Argentina / 25 mayo 2026

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A la diestra de Haroldo

A 101 años del nacimiento de Haroldo Conti, sus criaturas ficcionales abandonan las páginas para unirse en una emotiva caravana y celebrar su legado. Un homenaje al universo íntimo, la militancia y la vitalidad eterna de la literatura contiana.

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Imagen ilustrativa de Haroldo Conti

El asado celestial para el festejo ya está listo. Los personajes vienen avanzando por los caminos creativos de sus páginas. El viento del sudeste acerca al Boga en su barca humilde y humanizada. Desde las alturas, tan ad astra, va descendiendo lentamente el hombre-pájaro, Basilio Argimón. El tío Hipólito y la señorita Adela, bien novios, se han encontrado en Bar Alsina, y tomados de la mano se suman a la Gran Caravana que tierras adentro va haciendo desplazar al Circo del Arca: hacen gestos y saludos y el movimiento crece y crece cada vez más, como si una música de canto empezará a narrar en medio del paisaje: todos juntos al unísono por la misma causa. Aparece Lito, como un león, y le avisa a Alejo y a su otra gente en las alturas del techo de su casa. Lito y el viejo Silvestre dejan de girar alrededor de la jaula para sumarse también. Luego de dar varias vueltas de la Carrera de Fondo, el tío Agustín detiene su travesía y se une a la Gran Caravana, porque el día ha llegado. Lenta y neblinosa, la luz de la cocina Carelli ilumina las sensibles tramas de las historias y los personajes que secundan el andar de Mascaró y Oreste, tan delicadamente cerca de las devociones más perfumadas por la emoción del evento.

Entonces el maestro Marsiletti, con el señor Pelice, miran al Tata Cedrón, que afina bien la guitarra; mientras Juan Gelman repasa la lírica cuidadosamente improvisada: los versos de tristeza de la resistencia.

Él ve llegar a sus criaturas ficcionales. Los mira cada vez más cerca. Los observa cómo se van ubicando a la diestra, junto a su familia, con una enorme torta que tiene 101 velitas, que coronan en su flamante dorado chispear al asado celestial.

Lágrimas florecen de sus ojos claros y surcan hasta su boca húmeda; en ese mismo instante, todos juntos, reunidos en memoria y celebración, alzan musicalmente sus voces en diáfana armonía: ¡Feliz Cumple Haroldo! 

Debajo de la sombra del álamo carolina, en su raíz los verdes brotes florecen y sueñan que es un escritor disfrutando del asado celestial. Porque el festejo es redondo; una festividad redonda y perfecta como las teclas de la máquina de escribir, “justamente porque no hacen otra cosa que escribir” una y otra vez las historias del universo íntimo contiano. Eternas en su vitalidad.

 

*Federico Von Baumbach es licenciado y profesor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Es el autor del libro Haroldo Conti. Caminos al andar (Ediciones Godot).

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