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Luciano Orellano: “La licitación del Río Paraná es un tema 100% de geopolítica mundial”
La seguridad nacional, alimentaria y energética, la soberanía, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y el dragado a 44 pies –que representa un verdadero ecocidio ambiental—, dice el escritor y militante santafesino, son los puntos que toca este nuevo embate contra uno de los ríos más importantes del mundo y donde hoy sale la mayor riqueza del país: el 80 por ciento de las exportaciones agroindustriales y automotrices de Argentina.
- mayo 24, 2026
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El Paraná es uno de los ocho ríos más importantes del mundo. Su cauce atraviesa siete provincias de Argentina, abarca cinco países –Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia—, en una extensión de 3.442 kilómetros hasta llegar al Océano Atlántico a través del estuario del Río de la Plata. El 80% de las exportaciones de granos del país se traslada en buques que navegan por su cauce o que recalan en los 70 puertos de su ribera, en su mayor parte en manos de empresas privadas y extranjeras, lo que representa unos 300 millones de dólares anuales.
Hace más de treinta años, en 1993, se licitó un tramo del río: una extensión que abarcaba unos 1200 kilómetros, desde el puerto de Santa Fe hasta el canal de Punta Indio, en la provincia de Buenos Aires. Solo ese tramo es la vía de entrada y salida del comercio exterior de Argentina, que ahora también busca quedarse con los servicios de dragado, balizamiento y peajes, un negocio multimillonario que la dragadora belga Jan de Nul busca apropiarse de nuevo por los próximos treinta años.
Luciano Orellano, autor de libros como Argentina sangra por las barrancas del río Paraná o Nacionalizar el comercio exterior, que forma parte del Foro por la Recuperación del Río Paraná, explica de qué se trata este nuevo saqueo que tendrá consecuencias sin precedentes para la Argentina, en un mundo marcado por el nuevo orden mundial que quieren establecer Estados Unidos y China, y que adquiere, en ese entramado, una singularidad sin precedentes.
Desde Timbúes, Santa Fe, hasta Buenos Aires, había siete puntos críticos en el río y se dragaba esa parte sobre la profundidad natural de 32 pies. Ahora alcanza los 39 pies porque se fue dragando cada vez más para el paso de los buques y lo que pretenden hacer es llevarlo a 44 pies, es decir, 14 metros más, con la movilización de 124 millones de metros cúbicos de sedimentos de barro, esto es, bajar tres metros más, por 100 metros de ancho y 500 kilómetros de largo, “lo que implicará cambiar de manera completa el curso del río, en un impacto ambiental sin precedente en toda la Cuenca, el Delta y sus humedales, lagunas, arroyos, bañados, que va a reventar toda la flora y la fauna que conocemos hasta ahora”, según Orellano.
¿Por qué esta nueva licitación del Río Paraná es tan trascendente para la Argentina?
Este es un tema 100% de geopolítica mundial, no es problema nacional, doméstico, pero tiene relación con nuestra vida cotidiana: estamos hablando de una vía fluvial que entra en el corazón de América latina, que abarca a cinco países con una unidad productiva común. El mundo, en materia de seguridad alimentaria, tiene un déficit de 700 millones de toneladas de proteínas. Esta región del Río Paraná y la Cuenca del Plata representa el 40% de esa seguridad alimentaria. Si hablamos del Paraná también estamos conversando sobre el Paso de Ormuz, tan famoso en la guerra de Irán, porque es un punto crítico en materia de seguridad energética mundial. Lo que estamos discutiendo acá es el trazo, la logística, de una de las vías fluviales que tiene ese punto crítico en materia alimentaria mundial.
“El Río Paraná es un punto crítico y tiene prioridad en el nuevo orden mundial: si no tenés comida ni agua, no tenés nada y menos cuando la perspectiva a corto plazo son estas guerras globales”, dice Luciano Orellano.
¿Cuál es la implicancia entonces en el entramado entre la guerra comercial entre Estados Unidos y China, con eje en América latina, para pulsar por estas licitaciones del río?
Siempre nos formaron de espaldas a reconocer que la Argentina es un país fluvio-marítimo: el 63% de nuestra patria es agua. Además, hay que pensar que, siempre, la colonización –desde los vikingos para acá—fue por mar. El que controla los océanos también lo hace con el territorio y el que controla el territorio somete o libera a los pueblos. Es la historia de la humanidad. El primer recurso estratégico que tenemos hoy, por eso, es el agua. El segundo en discusión es también el tema energético: es la base de la industrialización. El tercero, es la soberanía alimentaria. La semana pasada, en la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump –la más trascendente del año por el nuevo orden mundial— tuvo temas centrales en importancia: la principal debilidad estratégica que tiene China es su seguridad energética, por lo tanto afecta el conflicto con Irán y el estrecho de Ormuz. La segunda debilidad es en materia de seguridad alimentaria por su densidad demográfica: el principal puerto exportador de alimentos del mundo es Nueva Orleans, en Estados Unidos, con el que China después de esta guerra comercial con Trump reemplazó con la Cuenca del Plata (Trump lo llevó a la reunión porque perdió 30.000 millones de dólares en la venta de trigo, maíz y carne que fueron reemplazados por comercio con la Argentina). Por eso el Río Paraná es un punto crítico y tiene prioridad en el nuevo orden mundial: si no tenés comida ni agua, no tenés nada y menos cuando la perspectiva a corto plazo son estas guerras globales. Por eso todo el mundo viene por estas dos cosas.
