Argentina / 19 mayo 2026

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Bullrich ya se ofrece como pieza de recambio

Ante la crisis social y el canibalismo explícito en el gobierno, la senadora se posiciona como el recambio de la derecha. Mientras el entorno de Javier Milei se paraliza en internas digitales y disputas de pasillo, la exministra acelera su desmarque político, respaldada por encuestas que ya la ubican por encima del presidente.

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Ante el deterioro geométrico de la imagen presidencial y una crisis social y económica que no encuentra piso, sino que se agudiza al calor del ajuste salvaje, la actual senadora Patricia Bullrich comienza a ofrecerse abiertamente como la pieza de recambio de la derecha argentina. En un gobierno de inexpertos, la ex ministra de Seguridad posee una virtud de la que sus rivales internos carecen por completo: un olfato casi zoológico para oler la descomposición del poder antes de que el cadáver empiece a enfriarse. Ya lo demostró en el gobierno de Fernando de la Rúa, del que se fue en noviembre de 2001, poco más de un mes antes de la caída del expresidente radical.

La interna del gobierno ya no es una sorda disputa de pasillo. Se ha transformado en un festival de canibalismo explícito que se agrava minuto a minuto. Los episodios de tensión política que antes eran semanales, ahora pasaron a ser diarios y exigen un seguimiento urgente. El último fin de semana expuso una degradación inédita, con cruces feroces en el barro digital de la red social X entre el “ministro sin cartera” Santiago Caputo y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Una cuenta atribuida a este último disparó munición gruesa contra Caputo, las figuras del gabinete y, lo que es aún más perturbador, contra los propios hermanos presidenciales. El silencio ensordecedor de Javier y Karina Milei frente a este desacato confirma la parálisis de un vértice que solía autopercibirse como un «triángulo de hierro». Menem ensayó una desmentida tardía culpando a su community manager en un mensaje de WhatsApp, pero las desconfianzas mutuas quedaron expuestas en la superficie.

La situación ha adquirido tal nivel de gravedad institucional que funcionarios de primera línea, bajo un estricto off the record que trasluce pánico, ruegan que el presidente ordene la pelea y tome las riendas de un barco a la deriva. «Está todo descontrolado. Javier no interviene y es el único que puede ordenarlo», confiesan las fuentes con desesperación, alarmadas por el quiebre absoluto entre el karinismo y Las Fuerzas del Cielo de Caputo. 

El síntoma definitivo de esta descomposición política fue la suspensión preventiva de la reunión de la mesa política de La Libertad Avanza prevista para hoy en la Casa Rosada. El temor a que el encuentro entre Karina, Santiago Caputo, los Menem, Manuel Adorni y la propia Bullrich se convirtiera en un club de enemigos íntimos obligó a congelar la agenda legislativa justo antes de una semana clave en el Congreso, donde se debaten proyectos sensibles como la ley de “hojarascas” del ministro desregulador Federico Sturzenegger (otro que supo integrar varios gobiernos).

Ante la aceleración evidente de este escenario de colapso, Bullrich acelera su desmarque de forma decidida. Considera que el tiempo de la obediencia debida terminó. La jugada había arrancado semanas atrás, cuando decidió salirse de la posición oficial en el complejo caso de las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito contra el vocero devenido en jefe de gabinete, Manuel Adorni, exigiéndole públicamente que presente su declaración jurada de bienes y patrimonio. Un atrevimiento que le valió una reacción furiosa del mandatario en la Casa Rosada, quien defendió ciegamente a su funcionario antes de dar un portazo que cerró la reunión de gabinete. No conforme con ello, Bullrich redobló la apuesta con una definición descarnada sobre su jefe político: «Tiene una emocionalidad importante», lanzó sin anestesia, una sutileza retórica para diagnosticar la inestabilidad de quien conduce los destinos de la nación.

Hoy, la ministra observa con paciencia de cirujano cómo se desploma el gobierno libertario mientras el presidente se ausenta de la gestión diaria para dar clases de economía en universidades privadas. Las encuestas de la consultora Zuban Córdoba comienzan a convalidar su estrategia de posicionamiento: al sumar la intención de voto «seguro» y «probable», Bullrich ya lidera el potencial electoral de la derecha con un 32%, relegando a Milei al segundo lugar con el 31,4% y cargando este último con el mayor rechazo del electorado, que alcanza un 57,2% bajo la categoría de «nunca lo votaría».

Patricia Bullrich no solo se anota en la carrera hacia la postulación presidencial de 2027. En los despachos más reservados del poder real se murmura que, ante la velocidad de la crisis y el ruido que la política le irradia al plan económico del ministro Luis «Toto» Caputo —quien ya expresa su profunda incomodidad—, ella podría actuar como el resorte institucional definitivo en una eventual Asamblea Legislativa si la gobernabilidad termina de estallar. La «nueva esperanza» de la derecha ya no viste de león; tiene el rostro pragmático y el traje de fajina de quien siempre está lista para heredar el desierto.

 

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