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Se diluye la promesa de las apps de delivery: crece el uso, pero baja el rédito a repartidores

Según un informe de Focus Market, el desfasaje frente a la inflación y la falta de regulación obliga a los trabajadores a pedalear hasta 15 horas diarias, sin descanso, para no caer en la pobreza. Radiografía de un sector en expansión que desvanece el sueño de ser "tu propio jefe".

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inflacion en apps

El uso de las aplicaciones de delivery crece día a día en el país y se convirtió en el salvavidas para muchos trabajadores. Sin embargo, su facilidad de acceso y su aura de modernidad esconde algunos claroscuros que encienden alarmas. Un informe privado mostró su creciente costo para los usuarios y el poco rédito que deja a los repartidores, quienes deben trabajar cada vez más horas para no caer en la pobreza. 

“El delivery argentino creció. Lo que no creció igual es el poder de compra de quienes lo usan ni de quienes lo hacen posible”. Esta sentencia no pertenece a un sindicato ni a un dirigente de izquierda. Es del informe de Focus Market, una consultora que trabaja con distintos actores del mercado. A partir del análisis de diferentes datos de consumo y costos, realizaron un panorama interesante de una actividad que se expande con prepotencia y seducción, transformando el comercio y las relaciones laborales.

Las grandes ganadoras de esta tendencia son las apps de delivery, encabezadas por PedidosYa y Rappi. Atrás, intentando ganar terreno, se encuentra Mercado Libre, quien metió la cuchara hace poco. Por el servicio que prestan (intermediarios esenciales entre consumidores y comerciantes) se llevan una jugosa comisión, pero esto presiona en los precios finales.

Quienes están en el medio de esta cadena son los repartidores, símbolos de una época que promete convertirlos en sus propios jefes y dueños de su tiempo. Algunos lo reivindican como la salida ideal y sencilla: solo basta bajarse una app para salir a la calle y ganarse un mango extra. No son pocos los que advierten la fragilidad de un sueño que se desvanece en jornadas extensas a la intemperie.

Uno de los que advierten esta situación es Nicolás Martínez, secretario general del Sindicato de Trabajadores Cadetes y Repartidores. “Aumentó muchísimo el número de trabajadores en las aplicaciones de delivery desde que asumió Javier Milei. Gran parte de los 300.000 puestos de trabajo formal que se perdieron en estos dos años, se volcaron a la economía de la plataforma como una salida rápida”, señaló Martínez a 4Palabras.

Este crecimiento de repartidores jugó en contra para los ingresos de quienes se mueven de aquí para allá llevando pedidos. “Hay menos trabajo y somos más repartidores haciéndolo; lo que da como resultado que tenemos que estar muchas más horas para llevar la misma cantidad de viaje que llevábamos en otro momento en una jornada laboral menor”, explicó Martínez.

El escenario para los trabajadores se complicó aún más en lo que va de 2026. “Vemos que antes la mayoría trabajaba entre 6 y 9 horas por día. Hoy están trabajando entre 10 y 15, sin día de descanso porque si paramos no llegamos”, describe Nicolás Martínez, secretario general del Sindicato de Trabajadores Cadetes y Repartidores.

Comisiones jugosas y precios que suben más que la inflación

En el último año, hubo un fuerte crecimiento en el precio de los productos más solicitados en las apps. Según el informe de Focus Market, un salario promedio RIPTE (en febrero fue $1.734.357) puede comprar hoy menos que en abril del año pasado ($1.402.607). Entonces, un trabajador podía comprarse 132 hamburguesas, hoy 116. Lo mismo pasa con pizzas (cayó de 79 a 69) y helados (de 71 kg a 62).

Esta fuerte caída en la capacidad de consumo se explica, en parte, por los aumentos de precios en las apps. Las categorías más pedidas en PedidosYa muestran subas interanuales en torno al 41%. Una hamburguesa, lo más pedido, pasó en un año de $10.600 a alrededor de $15.000; la pizza de $17.700 a $25.000.

Estos aumentos están muy por arriba de la inflación IPC medida por el INDEC. Las razones de este desfasaje son diversas. Una de ellas se desprende de las comisiones jugosas que cobran las apps.

PedidosYa cobra a los comercios entre el 25% y el 35% por cada venta; Rappi entre el 30% y el 35%. La diferencia radica en si el comercio usa su propia logística o no. Para competir, Mercado Libre cobra menos, un 13%.

Las comisiones no terminan ahí. A los consumidores les cobran, además, una “tarifa de servicio” de entre el 1,5% y el 2% del valor total del pedido. Esto ha sido cuestionado judicialmente por el gobierno de Axel Kicillof, por considerarlo una práctica abusiva. Por ahora no tuvieron suerte.

Los repartidores: menos rédito y más horas de trabajo

Una promesa todavía no se ha cumplido en el rubro: el crecimiento de las apps no derramó en los repartidores, obligados a recorrer las calles por más tiempo. El informe de Focus Market señala que en diciembre de 2025 cobraron en promedio $3.033 por pedido, sin contar propinas. Si se proyecta, para cubrir una canasta básica familiar necesitaron completar 454 pedidos mensuales. Es decir, 18 entregas por día, todos los días del mes. “La aritmética es brutal”, concluye el informe.

Este escenario se complicó aún más en lo que va de 2026. “Vemos que antes la mayoría trabajaba entre 6 y 9 horas por día. Hoy están trabajando entre 10 y 15, sin día de descanso porque si paramos no llegamos”, describe Martínez desde el Sindicato de Trabajadores Cadetes y Repartidores.

La opción de reclamar un aumento a las apps se vuelve un suplicio, una pared que solo genera respuestas automáticas. “Las empresas de aplicaciones fijan unilateralmente a través del algoritmo los precios y el cadete repartidor no tiene forma de negociación colectiva, no tiene paritarias”, dice Martínez, preocupado ante la situación precaria que atraviesa el sector. 

Una salida que intentan desde el Sindicato de Repartidores es la organización de los trabajadores, unir reclamos y romper la idea de colaboradores independientes. No sólo deben lidiar con el desinterés de la mayoría de sus colegas, sino también con la falta de reconocimiento por parte del Estado, que sigue sin otorgarles la personería gremial que les permitiría pelear en mejores condiciones con las apps.

Hasta dónde podrán llegar en este contexto es difícil saberlo. Más teniendo en cuenta que el actual gobierno ni siquiera los incluyó en la reforma laboral. Implícitamente, no los reconocen como trabajadores; como si ratificaran la idea de que “son sus propios jefes”. Una idea seductora, pero que todavía está lejos de convertirse en realidad.

 

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