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Gisele Kleidermacher: “La discriminación es una experiencia transversal en la población migrante”

En Migrantes: crónicas de los recién llegados, la socióloga Gisele Kleidermacher cruza datos y relatos de vida para desarmar los discursos de una Argentina que fue perdiendo uno de sus rasgos constitutivos pero que “todavía puede ser para nosotros y para todos los que quieran habitar su suelo”. En diálogo con 4Palabras la autora analiza cómo las comunidades extranjeras enfrentan hoy el desarraigo, la discriminación y la burocracia local.

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China, Taiwán, Venezuela, Rusia, Senegal y Siria son los países de origen de los veintiún protagonistas de las historias que componen el libro Migrantes: crónicas de los recién llegados (Futurock) de la socióloga Gisele Kleidermacher. Sus trayectorias diversas ponen un rostro humano a las estadísticas y hablan de sueños de progreso, crisis, conflictos, desarraigos y nuevas oportunidades, al mismo tiempo que funcionan como punto de partida para interrogar el vínculo de Argentina con su población inmigrante.

“Entre la promesa y la amenaza, la figura del migrante fue moldeada una y otra vez por los climas políticos y económicos de cada época”, afirma Kleidermacher. Este vaivén se lee en la breve reconstrucción histórica que la autora repone en uno de los capítulos de corte teórico que se intercalan entre las crónicas. Escritos en un lenguaje accesible, estos incisos sirven de guía para quien quiera aproximarse con información a los datos estadísticos, la normativa y a las temáticas como la discriminación.  

Aunque la Constitución abraza la llegada de migrantes y promueve su trato igualitario, las leyes a lo largo de los años han reflejado actitudes en otro sentido, con la recordada Ley de Residencia como uno de los primeros hitos restrictivos. La llegada al poder de La Libertad Avanza modificó por decreto la progresista Ley de Migraciones, desde una mirada que ata la migración a las cuestiones de seguridad, recrudeciendo los criterios de ingreso y permanencia y restringiendo el acceso a derechos esenciales como la salud o la educación para los migrantes. 

Aunque la Constitución abraza la llegada de migrantes y promueve su trato igualitario, la llegada al poder de La Libertad Avanza modificó por decreto la progresista Ley de Migraciones, desde una mirada que ata la migración a las cuestiones de seguridad, recrudeciendo los criterios de ingreso y permanencia y restringiendo el acceso a derechos esenciales como la salud o la educación para los migrantes.

Mientras en internet se repite que “el argentino nace donde quiere”, el discurso político aviva imágenes de invasión y promueve consignas expulsivas como medida de contención frente a supuestos excesos. Sin embargo, los números indican otra realidad. Según comenta Kleidermacher, la población extranjera ha disminuido en los últimos años y representa hoy tan solo un 4% del total. 

¿A qué se debe, entonces, la eficacia de esos discursos? No hay mejor chivo emisario que aquel que percibimos distinto y que es más fácil distinguirlo de quiénes seríamos ‘nosotros’. ‘Nosotros’ somos los que tenemos derecho a usar las cosas que nos da el Estado porque somos argentinos y los que no lo son, entonces no tienen derecho. Siempre hay una base de fondo en donde permean esas ideas. Es fácil y funcionó históricamente, no es que es una invención novedosa, sino que es algo que en general sucede con las derechas. Y no importa, entonces, si bajó el número o la proporción de migrantes, porque lo que importa es la imagen que se da de esa migración como una migración que invade, incontrolada, que viene a delinquir, a robar lo que tenemos y que no les corresponde”, opina Kleidermacher, en conversación con 4Palabras.

La apuesta de acercar las historias vivas de quienes eligen abandonar sus lugares de origen, en la mayoría de los casos forzados por conflictos bélicos, persecuciones o penurias económicas, desafía a los estereotipos y convoca a mirar lo que hay en común entre locales y foráneos.

“Quería trabajar principalmente con estos grupos que habían llegado en los últimos tiempos, quizás con la excepción de la migración china que tiene ya algunos años. Ese era mi interés y también pensar cómo esos grupos habitan la ciudad, cómo interaccionan con nosotros, los nativos. Son grupos que tienen características bastante particulares. A excepción de la migración venezolana, son nacionalidades que hablan otro idioma, entonces implica otros desafíos”, cuenta Kleidermacher. 

