel de compromiso que tengas. A mi abuelo Francisco no lo conocí, lo fusilaron en el 37, pero mi abuelo Juan salió de la cárcel, pasábamos mucho tiempo juntos, íbamos al cine, a pasear. Él me contaba historias de sus tiempos en la cárcel, de la represión. A través suyo yo hice contacto con personas que sufrieron la represión. A los 24 años empecé a entrevistar gente, víctimas del franquismo; sobrevivientes, familiares de personas asesinadas y torturadas. No me considero escritor, en principio mi idea no era publicar. Tengo cien entrevistas realizadas. Todas las notas que hice para que no se perdiera la memoria de las personas, para que quedara su testimonio, pues un día me animaron a publicarlas. Todo fue gracias a mi abuelo, él me dio los contactos en un principio y las personas me fueron llevando hacia otros. Fue una bola de nieve.
En el recorrido de la búsqueda de reparación fundaste la Asociación de Memoria Democrática y la Agrupación de Familiares Fosa Común del cementerio de Vegueta-LPGC, colectivo que lucha por recuperar los restos de los familiares desaparecidos. En España, el camino para lograrlo es bien distinto al argentino, ¿cierto?
Así es. Actualmente estamos constituidos como agrupación de familiares porque así lo establece la Ley de Memoria de 2022, que estipula que, para que un familiar tenga derecho a exigir una excavación donde sospecha que está enterrado su ser querido, debe estar constituido como agrupación de familiares. En lugar de ser el Estado quien se encarga de las tareas de exhumación, se exige a la familia que se constituya y presente un proyecto de exhumación con una empresa especializada en arqueología forense. Es surrealista, pero no nos queda otra alternativa, tenemos que ir por ahí. Lo más lógico sería que fuera el Estado, no que seamos las familias las que debemos pasar toda la vida luchando para sacar a un familiar de una fosa común. Tenemos un proyecto aprobado que iniciará una excavación a partir de septiembre y hasta se enfadan si los apuramos o consultamos cómo va el trámite. Ni siquiera con la ley más reciente de Pedro Sánchez, nuestro presidente, ha sido así. El Estado tiene la obligación legal de excavar y financiar el proyecto pero las familias debemos buscar la empresa, ocuparnos de la burocracia del trámite, muchas veces sin saber cómo hacerlo. Ellos tienen la obligación moral y política de exhumar los cientos de miles de restos en toda España y no permitir que vayamos mendigando subvenciones que se dilatan y alargan en el tiempo de forma intencionada para que muramos sin justicia. España es el segundo país del mundo después de Camboya con la mayor cantidad de personas bajo fosas comunes y desaparecidas por motivos políticos.
El archipiélago del horror
Los tiempos de la Segunda República había dotado a las canarias de una masa obrera organizada políticamente y las agrupaciones sindicales -con fuerte presencia del socialismo y el comunismo- tenían peso en la reivindicación de los derechos laborales a través de las huelgas portuarias, que les posibilitaron a los trabajadores jaquear las vías de comunicación peninsular. La brutal represión diezmó aquella resistencia obrera y miles de canarios pasaron por las cárceles falangistas entre 1936/1939. Una de las modalidades empleadas en las técnicas de desaparición fue la de los apotalamientos: hombres y mujeres que, tras ser torturados en los centros de represión, eran llevados atados y embolsados y luego arrojados por los barrancos en las costas de las Islas o bien llevados en los barcos prisión, conocidos como Archipiélago Fantasma y tirados desde allí. Los detenidos eran atados a sacos que se usaban en la comercialización de los productos del campo, muchos de ellos, provenientes de Fyffes, planta distribuidora de frutas tropicales y bananos situada en Santa Cruz de Tenerife. Cuatro décadas más tarde, con el mismo y perverso propósito de que el mar devore la evidencia, las dictaduras latinoamericanas perfeccionaron el acto desaparecedor con los Vuelos de la Muerte.
Existen simetrías insoslayables en las metodologías represivas empleadas inicialmente en España, ¿lo ves así?
Hablamos de similitudes en el proceso de genocidio de Argentina y Canarias. Hubo policías y militares torturadores españoles que asesoraron a las dictaduras uruguayas, chilenas, argentinas bajo el plan Cóndor. Incluso antes. El tema de los apotalamientos no es un dato menor, son torturas que se practicaron en España y fueron practicadas mucho después en la Argentina. El submarino, la piana se hicieron en España treinta años antes, eran maestros en la metodología de la tortura y la represión. La mayor fosa común está en el mar de Canarias, donde hay miles de desaparecidos.
¿Hay similitudes en los procesos de juzgamiento a genocidas en España y Argentina?
El proceso en España fue muy peculiar, en Argentina o Chile se ha avanzado más en los últimos veinte años que en nuestros últimos 80 años de historia. España tuvo una ley de punto final en los años 70, después de Franco. La ley de Amnistía, que evita que se pueda juzgar al franquismo. De un día para el otro los torturadores, militares, jefes del régimen que habían firmado sentencias de muerte se convirtieron en demócratas de toda la vida. Aunque contemos con la Ley de Memoria, mientras exista la Ley de Amnistía, está muy limitada e incluso no se cumple. Por ejemplo, los grupos neonazis o franquistas se manifiestan en la calle con total impunidad, con cruces gamadas, y no pasa absolutamente nada, hay una complicidad policial total. Hay unas contadas personas que fueron juzgadas a partir del trabajo de la jueza Servini (se refiere a la investigación dirigida por la jueza María Servini de Cubría, iniciada en 2010 tras la querella interpuesta por familiares de víctimas del franquismo) la llamada querella argentina; pero es una querella que va muy lenta, con muchas trabas desde la administración pública española. Aquí no se puede juzgar al fascismo; quedan policías torturadores vivos. Los que han muerto lo han hecho con sus buenos sueldos, impunes. La Ley de Amnistía fue un proceso similar a la Ley de Punto Final argentina. Se hizo para amnistiar a los presos franquistas, pero también para amnistiar a los torturadores. Muchos luchadores antifascistas salieron en libertad pero sirvió para proteger al franquismo. El avance de la ley radica en haber logrado que se saquen personas de las cunetas de las fosas comunes, todavía quedan en España 120 mil personas bajo fosas comunes, uno de ellos, mi abuelo.
Hoy la derecha está arrasando en España, por más que digan que no hay un pacto entre el Partido Popular y VOX, son todos herederos del franquismo, vienen de la misma averna, son fascistas, claramente como Milei. Aquí le han dado una medalla hace unas semanas, es un referente para toda esta gentuza de la derecha y la ultra derecha. Si no hay un cambio en la percepción de la gente y una movilización de los movimientos de izquierda, el año que viene o antes, tendremos un gobierno como el de la Argentina.
Sus relatos, verdadera cartografía del espanto, también pueden leerse en el blog viajandoentrelatormenta.com
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