¿Por qué los documentos que presentó el gobierno para esta licitación, donde citan un informe de Naciones Unidas, son apócrifos?
Toda esta licitación se construyó sobre un andamiaje legal, jurídico, institucional, totalmente viciado. Por eso puede caer en cualquier momento por la Justicia, por la movilización popular, porque nada es para siempre.
¿Cuál es el impacto social, ecológico, ambiental del dragado a 44 pies del Río Paraná?
Hoy hay una crisis en la cuenca del río, eso lo vimos cuando hicimos el recorrido y la travesía “Salvemos al Paraná” con la gente que vive, trabaja y habita las costas. Si a este río le hacen un dragado que cambie su curso (porque no es lo mismo dragar en los puntos críticos para el paso de los buques) pero donde se respetara su cauce y su profundidad será una cosa pero bajar a cuatro metros y modificar completamente el curso del río será otra bien distinta. Ya el Paraná no tiene los 32 pies naturales de su curso natural: se sumaron por lo menos cuatro más por la quilla de los barcos que necesitaban pasar por su lecho. Hoy quieren subirlo a 14 metros más, por 500 kilómetros de largo, 100 metros de ancho (que en algunos lugares puede alcanzar los 150 para el recalado y el fondeo de los buques) y que equivale a 124 millones de metros cúbicos de agua que ni siquiera dicen dónde van a ir ni qué impacto ambiental tendrán sobre toda la cuenca. En eso también es clave el trazo del río, con las tres bifurcaciones que tiene cuando entra al estuario del Río de la Plata: el Guazú, el Bravo y el Paraná de las Palmas. Esa es también la base de la defraudación de todo esto, con una ingeniería internacional para saquear un país, con las mismas empresas que se compran entre sí y que tienen como base a Nueva Palmira, que es un paraíso fiscal en Uruguay.
¿Por qué eso también es potestad de las provincias con su jurisdicción?
Las provincias son preexistentes a la Nación: tienen un derecho soberano sobre el lecho del río. Sin embargo, no lo hacen valer, están pintadas. Es un federalismo y un nacionalismo claudicante. En la provincia de Santa Fe tenemos 742 kilómetros de litoral del río y el gobernador ni corta ni pincha en estas decisiones. Han hecho una revolución cultural al revés para que la gente no tenga ni idea de lo que estamos hablando. Además, el trazo del río es muy importante porque son la base de la colonización: si mirás un mapa podés observar si un país es libre o esclavo. Si todos los trazos dan hacia afuera es por el saqueo; cuando tiene un sistema de telaraña, abanico o circular tiene como centro el desarrollo interno y la realización de las sociedades. Por ejemplo, en la conquista española todos los trazos iban a Potosí, porque eran de donde se extraía el oro y la plata, los caminos reales estaban subordinados a eso y por eso también dieron origen al nacimiento del puerto de Buenos Aires. No basta que tengas una montaña de oro si no que lo importante es cómo lo hacés llegar al destino que precisás.
¿Pero cómo se hace si no tenés salida directa al mar por el calado de los buques?
Ese es uno de los problemas: vos estás sentada en tu dormitorio y tenés que pedirle permiso a un vecino para ir a la cocina de tu casa. O sea, dar toda la vuelta para volver a entrar a tu casa. Los buques, para ir al mar argentino, tienen que pasar por Montevideo. Eso es un tema de seguridad nacional de primer orden. La Argentina está partida al medio, no se puede comunicar, por vía de un canal troncal, entre el Litoral fluvial y el Litoral marítimo. El proyecto del Canal Magdalena resolvía la cuestión, por ejemplo, para salir de aguas argentinas.
La firma belga Jan de Nul se convirtió en uno de los principales actores del sistema y pareciera que ahora vuelve a posicionarse como favorita en la nueva licitación. ¿Por qué este debate excede lo económico y tiene impacto directo sobre la soberanía nacional y el modelo exportador argentino?
Sí, aparentemente la licitación la ganará Jan de Nul, que desde hace treinta años tiene esta concesión del Río Paraná que es un fraude y también un ecocidio. Pero siguiendo las palabras de Manuel Belgrano “no seamos huérfanos de Patria”, porque lo primero que tenemos que hacer es no dejar que quiebren nuestro espíritu de querer recuperar lo nuestro, que no nos colonicen la cabeza, que sabemos que podemos modificar las cosas. Estos temas de soberanía que parecían lejanos, viejos, oxidados, de repente hoy cobran otra dimensión con la ley de Glaciares, los incendios, los territorios, la salud o la educación pública o la licitación de un río tan importante como el Paraná.
¿Cuál sería el modelo alternativo a la entrega total y completa de los ríos y sus recursos?
En la Argentina, con la creación del Estado Nación, en 1898, se constituyó un gobierno de la Cuenca del Plata, donde se establecieron bases por medio de la Dirección de Vías Navegables, en el Ministerio de Obras, con un patrimonio que era público. Después, en 1969 se hicieron también convenios con el resto de los países limítrofes. En la década del 90 se quitaron todos estos recursos y se lo apropió y robó una empresa privada y extranjera (que es la misma que ofertó la licitación ahora). Hoy tendríamos que recuperar esto, con un gobierno donde rija la soberanía de los Estados Nación durante los 365 días del año, que planifique, estandarice y organice toda una serie de actividades complejas como son el comportamiento del río, el curso del agua, los ciclos de lluvia, los pueblos y asentamientos de sus costas, los puertos, el poder de Policía, las vías troncales.
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