Entre la diversidad de historias y orígenes, hay hilos comunes. La experiencia del duelo migratorio, entre la añoranza y la búsqueda de un futuro mejor mientras el lugar que se deja atrás sigue cambiando, las dificultades para desentrañar la idiosincrasia local. En el caso de Argentina, lidiar con los vaivenes propios del país también supone una experiencia particular que enfrenta a los migrantes a la pregunta por la estabilidad y la posibilidad de quedarse. Entre las historias, hay un abanico de respuestas: están quienes ya ven al país como un hogar definitivo, quienes sueñan con regresar, quienes efectivamente volvieron y decidieron retornar a Argentina.

Aunque muchos llegan gracias a conexiones previas en el país o se encuentran con una red de contención, otros empiezan a construirlas a partir de desafíos o necesidades concretas. Mientras que sirios y rusos pudieron encontrar en el país retazos de oleadas migratorias previas, el caso fue diferente para los senegaleses. Según relata en uno de los episodios, las primeras muertes dentro de la comunidad impulsaron la creación de asociaciones con el objetivo de lograr la repatriación de los fallecidos, una dificultad específica que afronta este grupo ante la ausencia de una embajada en Argentina.

También, la discriminación se revela como una experiencia transversal. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional Migrante (ENMA) un 65% de los participantes atravesaron este tipo de situaciones. Kleidermacher, que integra el grupo de investigadores de la red de derechos humanos del CONICET que realiza la encuesta, prefiere, sin embargo, la cautela. Pese a los esfuerzos, todavía persisten ciertos sesgos de origen por la predisposición favorable de los encuestados a contar sus historias. “Los datos a veces no reflejan 100% la realidad. Por un lado hay datos que tienen que ver con denuncias que se hicieron en el INADI, y hoy no es posible ver cómo crece o decrece la estadística porque no existe más el organismo”, comenta Kleidermacher, para quien, pese a las salvedades, resulta evidente que la cuestión tiene una relevancia innegable. 

“Hay rasgos fenotípicos que suscitan mucha más discriminación, la cuestión de clase también atraviesa mucho las dinámicas migratorias y las experiencias más o menos amables en destino, la inserción laboral, que también marca muchísimo esas trayectorias”, señala Kleidermacher. Según el relevamiento de la ENMA, la población de origen asiático encabeza las denuncias y el espacio público es el escenario en donde más ocurren estos hechos. Así, por ejemplo, los migrantes que trabajan en la calle se ven mucho más expuestos a la violencia institucional que los que tienen la posibilidad de trabajar como profesionales.

El racismo también impregna una lectura del pasado que idealiza la migración europea en los años de consolidación de la nación, a la que se invoca como más legítima que las corrientes actuales, como los “verdaderos trabajadores” que construyeron el país. “Después, cuando se habla de casos particulares también hay un montón de grises, porque cuando vos consultás sobre las percepciones de la migración china te dicen ‘no, los chinos son muy trabajadores’. Pero después, cuando fue la epidemia de COVID, estaban todos en contra de los chinos porque eran los que nos contagiaban. Siempre se va moviendo la representación de los otros”, ejemplifica Kleidermacher.

A diferencia de otros casos, la población rusa que llegó en los últimos años a partir de la guerra con Ucrania, se encuentra generalmente en una mejor posición económica y es menos propensa a sufrir ciertas formas de discriminación, aunque no sin sus desafíos específicos. Uno de ellos, según ilustran algunos casos, es la educación de los hijos. Para Kleidermacher, las escuelas argentinas tienen una deuda pendiente en cuanto a la inclusión intercultural, porque no cuentan con personal para acompañar esas trayectorias y porque la diversidad se piensa desde cierta “folclorización” anecdótica en fechas puntuales.

Pese a las dificultades y desilusiones, Argentina sigue siendo elegida por muchos extranjeros. En tiempos en los que el gobierno pone en funcionamiento organismos que imitan al ICE estadounidense, el libro propone mirar al país desde los ojos de los recién llegados para indagar qué sociedad queremos construir y recordar que Argentina todavía puede ser para nosotros y para todos los que quieran habitar su suelo.

4Palabras

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