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Escuela secundaria: la falta de interés de las y los estudiantes es la principal preocupación de los profesores
Ocho de cada diez docentes consideró que la desmotivación es un problema que atraviesa, de manera transversal, todo el sistema educativo. El dato forma parte de un informe sobre la situación de la escuela secundaria que llevaron adelante el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) y Asociación Conciencia, con el objetivo de relevar las percepciones sobre el estado actual, los cambios recientes y los desafíos de transformación del nivel medio en la Argentina.
- junio 9, 2026
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La falta de interés y de motivación, las inasistencias y la merma de la exigencia académica de las y los estudiantes son las principales preocupaciones de los profesoras y profesoras de escuelas secundarias de la Argentina: ocho de cada diez educadores considera que el desinterés es la problemática que atraviesa todo el sistema, de manera transversal, sin importar si la gestión de la escuela es pública o privada, la estructura social de las y los alumnos o la ubicación geográfica de la institución.
Estos datos forman parte de un informe sobre la situación secundaria en la Argentina que llevaron adelante el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) y Asociación Conciencia, con el objetivo de relevar las percepciones sobre el estado actual del sistema educativo, los cambios recientes y los desafíos de transformación de la escuela secundaria. El director del Observatorio, Agustín Salvia, reconoció: “Hay un sistema educativo en crisis, con un deterioro acumulativo, que está agotado, por eso queremos pensar en políticas públicas y aportar con esta investigación en este sentido”.
La investigación, titulada Repensar la escuela secundaria: Problemas, resistencias y reformas posibles desde la mirada de docentes y directivos, reunió los resultados de una encuesta nacional realizada durante este 2026 entre 1.148 educadores en unas 750 escuelas secundarias de toda la Argentina. Estos resultados reflejan, además, una demanda que propulsa modelos de enseñanza flexibles, contextualizados y adaptados a nuevas formas de aprendizaje.
Un clima de época: la falta de motivación entre las y los estudiantes
La falta de motivación o el desinterés de las y los estudiantes frente a las propuestas de enseñanza apareció, sin dudas, como una de las principales problemáticas señaladas por los docentes: ocho de cada diez docentes remarcó este punto. El 82,3 por ciento consideró que se trata de un “problema importante” y el 56,8 por ciento lo ubicó entre los tres más prioritarios. La preocupación atravesó, de manera transversal, todas las instituciones, sin importar la gestión, el nivel socioeconómico o la región geográfica.
La valoración promedio del estado actual de la educación secundaria y el sistema en el que cada educador trabaja es también crítica: se ubicó en 2,5 puntos sobre 5, mientras que la evaluación de la propia escuela donde desempeñan estos docentes sus funciones ascendió a 3 puntos, confirmando la vigencia de la denominada “paradoja educativa”. Esta brecha, incluso y de manera llamativa, resultó más marcada en las escuelas privadas y de nivel socioeconómico alto.
“La valoración del sistema nacional es significativamente más crítica que la evaluación de su propia escuela. En ello predomina una mirada negativa sobre los cambios implementados en los últimos años, especialmente en el régimen académico y el sistema de evaluación. La falta de motivación estudiantil, las inasistencias, la falta de exigencia académica y la desmotivación docente emergen como los problemas más extendidos”, remarca el informe.
El ausentismo, la repitencia y la cantidad: otro eje del planteo
Los resultados reflejaron, además, un escenario heterogéneo y, en gran medida, crítico con respecto a las recientes reformas en el régimen de aprobado de materias que reemplazó a la repitencia: el 71 por ciento de los educadores identificó al menos un cambio con impacto negativo. Las opiniones más desfavorables se concentraron en el régimen académico (60,7 por ciento) y el sistema de evaluación (56,9 por ciento) y fueron especialmente elevadas entre docentes de escuelas privadas, técnicas y mayor matrícula (con 1000 alumnos o más).
