Argentina / 2 mayo 2026

temperature icon 16°C
Edit Template
  • Cultura
  • /
  • Un punto oscuro: tejer el duelo junto a otros

Un punto oscuro: tejer el duelo junto a otros

La obra teatral de Agostina Luz López convierte el duelo en un rito de hilos y lecturas. En la sala Zelaya, tres hermanas tejen la memoria de un padre que se desvanece, transformando la pérdida en una casa de lana. Una reflexión sobre los rituales compartidos y la urgencia de sostener el recuerdo ante el vacío del tiempo.

Compartir:

Compartir:

Imagen ilustrativa de obra Un punto oscuro

El tiempo se detiene en el umbral. Tres hermanas habitan el espacio donde la vida de un padre comienza a diluirse, una transición que Agostina Luz López captura con delicadeza en Un punto oscuro. Luego de su paso por el Complejo Teatral San Martín, la obra encuentra en la sala Zelaya del Abasto su espacio natural. La puesta funciona como una ceremonia íntima puesta a la luz, donde la pérdida se transita a través de la lectura y el tejido. 

Como en una versión despojada de Mujercitas, el clásico de Louisa May Alcott, las protagonistas intentan retener el último aliento de ese padre mediante relatos que actúan como puentes para transformar el estado de los cuerpos.

La escenografía es mínima y precisa. La lana (y los libros) ocupan el centro de la escena como un elemento vivo. Es calor, es abrazo, pero sobre todo es tiempo materializado. El tejido crece función tras función, una labor manual que simboliza la construcción de una nueva casa ante el derrumbe de la figura paterna. En ese ejercicio de entrelazar hilos, los recuerdos se disparan sin orden jerárquico. Aparecen los gestos cotidianos, las anécdotas mínimas, los gustos compartidos. No hay un intento de santificar o edulcorar la memoria: afloran las luces y las sombras de una vida que se apaga, poniendo en juego todos los sentidos del espectador.

El elenco sostiene esta atmósfera de irrealidad y presencia con solidez. Hay lecturas, cantos y silencios. Amalia Boccazzi, María Villar y Felipe Saade acompañan el despliegue de Carolina Saade, quien entrega una actuación deslumbrante. 

La bulería “Todo es de color” irrumpe a saltos, trayendo un eco gitano que pide comprensión para el que sufre y enseña lo bello de la vida en medio de la herida.

Todo el mundo cuenta sus penas / Pidiendo la comprensión / Quien cuenta sus alegrías / No comprende al que sufrió / Señor de los espacios infinitos / Tu que tienes la paz entre las manos / Derrámala Señor te lo suplico / Y enséñales a amar a mis hermanos…

 

***

 

El domingo en el que vimos Un punto oscuro había comenzado temprano con un viaje a San Pedro. Fuimos a despedir a Ana, una amiga querida de mis suegros, dama coqueta y distinguida. Estábamos ahí para acompañar a Ricardo, su esposo. Con dolor apenas disimulado, mi suegra Alicia reflexionaba sobre cómo los recuerdos se difuminan cuando empiezan a faltar aquellos que pueden completarlos. La memoria es una materia esquiva que se desvanece como agua entre los dedos cuando los testigos de una historia compartida empiezan a retirarse del mundo.

Siempre creí en la necesidad de los velorios. Son rituales que nos permiten estar,

despedir, otorgar un lugar al necesario duelo. Hacer presentes a los que se van, celebrar su paso por la vida. 

En Argentina, el duelo tiene otras capas. Pienso en las Madres, en las Abuelas, en los hijos e hijas de desaparecidos. Familias que nunca pudieron cerrar ese ciclo ante cuerpos ausentes, identidades robadas y una incerteza que se perpetúa desde hace más de cuatro décadas. Pienso también en las guerras actuales que aceleran la muerte, que no permiten ningún rito de despedida.

La propuesta de Un punto oscuro resuena más allá de la ficción. Ante la

fragilidad de la existencia y la finitud de los cuerpos, solo queda la posibilidad de tejer la memoria junto a otros. Arroparse en la lana que crece, en el abrazo, en la palabra que consuela y trae al presente. Al final, los recuerdos son los ladrillos con los que construimos esa casa común donde –aunque la figura del padre se diluya– la vida encuentra una nueva forma de seguir fluyendo.

 

Un punto oscuro

Texto y dirección: Agustina Luz López.
Con Amalia Boccazzi, Carolina Saade, Felipe Saade, María Villar.

Domingos a las 20.

Zelaya 3134, Abasto, CABA.

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Temas relacionados

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado

Publicidades

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: