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Julieta Saulo sin filtro: “En este sistema las familias estamos en jaque”

Atravesadas por la falta de licencias dignas, la vorágine de una ciudad colapsada y la exigencia de la maternidad perfecta, las madres de hoy crían en soledad. La psicóloga social y puericultora Julieta Saulo se refiere al valor del espacio propio, el humor y la crisis estructural en torno a los cuidados.

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Se suele decir que para criar a un hijo se necesita una tribu entera. Pero con este entramado social esa red de contención no existe. “Las madres están solas y la red se paga”, dice Julieta Saulo, coordinadora del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO), en diálogo con 4Palabras. Además habla de las jornadas inagotables de las familias para llegar a fin de mes, y de hombres y también mujeres que precarizan a otras mujeres o recurren a redes familiares donde los roles han cambiado drásticamente. Cómo nacen los Lunes sin filtro, un dispositivo de preguntas o comentarios de mujeres y respuestas sin filtros para “descomprimir a través del humor”, una vía de escape. 



Decís que para criar se necesita una tribu, pero la realidad muestra que las madres están aisladas, fragmentadas, con mucha bajada de línea de las redes sociales, ¿Qué mirada tenés como puericultora y cómo se construyen las redes de sostén?

Es real que necesitamos una tribu para criar pero es algo que al menos en la sociedad actual y sobre todo en las grandes ciudades, no existe. Básicamente porque las madres estamos muy solas. El mundo que habitamos se construye a espaldas y a expensas de las madres. Desde el ideal sería fenomenal, fantástico, pero lamentablemente no es lo que sucede. La red se paga, y además estamos atravesando un contexto económico, social y cultural complejo, una profunda crisis donde hay cada vez más personas cayendo del sistema. Y muchas veces somos las mujeres que precarizamos a otras mujeres o recurrimos a otras mujeres de la familia donde los roles también están modificados. El estereotipo de la abuela que tejía escarpín no está más. La abuela tiene vida y está en Tinder, no quiere cuidar a los nietos, no tiene ganas. O no hay abuela porque la abuela está laburando. Estamos en jaque. Las familias laburamos 70 millones de horas para intentar llegar a fin de mes y en el medio tenemos a los pibes boyando ahí de un lado para el otro con agendas muchas veces mucho más cargadas que los adultos. Hay una crisis en relación a los cuidados y el costo más alto lo pagamos las madres y las infancias. Son criaturas con madres y padres completamente agotados y devastados por la actualidad que es cada vez más apremiante y que angustia. 

 

Los niños y niñas tienen un esquema de actividades inagotable, ¿cómo se sale de la lógica de que tienen que estar entretenidos todo el día? 

Es muy difícil salir de esa encrucijada. Tiene que ver con esa compulsión al hacer, al estar, al no quedarse afuera, al hecho de pertenecer, a subir fotitos a las redes, no quedarnos afuera y hacer que nuestros hijos no se queden afuera. El tema es replantearnos ¿afuera de dónde? ¿de qué? Es un frenesí descabezado ir arrastrando pibes de un lado para el otro. Y en las vacaciones de invierno algo de eso se exacerba porque obviamente las madres y los padres seguimos trabajando y no contamos con el dispositivo escolar y ahí estalla todo: la paciencia, la billetera, las dinámicas intrafamiliares. Nos desacostumbramos a la lentitud, a lo pequeño, lamentablemente vivimos como en una vorágine que impide eso. Nací en el interior, vivo hace siglos en la ciudad de Buenos Aires, y lucho mucho con esta cosa cabacentrista. Parece que el mundo se rige por lo que pasa en esta ciudad frenética y no. Hay otras realidades, hay otras posibilidades, otro ritmo, donde la gente se toma el tiempo de parar, de hablar. Hay lugares donde se vive de otra forma, donde el cuidado se gestiona de otra forma, donde podemos pensar la maternidad en una clave más colectiva, donde no tenemos que viajar tres horas para llegar sino que está todo más a la mano, donde todo fluye más. 

 

Estudiás psicología, una nueva carrera universitaria, mientras criás tres hijos y trabajás, ¿cómo hacés? 

Le robo horas al reloj. También soy una gran defensora del espacio propio, el de las personas que gestionan el cuidado de otros. Lo defiendo a capa y espada, es algo innegociable. Y la facultad se tornó en ese innegociable. Mi cuarto propio, como nos lo enseñó Virginia Wolf. Mi casa está totalmente tomada por mis hijos, pero yo tengo mi rinconcito donde tengo las obras completas de Freud, es mi trinchera dentro de casa.

