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La tarea periodística en un momento de crisis

Desbordado de virtualidad, sin presupuesto para la investigación, condicionado por la opacidad de la pauta oficial, con profesionales precarizados y con pluriempleo mientras intentan lidiar con algoritmos indescifrables, el periodismo atraviesa un momento de crisis. Testimonios de quienes ejercen el oficio.

Por Washington Uranga y Martina Dentella

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La imagen muestra a un grupo de personas tomando notas en cuadernos y escribiendo en computadoras portátiles durante un evento, posiblemente una conferencia de prensa o una reunión profesional.

En un nuevo Día del Periodista, 4Palabras reunió a referentes de distintas provincias para conocer las condiciones reales en las que se ejerce el oficio en sus territorios. Silvina Tamous (jefa de redacción del diario cooperativo El Ciudadano, de Rosario), Marcelo Gallo (jefe de redacción del diario El Ancasti, de Catamarca), Ezequiel Luque (editor del medio cooperativo La Tinta, de Córdoba) y Eva Fondevila (coordinadora en la agencia digital de noticias sobre infancia ANITA y miembro de FM RACO, de Tucumán) hablan de cómo se trabaja “a pura terquedad”, ejerciendo el oficio por la mañana y otros empleos por la tarde, trabajando para los algoritmos, desde un escritorio, asumiendo que la gente no lee y que “hay que recortar”, intentando “no traicionarse” mientras lo que falta es tiempo. 

 

La mutación tecnológica modificó las reglas del juego. Los periodistas hoy se enfrentan a la tiranía del algoritmo. Ya no tratan solo de buscar la información, sino de lograr que las plataformas permitan que esa información llegue a las audiencias, mientras pelean contra el “periodismo de escritorio”. En ese sentido, Silvina Tamous habla de la vulnerabilidad frente al ritmo en que la tecnología muta y cuenta: «Hace un tiempo nos hackearon la página, nos inhabilitaron la cuenta de Instagram… sentíamos que lo que tenés depende de cosas que no tienen nada que ver con vos. Sos un poco esclava de Google; un día te bajan la palanca y recuperar todo da mucho trabajo. Hoy, el desarrollo de la inteligencia artificial de Google te termina obligando a hacer periodismo, te obliga a comprometerte con una producción analítica para que tu usuario te encuentre».

 

Ezequiel Luque, explica que aunque cada medio tenga distintas estructuras, la forma de consumo cultural de la noticia “atraviesa a todos”. “Muchas veces terminamos trabajando para algoritmos que ni siquiera sabemos cómo funcionan” dice .Y agrega que “la puerta de entrada son las redes sociales o la búsqueda por Google, y el algoritmo qué te muestra no está a nuestro alcance”. Desde la Tinta “intentamos seducir a plataformas llenas de bots que generan información para que otros bots le den likes”. Por eso cree que es oportuno preguntarse “cómo vamos a hacer circular la información de acá a uno o dos años”. Cuenta que desde el medio en que trabaja impulsan instancias presenciales, para “desvirtualizar»: hacen charlas y talleres para mantener un vínculo con la comunidad que vaya más allá de las redes. “Pero sí -dice-, por supuesto que estamos desbordados de virtualidad y que estamos permanentemente luchando contra eso”. 

 

Marcelo Gallo hace treinta y cinco años que ejerce el periodismo en Catamarca. Destaca que “hoy, en principio uno tiene acceso inmediato a una cantidad impresionante de datos, fuentes. Eso es un desafío porque lo que puede verse como un avance, implica también que hay que bucear en un mar de datos para saber con certeza la veracidad, para poder contextualizarlos adecuadamente. Yo creo que así como se han derribado barreras vinculadas al acceso a la información, también se han erigido otras que complican el ejercicio del periodismo”.

La pata económica es el cuello de botella que asfixia la independencia y la calidad periodística, con redacciones cada vez más chicas y la pauta pública utilizada como herramienta de disciplinamiento. Marcelo Gallo insiste en que no hay posibilidades reales de financiar el periodismo de investigación; “no se puede bancar a un periodista que esté una semana trabajando sin publicar todos los días”.

Para Gallo, el cara a cara es clave. “En los noventa, si bien el universo informativo era mucho más recortado, había mayor compromiso con la verdad”. Reconoce que la estructura del medio en el que se desempeña les permite trabajar exclusivamente “en lo suyo”  y no ocupar tiempo en tareas administrativas, búsqueda de recursos, etc. pero “también es cierto que tenemos un periodismo que se ejerce prácticamente desde la oficina”. “Escribimos en correo electrónico, nos mandan las cosas por WhatsApp, porque además la redacción es mucho más chica que hace 30 años atrás. Prácticamente se hace un periodismo de escritorio y ese es un problema porque se pierde la riqueza de la cobertura en el mismo escenario de los hechos”. 

