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“El antifujimorismo en Perú es muy fuerte y por eso la elección va a ser muy estrecha”

De cara a la segunda vuelta del próximo 7 de junio en Perú se presenta un escenario de gran paridad entre la derechista Keiko Fujimori y el candidato de izquierda Roberto Sanchez. En diálogo con 4Palabras el sociólogo y politólogo Rolando Ames analiza las posibilidades y se refiere a las nuevas alianzas que pueden plantearse.

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Imagen ilustrativa de Rolando Ames

El 7 de junio próximo se celebrará en Perú la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre los dos candidatos más votados: Keiko Fujimori (Fuerza Popular, 17,2% de los votos) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú, 12,4% de los votos).  En tercer lugar se ubicó Rafael López Aliaga (Renovación Popular con el 11,9% de los sufragios). De la elección celebrada el pasado 12 de abril participaron 35 aspirantes a la presidencia, reflejando un alto nivel de fragmentación en el electorado. 

Rolando Ames (88 años) es abogado, sociólogo, politólogo, catedrático y político peruano. Fue miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación desde 2001 hasta 2003 y senador en el periodo 1985-1990. Actualmente ejerce como profesor principal del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú. En diálogo con 4Palabras el analista anticipa que habrá una gran paridad en la segunda vuelta electoral en la que disputarán la presidencia Keiko Fujimori y Carlos Sánchez. En un país en el que durante diez años pasaron nueve presidentes, Ames considera poco probable que una situación de este tipo vuelva a repetirse –pese a la fragmentación– porque existe una “nueva institucionalidad política que es más representativa y tiene más calidad”.

 

¿Cómo explicarle a un público no peruano los motivos de la gran fragmentación política en Perú?

Hay dos razones. Digamos primero que estas elecciones han sido diseñadas por el bloque que controló durante cinco años el Ejecutivo y el Congreso. Eso se ve.  ¿Cierto? Porque además era un bloque formado por derechas e izquierdas que negaban cualquier pacto político entre sí, pero que decidieron entenderse por repartijas en la gestión misma del poder. Eso dio lugar a un pacto muy lamentable. Y ellos han fortalecido el poder legislativo y específicamente han devuelto el Senado, que nosotros ya no teníamos, porque el congreso era unicameral.

Ahora han regresado al Senado, cosa que en principio es razonable, pero al hacerlo han concentrado el poder en el legislativo. Y en realidad somos una cosa rarísima, porque el régimen es formalmente presidencial, pero de facto lo están convirtiendo y ahora, ya con estas elecciones, va a ser un híbrido con más peso parlamentario. Eso ha originado que muchos hayan pensado que con llegar al Congreso ya hacen un buen negocio político pero, además, sobre todo económico. La imagen de que el político gana dinero ha entrado a la vida pública del país y entonces hay gente que se ha lanzado ahí a ver “si le liga”, como decimos aquí.

Ahora bien, hay otra razón más importante: en este país hay una marca de la colonia, la marca del racismo, que es todavía muy fuerte. Evidentemente nos estamos incluyendo, la gente “del Ande» (de la zona de los Andes) quiere incluirse en esta sociedad. Los grupos de poder económico mayor dicen que la gente “del Ande” quiere aliarse con Bolivia o con el surandino peruano, que es muy contestatario, algo que han llegado a atribuírselo a Evo Morales.

Pero lo real es que la costa ha votado de una manera y la sierra ha votado de otra. El oriente tiene poca representación. 

Entonces serían las dos causas, no hay solo una causa política de manipulaciones, poder congresal muy grande, idea de que se puede llegar por el Congreso a tener mucho poder. Tenemos sobre todo, no una polarización antagónica feroz, pero sí una desconfianza muy grande entre todos los peruanos. Nuestro índice de confianza es de los más bajos mundialmente.

Lo grave es que Keiko Fujimori no ha ganado en Lima, ha ganado en la costa, pero otro candidato de derecha (Rafael López Aliaga), más de derecha que ella, estuvo a punto de ganar en Lima, mientras que Sánchez ha barrido en los Andes.

 

¿En base a qué se generarían entonces alianzas para una segunda vuelta, partiendo de la base de la fragmentación inicial en 35 candidatos?

En realidad, en cierto orden, son cascarones de partido. Calculo que 15 sabían que no tenían ninguna opción. Pero de los 20 restantes 8 se presentaron con vocación perdedora. Tendríamos entonces 12 que podían jugar efectivamente para lograr una representación política.

 

Reitero, entonces, la pregunta. ¿Sobre qué bases se construirían las alianzas? Porque los dos, tanto Keiko Fujimori como Sánchez, necesitan alianzas…

Exacto, pero lo que pasa es que tienes un 40% de país al cual no le gustan ninguno de los dos. En términos electorales, la suma de ambos no llega al 40%. Entonces tienes un 60% que ahora está pensando qué diablos hace, y ahí van a funcionar alianzas pero solo entre los muy pocos partidos que tienen alguna raíz social y que pueden endosar votación.