Y también tengo un compañero que banca, con el que cuento. Esto me parece importante fundamentalmente porque hay tantísimas mujeres que quizás no tienen esa posibilidad, y no significa que estén separadas, ni que estén solas. Si bien sabemos que todo lo que tiene que ver con el cuidado, todo ese mundo privado, toda esa carga invisible, recae en mí y en las mujeres, es diferente transitar eso cuando tenés un chabón al lado que banca la parada, que sostiene, que acompaña, que valora lo que no hace. Así que es esa conjunción de defender mi minuto para sentarme y estudiar y rendir. Ahora nos vamos de vacaciones de invierno y yo tengo que rendir tres finales. Me llevo el libro, las fichas, pero no negocio. Vamos al viaje, la vamos a pasar bárbaro y a la noche me pongo a estudiar y estoy chocha. ¿Me gustaría dormir un poco más? Sí. Siento que ya es diciembre, sí, pero me recambia la energía, me hace estar con pilas. Y es un plan estudiar post-cuarenta. Por momentos me agarra la niebla mental y digo, ¿¡qué carajo estoy leyendo!? Pero es un plan. 

 

Las licencias son un gran tema pendiente. Son noventa días de licencias para las mujeres donde toca el aislamiento, el búnker que significa la casa y después de esa licencia nos despojan para que seamos productivas, ¿por qué hay tanta resistencia de los varones para pedir licencias más largas para todos?

La realidad es que cada vez son menos las personas que tienen su trabajo registrado y gozan de una licencia. En Argentina, en la gran mayoría de las y los trabajadores somos monotributistas, y no tenemos licencia. Y también gente autónoma que no tiene monotributo. Es un tema que me quita el sueño, me pasó a mí como puericultora trabajando en la maternidad Estela de Carlotto, iba a dar un alta a una señora que había tenido su bebé, que me pedía consejos para la vuelta al trabajo. Yo le decía “tranquila que para eso falta un montón”. Se enoja un poco y me dice, “no, no falta mucho, me voy de acá al trabajo, a la verdulería”. En ese momento me sentí como una descerebrada, y pensé “acá hay otras realidades además de la tuya”. El estereotipo de la que vuelve a la oficina a los 45 días del parto es inverosímil. Y en relación a los varones, los que tienen el derecho a licencias tienen 48 horas de corrido, salvo que tengas un convenio colectivo de trabajo superador. Y para mí la falta de reclamo tiene que ver con no perder más días, no hackear un mandato del macho proveedor. Todos estamos muy tipeados en relación al rol que se espera de nosotros en la sociedad. 

 

Las mujeres vamos a parir por primera vez con una idea de la maternidad que se desarma apenas nuestros hijos llegan al mundo, ¿cómo se comparte ese saber con otras madres?

En mi práctica profesional es brindando la información, acompañando desde un lugar empático y amoroso, entendiendo que no todo es para todas, y que por más de que tengas, toda la información, tus decisiones en definitiva muchas veces reflejan tu historia, lo que pasó, tu idiosincrasia, tu cultura. Trato de ver caso a caso conectar con los deseos y con las necesidades de cada persona. Pero de todos modos creo que con la información no alcanza. Conozco muy de cerca el caso de la ley de parto respetado, y desde el sistema se piensa que con un afiche ya está, y no, hay que hacer cuerpo las leyes, caminarlas en el territorio, hacer capacitaciones, trabajar con los y las profesionales de la salud. Todo lo que sucede en la escena de los partos y de los nacimientos refleja básicamente el rol que la sociedad pretende para las mujeres: estar quietitas, calladitas, no romper las pelotas, incluso en algunas situaciones te atan, te atan de pies, te atan de manos, te duermen. Entonces cuando el sistema se encuentra con una mujer que pregunta, que va para adelante, y quiere tomar decisiones sobre su parto, es súper contracultural, y esta sociedad muchas veces no está preparada para eso. Incluso hay que revisar qué nos pasa a nosotras como mujeres cuando de repente te encontrás con una que va para adelante. Todo lo que tiene que ver con los partos y los nacimientos no podemos pensarlo escindido de la sociedad en la cual vivimos. Uno pare como vive, y siento que estamos en una crisis absoluta, totalmente desconectados. 

 

¿Cómo surgen los lunes sin filtro?¿Cuánto ayuda el humor para sobrellevar todo el mandato y todo el peso de la maternidad? 

Soy una persona muy rancia, muy rancia. Y levanto el bastión de permitirme tener cara de orto. Las mujeres, desde mi perspectiva, somos socializadas para ser buenas chicas, para agradar, para sonreír, y yo nací con cara de culo y eso lo contrarresto muchas veces con el humor, con poder sobrellevar situaciones difíciles, súper angustiosas, ni que hablar la maternidad y la quemazón. Los lunes sin filtro vienen de ahí, son pre pandémicos y nacen también como una vía de escape. Y me interesa hacerlos en una red social donde todo es tan espectacular: de repente mirás a tu marido y dices, “¿qué hago con este?” Los maridos de todas son re comprensivos, tienen un lomo espectacular, ganan en euros y no trabajan, son cripto boys, y entonces decís “mi vida es una bosta”. Los pibes de todos se portan bien, todas las madres hacen RCP, cocinan, y tienen plantas, pero no las plantas falsas, plantas verdaderas. Los lunes sin filtro sirven para descomprimir un poco, donde podemos encontrarnos desde otro lugar, sin estar midiéndonos, sin estar comparándonos. Y me re divierto. 

 

4Palabras



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