 

Eva Fondevila sostiene que “ya no somos tan periodistas, somos ‘productores de contenido’ y parece que lo importante es hablar de algo: hay mucha opinión y poco chequeo de datos. Todo se reduce al formato: ‘lo que garpa ahora en Instagram es el video’, y eso termina condicionando la profundidad”. Agrega que “estamos todo el tiempo acortando, asumiendo que la gente no lee más de tres párrafos y al final tenemos que terminar simplificando los abordajes de temas súper complejos”. Y subraya que “está muy perjudicada la producción de información y los temas que queremos trabajar; no tenemos jefes pero igual el jefe es Meta que no te está censurando el enfoque ideológico de lo que escribís, sino que es una cuestión de operatividad, para que llegue”. 

 

Por otra parte destaca que «eso de que todo se soluciona por WhatsApp es acuciante. Incluso en las redacciones profesionales que tienen plata todo se resuelve así: el legislador, el profesor o la mamá de una víctima de femicidio te mandan un WhatsApp y listo, no hay más interacción».

 

Sin presupuesto para investigar y la trampa de la pauta

 

La pata económica es el cuello de botella que asfixia la independencia y la calidad periodística, con redacciones cada vez más chicas y la pauta pública utilizada como herramienta de disciplinamiento. Marcelo Gallo insiste en que no hay posibilidades reales de financiar el periodismo de investigación; “no se puede bancar a un periodista que esté una semana trabajando sin publicar todos los días. A eso se suma que es imposible subsistir sin la pauta oficial. Históricamente, esto condiciona la línea editorial o hasta dónde podemos avanzar con ciertos temas” y linkea con la realidad de que “cuanto peor es la situación económica del país, menor es la libertad de prensa».

 

Silvina Tamous, indica que en las cooperativas “las cosas son más difíciles”, aunque “ganamos poca plata”. Son 42 socios y son también el medio más leído de Rosario. “Con la provincia tenemos una relación donde si no les gusta lo que escribís, te bajan la pauta”. Asegura que trabajan con la premisa de no traicionarse, y que las condiciones en una cooperativa las establecen los mismos compañeros, lo que permite “acciones más humanas de trabajo”, ajenas a la crueldad que se vive en otros medios. 

 

Para Eva Fondevila “hay una opacidad total y una gran arbitrariedad” en las políticas de pauta. Y desde su espacio en la radio comunitaria, trabajan en la idea de que la pauta “no es un derecho de los periodistas, sino de las audiencias para acceder a una diversidad de voces y a información de calidad”. Pero “como el Estado no lo lee en esa clave, nuestros medios no son priorizados».

 

Ezequiel Luque cuenta que junto con otros medios digitales formaron la Red Nacional de Medios Digitales porque no había un ente gremial que los nucleara para pedir al Gobierno Nacional de la gestión pasada que algo de la pauta pública circulara a través de Télam, que era quien la administraba. Después de un tiempo lograron que eso sucediera pero con la asunción de Milei se cayó. “Es el recorte económico por un lado, es la agresión verbal y las amenazas constantes por otro, es la violencia en la calle, la necesidad de que cada uno de nosotros tenga dos o tres trabajos. Todo eso influye sobre nuestra práctica profesional en medio de este contexto tecnológico. No soy muy optimista, pero sí creo que hay que dar esa disputa”, dice. 

 

Marcelo Gallo destaca que en El Ancasti existe limitación económica y eso tiene que ver con la dignidad del trabajo de cada uno de los periodistas. “No podés subsistir sin la pauta oficial y eso ha condicionado históricamente. Por más que no haya presiones directas hay un condicionamiento de la línea editorial, o hasta dónde podemos avanzar con ciertos temas. Durante años aquí en Catamarca -dice- cuando estuvo en crecimiento la producción de la minera  Bajo de la Alumbrera la empresa pautaba a la par del Estado. También la pauta de la minera o si hubiese alguna otra empresa fuerte termina condicionando la línea editorial”. No obstante, subraya,  “cuanto peor es la situación económica del país peor es la situación económica de los medios y cuanto peor es la situación económica de los medios hay menor libertad de prensa”. 

 

El cierre del debate deja una reflexión sobre la pérdida de derechos laborales que sostenían la calidad de la información. Ezequiel Luque recuerda que las seis horas históricas de trabajo periodístico se basaban en que para ejercer el oficio un periodista necesitaba tiempo para estar informado y en contacto con la realidad para poder espejarla. “La absoluta precariedad de nuestras tareas en este momento deja en evidencia lo complicado que es poder hacer hoy periodismo, tener que meter 17 mil tareas en mil empleos diferentes. No es casual que nos hayan ido llevando hacia ahí. La verdad es que somos sobrevivientes de un oficio en extinción», termina afirmando.

 

4Palabras 

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