En orden de importancia, otra de las problemáticas identificadas en el nivel medio, fueron las inasistencias de docentes y estudiantes: el 73,8 por ciento las consideró un problema importante, un porcentaje que ascendió al 79% en las escuelas de gestión estatal. Se sumó, a este punto, el ausentismo docente, mencionado por el 43,9 por ciento de los trabajadores de la educación –casi uno de cada dos educadores– y con mayor incidencia en instituciones estatales.
La cantidad de alumnos y alumnas por establecimiento también fue un factor determinante: las escuelas pequeñas (con menos de 100 alumnos/as) parecen contar con un mejor margen de adaptación frente a los desafíos educativos: presentaron mejores niveles de desmotivación docente o dificultades asociadas a la articulación entre asignaturas. En cambio, los colegios con una gran cantidad de matrícula mostraron posiciones más críticas frente a los cambios en el régimen académico, los sistemas de evaluación, con brechas que superan los 10 puntos.
La eliminación de la repitencia fue otro punto importante: si bien predomina una postura crítica sobre el reemplazo de la repitencia por un sistema de aprobado de materias –el 60,8 por ciento de los educadores se manifiesta en desacuerdo con la medida, especialmente en el caso de las y los docentes–, las posiciones varían según el contexto y el perfil de las escuelas.
El nivel de apoyo, que alcanza solo a 3 de cada 10 docentes, el 28,7 por ciento en términos generales, aumenta en las más pequeñas y, especialmente, en aquellas de menor ingreso socioeconómico (37,3 por ciento bajo frente al 17,1 por ciento medio y alto). El hecho de que casi un tercio del personal educativo todavía apoye esta medida muestra que el debate continúa abierto.
En orden de importancia, otra de las problemáticas identificadas en el nivel medio, fueron las inasistencias de docentes y estudiantes: el 73,8 por ciento las consideró un problema importante, un porcentaje que ascendió al 79% en las escuelas de gestión estatal. Se sumó, a este punto, el ausentismo docente, mencionado por el 43,9 por ciento de los trabajadores de la educación –casi uno de cada dos educadores– y con mayor incidencia en instituciones estatales.
“Estos informes muestran números aislados de la realidad: uno no puede pensar por qué los pibes o las pibas están desmotivados o muestran desinterés si no tienen, hoy, una perspectiva de futuro. En medio de estas políticas, en las que vivimos hace casi tres años, es muy difícil pensar por qué se ausentan de la escuela por un solo motivo. El estudio muestra un corte casi aséptico como si no viviéramos en esta realidad cotidiana, con las consecuencias que la economía, la política, la salud tuvieran sobre nuestras infancias y adolescencias o sobre por qué van o no a la escuela. De hecho, creo que, al contrario, uno de los espacios que más apoyan a los sectores populares justamente son las escuelas como puente y contención frente a estas realidades”, señala un exfuncionario bonaerense en diálogo con 4Palabras.
Un gran respaldo a la evaluación nacional y el rol de las familias en la escuela
El 65,2 por ciento de las y los educadores se mostró de acuerdo con la implementación de una prueba nacional estandarizada y opcional al finalizar la escuela secundaria, orientada a evaluar los aprendizajes en lengua, matemática, ciencias naturales y sociales. El apoyo a la medida se mantuvo elevado y homogéneo entre modalidades, cargos y tipos de gestión, consolidándose como una de las propuestas con mayor consenso dentro del sistema educativo.
Por otro lado, la posibilidad de ampliar la autonomía institucional de las escuelas generó expectativas positivas entre las y los docentes: el 91 por ciento identificó al menos un área que podría mejorar a partir de esta medida. El mayor consenso se concentró en las prácticas educativas vinculadas al mundo del trabajo, donde el 72 por ciento consideró que una mayor autonomía tendría efectos positivos. Este resultado expresa una demanda transversal por propuestas más flexibles y adaptadas a los contextos sociales y productivos de cada escuela.
Sin embargo, en las escuelas de menores ingresos socioeconómicos aparecieron mayores dudas y preocupaciones frente a algunas dimensiones de la autonomía institucional. Esto podría verse reflejado en una mayor cautela frente a la posibilidad de contar con menos herramientas o recursos para abordar problemáticas características de contextos de mayor vulnerabilidad social.
