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Bajo la luz de Haroldo: a cincuenta años de su desaparición 

A cincuenta años del secuestro y desaparición de Haroldo Conti, la escritora y docente Ángela Pradelli comparte unos fragmentos de su obra, en la que pone el foco en el rol de Gabriel García Márquez y Pedro Orgambide en la campaña internacional por su búsqueda.

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Imagen ilustrativa de Haroldo Conti

Les cuento una curiosidad que me ocurrió cuando empecé a escribir el libro sobre Haroldo Conti. Fueron muchas, pero cuento esta. La noche que di una clase sobre La importancia de los testimonios en la escritura, supe, por una de las participantes, que en 1994 un grupo de estudiantes de periodismo le habían hecho una entrevista a Pedro Orgambide, que la habían grabado en un casete tdk de 60 minutos y que su contenido no había circulado nunca. La grabación estaba guardada desde hacía treinta años en una caja, ¿se habría salvado? Unos días después me llegó el casete en cuyo frente decía: Orgambide habla sobre Haroldo Conti 5/94. Oro en polvo. Dejó aquí unos pocos renglones.

Pedro Orgambide y Haroldo se conocieron en 1960. Es muy difícil vivir con ciertas ausencias, dice Pedro Orgambide, la de Haroldo es una de las ausencias más difíciles de soportar. Nosotros nos encontrábamos en los cafés, en algún acto político, muchas veces en la calle, nos visitábamos en nuestras casas. No recuerdo que participáramos en reuniones literarias. 

Hacía ya dos años que yo estaba en México cuando a él lo secuestran, dijo Orgambide. Llegó un llamado telefónico el mismo día, apenas dos o tres horas después del secuestro. El momento en que recibí la noticia para que hiciéramos algo lo más rápido posible fue terrible, pero aún existía la esperanza de ver si se podía salvar una vida. Salvar una vida, salvar a Haroldo. Ese día llovía, era un diluvio. La ciudad de México estaba inundada, recuerdo los cables que se habían caído, el atascamiento en las calles. Llamé a las personalidades que conocía y con las que estaba vinculado. Yo sentí tanta soledad, era el inicio de la dictadura y aún no habían llegado a México tantos compañeros. Pero había que hacer algo, moverse rápido para salvar a Haroldo, había que juntar firmas, mandar telegramas y tratar de mover a los diputados de México y de otros países, comunicarse con personalidades importantes que pudieran de alguna manera influir sobre los dictadores. Hice varios llamados y salí a la calle en medio del diluvio. Yo pensaba que podíamos salvarlo. Recorrí los diarios para comunicar el secuestro de Haroldo, pedí que saliera la noticia al día siguiente, les rogaba que en lo posible saliera en primera plana. Yo pensaba: En este momento, en el mundo debe de haber mucha gente recibiendo la noticia del secuestro de Haroldo.  Me encontré con Gabriel García Márquez en la puerta del diario Excelsior. Él conocía a Haroldo y había leído su obra. No paraba de llover. García Márquez ya era por entonces un escritor muy famoso, le dije que era muy importante que se diera el anuncio del secuestro de Haroldo con su firma y que convocara a todos para pedir por su liberación. Subimos juntos a la redacción para que él redactara la noticia. Yo escribí el telegrama para mandárselo al dictador Videla. Cuando terminamos él me dijo:  

-Yo lo voy a acompañar a juntar firmas para el telegrama. 

En medio de la tragedia del secuestro de Haroldo, bajo el diluvio, mientras caminábamos con García Márquez, de pronto sentí ese soplo vital que tienen los libros de Haroldo, fue como una oleada de vida en el oleaje real. 

Creíamos que íbamos a poder detener la mano del criminal. 

4Palabras 

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