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Los mártires palotinos fueron “testigos de paz y justicia”, dijo García Cuerva

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, presidió la misa en memoria de los tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos asesinados hacer 50 años en parroquia de San Patricio en Buenos Aires, y pidió que las lágrimas que hoy se derraman sean “fecundas” para “regar el suelo de una nación que sigue clamando justicia”.

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Los mártires palotinos fueron “testigos de paz y justicia”, dijo García Cuerva

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, presidió el sábado una misa en la parroquia capitalina de San Patricio para recordar y homenajear a los cinco religiosos asesinados hace cincuenta años en ese lugar por un grupo de tareas de la Policía Federal Argentina. Ante un templo absolutamente colmado, el obispo afirmó que “hoy lloramos juntos, pero como la sangre derramada hace cincuenta años, nuestras lágrimas quieren ser fecundas, y regar el suelo de una nación que sigue clamando justicia”.

En la madrugada del 4 de julio de 1976 los sacerdotes Pedro Duffau, Alfredo Leaden y Alfredo Kelly, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, fueron acribillados a balazos mientras dormían. En las paredes los agresores dejaron un cartel con las letras “MSTM”, aludiendo al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, el grupo de curas comprometidos desde entonces en las causas populares. Ahora, García Cuerva aseguró que las víctimas, conocidos en la iglesia como “los mártires palotinos”, han sido “testigos de la paz y de la justicia, coherentes en la entrega hasta el final”.

Apoyando su homilía en los textos bíblicos leídos en la ceremonia el arzobispo dijo que “la Palabra que hoy escuchamos nos compromete, nos interpela, nos ilumina; también nuestro agobio quiere ser el de nuestro pueblo, el agobio de la falta de trabajo, la aflicción de la pobreza, el dolor de los enfermos, la soledad de nuestros abuelos, el sufrimiento de quienes están a la intemperie en las calles de la ciudad”. Y agregó que “no queremos ser indiferentes, no queremos que nos gane la crueldad y el individualismo”.

En la madrugada del 4 de julio de 1976 los sacerdotes Pedro Duffau, Alfredo Leaden y Alfredo Kelly, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, fueron acribillados a balazos mientras dormían. En las paredes los agresores dejaron un cartel con las letras “MSTM”, aludiendo al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, el grupo de curas comprometidos desde entonces en las causas populares.

En otra parte de su alocución García Cuerva dijo que “en 1976 el agobio era el miedo, la persecución, el silencio impuesto” y “los palotinos estaban agobiados, sí, pero no por el desánimo, sino por el peso del dolor de su gente, y entonces, eligieron no mirar para otro lado, decidieron cargar con las aflicciones de una Argentina que se desangraba”.

Subrayó además que aunque haya pasado “medio siglo de una herida que sigue doliendo en el cuerpo de nuestra iglesia y en el corazón del barrio de Belgrano” hoy “no queremos hacer un frío ejercicio de memoria histórica, sino hacer una memoria viva, porque cincuenta años después el agobio se disfraza de impunidad, de olvido o de una sociedad que parece haber perdido la capacidad de conmoverse ante el sufrimiento del otro”. 

Según el arzobispo el “delito” de los palotinos fue “pregonar el Evangelio a destiempo, defender la vida y la dignidad humana” y por eso “la alfombra roja manchada de sangre (que fue encontrada en el lugar de los asesinatos) nos recuerda el costo de esa fidelidad”. 

El arzobispo porteño hizo suyas palabras del papa León XIV para señalar que “en un mundo donde los pobres son cada vez más numerosos, paradójicamente, vemos crecer también alguna élites de ricos, que vive en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto de la gente común”. Entendiendo que “eso significa que todavía persiste, a veces de manera enmascarada, una cultura que descarta a los demás sin advertirlo siquiera y tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano”.

En uno de los tramos finales de su homilía García Cuerva dijo que “los cinco palotinos entendieron que el verdadero alivio no era la indiferencia de quien se encierra a ver la realidad por los medios de comunicación, porque el alivio que promete Jesús se experimenta cuando, aún cansados, entregamos la vida por una causa más grande que nosotros mismos”.

Y recordó que el papa Francisco, cuando era todavía cardenal arzobispo de Buenos Aires, siempre sostenía que los palotinos “juntos vivieron y juntos murieron”.

 

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