El rol de las familias en la escuela también se mostró como una preocupación fundamental: el 58,2 por ciento percibió un bajo nivel de involucramiento de las familias en las trayectorias educativas de los estudiantes. La proporción trepó al 73,1 por ciento en escuelas con bajos recursos y al 63,7 por ciento en aquellas de gestión estatal. Esta percepción convive con una postura crítica respecto a la posibilidad de crear un Consejo de Madres y Padres que tenga poder en las decisiones institucionales: el 47,5 por ciento se manifestó en desacuerdo con su intervención en la definición y desarrollo y el 70,6 por ciento rechazó su posible participación en la selección de equipos directivos.
El informe mostró, por último, un consenso amplio alrededor de la necesidad de avanzar sobre propuestas pedagógicas más participativas y centradas en las preocupaciones y problemáticas de las y los estudiantes. El 74,2 por ciento consideró que debería profundizarse el uso de metodologías activas en la enseñanza secundaria y el 62,1 por ciento sostuvo que la currícula oficial limita, en alguna o gran medida, la introducción de innovaciones pedagógicas en el aula.
En relación a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), a contramano de muchas medidas que se están tomando en distintos países de Europa con la limitación de los dispositivos, también predominó una mirada favorable: frente al debate sobre el uso o no de los teléfonos celulares, la opción más favorable fue su integración pedagógica (41,6 por ciento) por encima de la prohibición o la restricción en el aula.
El informe mostró un consenso amplio alrededor de la necesidad de avanzar sobre propuestas pedagógicas más participativas y centradas en las preocupaciones y problemáticas de las y los estudiantes. El 74,2% consideró que debería profundizarse el uso de metodologías activas en la enseñanza secundaria y el 62,1% sostuvo que la currícula oficial limita, en alguna o gran medida, la introducción de innovaciones pedagógicas en el aula.
Claudia Balagué: “Ahora estamos con una gran desmotivación y menos herramientas para la inclusión de las y los estudiantes”
“Ahora estamos con una gran desmotivación y menos herramientas para la inclusión de las y los estudiantes, por eso el estudio me parece muy bueno: refleja la percepción general”, reflexiona Claudia Balagué, exministra de Educación de la Provincia de Santa Fe –durante dos mandatos consecutivos— y actual legisladora del Frente Amplio por la Soberanía (FAS).
“Sin embargo, creo que en estos últimos años se descuidó mucho la inclusión. Hace diez años hubo un avance muy significativo en la Argentina y, también, en el resto de América latina. Pero, en estos últimos dos años, al carecer de políticas de Estado nacionales y provinciales que sigan fomentando la inclusión y la búsqueda de estudiantes para concluir la escuela secundaria, esto decayó de manera profunda”.
La exfuncionaria de Santa Fe reconoció “que hay una gran influencia del mundo digital” y “de la falta de concentración para prestar atención para un único tema en un tiempo determinado o prolongado a las redes sociales” y esto está afectando sobremanera a las y los jóvenes y adolescentes del nivel medio.
“Me parece muy interesante que se valore el uso pedagógico del celular en las escuelas. Tenemos una gran tensión, en ese sentido, entre la distracción y el poder conducir, por parte de los docentes, el uso pedagógico de esas herramientas, que es un gran desafío por delante. Lo ideal será apuntar a esto y realizar nuevos estudios y aprendizajes y experiencias de todo el mundo para mejorar las opciones”.
Balagué, además, remarcó que hay “una imposibilidad también de incorporar a las familias a medida que las y los chicos sea hacen cada vez más grandes” y sostuvo que sería “muy interesante, en ese mismo sentido, la integración de la comunidad educativa con distintos mecanismos que puedan darse en las instituciones como –por ejemplo— el impulso de las cooperadoras escolares que es una sola de estas herramientas para profundizar y mejorar la comunidad”.
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