Tenemos la novedad interesante de un partido de centro, más bien centro-izquierda, pero muy centro, que no lo habíamos tenido así. Es una novedad hecha por un politólogo, Jorge Nieto (n. dr r.: Partido del Buen Gobierno, 10,98% de votos en la primera vuelta), que siempre soñó con ser presidente y curiosamente le ha puesto un empeño a crear un partido y lo ha logrado. Nieto tiene representación congresal. Aún no lo ha dicho pero es probable que deje abierta la elección a sus simpatizantes.

La derecha dura del exalcalde de Lima, López Aliaga, peleado con Keiko, ha dejado en libertad, pero evidentemente esa votación va a ir en más de 80% para Keiko. A partir de allí tenemos una nueva elección, en el más literal sentido de la palabra. Las últimas pocas encuestas que se han empezado a hacer, han mostrado casi un empate. Una que se hizo hace 15 días daba casi empate, pero la última da cuatro puntos a favor de Keiko.

Es la primera vez que Keiko tiene, digamos, una oposición tan socialmente definida. Porque con esta segunda vuelta tienes una candidatura que a la mayor parte del sector medio y al sector alto, muy pequeñito, le viene macanudo porque consideran que ella es el orden. La publicidad de Keiko es que vuelve el orden. Mientras que el resto de gente se divide entre los que no saben qué hacer, que han estado apáticos frente a la elección, y grupos organizados, sociales, populares de las regiones, que sí quieren insistir en ganarle a Keiko Fujimori. El antifujimorismo en Perú es muy fuerte y por eso la elección va a ser muy estrecha.

 

Por otra parte: Sánchez ¿es la continuidad de Castillo? ¿Se diferencia? ¿No lo hace? 

Ahí otra vez, a diferencia de Argentina, con los temas peruanos no puedes hablar de política sin entrar a lo social, a lo étnico, a lo regional. Hay que ver lo que Sánchez tiene de común y de continuidad explícita es Castillo. Castillo le ha entregado su sombrero de campesino y ese es el sombrero que fue el símbolo de Castillo hace cinco años. Y ese fenómeno ha funcionado en el sentido que, por ejemplo, la votación del Perú rural favorece a Sánchez. Allí Sánchez tiene 50% de votos y Keiko sacó 10%, o algo por el estilo. Entonces, allí tienes una continuidad. Pero por otro lado, Sánchez es producto del régimen político institucionalizado. Siempre ha sido una persona de izquierda, pero desgraciadamente no es una persona que haya hecho una carrera como para ser efectivamente un candidato a la segunda vuelta.

Sin embargo se está produciendo una agregación. Los grupos de izquierda interesantes –que fracasaron en términos de apoyo masivo– están la mayor parte yendo con él. Pero hay mucha gente de izquierda que no se siente entusiasmada con un candidato que fue parte de la alianza con la derecha a la que me refería al comienzo.

 

¿Y entonces?

Te das cuenta que es una sopa bien difícil. Da todo para que haya empate. Hay un dato de esperanza para mí: vivimos cinco años con un régimen ejecutivo, legislativo muy compacto, impenetrable pese a sus diferencias profundas. Y una sociedad civil que protestaba o que si no protestaba rechazaba la ineficacia y la corrupción del régimen. El apoyo a los presidentes que han habido en estos cinco años, en promedio debe haber estado en 10% y llegó a 5%. O sea, el rechazo de la sociedad civil a la política y al régimen político era muy fuerte. Entonces, ahí es donde hay una nota de esperanza. Porque esta vez los sectores de sociedad civil críticos han logrado tener mucha más presencia en el Congreso. Tenemos casi un empate también en el parlamento de los Diputados, y en senadores una pequeña diferencia a favor de Keiko y López Aliaga que juntos tienen 30 votos sobre 60.

Pero te das cuenta que, por ejemplo, no pueden “vacar” (destituir) al presidente, algo que aquí empezó a ser un deporte. Eso no va a existir. Y ya ahora en la voz popular dicen que “no nos importe a quién va a elegir, porque igual lo van a censurar”. No, eso no va a ocurrir.  Ahora hay una institucionalidad política que pese a que ha sido manipulada, es más representativa y tiene más calidad. Ha entrado gente seria al Congreso y eso no ocurría. 

 

¿Debo entender entonces que el Congreso estará formalmente fragmentado pero va a lograr construir afinidades?

Eso, eso. Formalmente es así, pero va a ser más representativo y mucho más de lo que hemos tenido durante cinco años. Y quiero agregar algo más.

 

Sí, por cierto…

Hay mucha preocupación por la influencia americana en la región, en América Latina, pero en el caso nuestro, porque cuando ha habido momentos en que ha parecido colapsar el régimen, tememos muchísimo que seamos escogidos para poner orden desde Washington. Ese es un gran riesgo.

 

4Palabras

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