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Votar de espaldas, reprimir de frente: el país paralelo de la superestructura

La reforma laboral, las maniobras en el Senado, el protagonismo de Bullrich y la represión en la calle. Un gobierno envalentonado que maneja la agenda y desconoce cualquier opinión distinta a la propia. Kicillof presidente del PJ de Buenos Aires y la intención de construir una alternativa nacional.

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Bullrich

Una semana movida… en todos los sentidos. Que, afortunadamente, cerró con los festejos de San Valentín. ¡No…tranquilidad!… ni se me ocurre hacer comentarios sobre el particular –no es mi tema-, a pesar de que en 4Palabras no lo pasamos por alto. Te invito a que visites esas notas. Este equipo periodístico apuesta siempre al amor en todas las formas y niveles: en lo personal, lo comunitario, lo colectivo. También en la política.

En este último –la política– la realidad argentina nos sigue presentando una disociación entre lo que ocurre en las superestructuras institucionales y la vida cotidiana de las personas. Son como dos esferas paralelas que de ninguna manera parecen cruzarse. A modo de ejemplo: aunque el tema de la reforma laboral está instalado en la agenda pública, la mayoría de los ciudadanos tiene una información general o fragmentada y basada solo en lo que aportan las redes sociales. No hay conocimiento profundo de la letra chica del proyecto de ley. Ni qué decir de la disociación entre el Índice de Precios Caputo (IPC) y los precios que vos pagás en el supermercado. Pero sigamos. 

Es parte de la estrategia del oficialismo gobernante no facilitar información para el debate público y la consideración. La gestión de gobierno de La Libertad Avanza (LLA) se ha caracterizado por esconder o falsear la información (¡hola Marco!… gracias por los servicios prestados en el INDEC) y por golpear con sorpresa en temas que son vitales.

En el caso de la reforma laboral ésta fue la estrategia de la senadora Patricia Bullrich, presidenta del bloque oficialista en la cámara alta. Ni los senadores sentados en sus bancas conocieron hasta último momento lo que poco después aprobarían. Y hasta en el oficialismo se sorprendieron con algunos artículos (por ejemplo, el que regula las licencias por enfermedad). La única reacción es “yo no fui..” y mirar para el costado. Donde otra/o abrirá los brazos para decir… “yo tampoco”…, aunque la mayoría votó a favor. El daño está hecho, nadie fue y nadie se hace cargo. Aunque, en realidad, esto tampoco importe demasiado porque, por sí o por no e independientemente del texto de la iniciativa legal, el sentido de la votación se decidió en negociaciones paralelas, de espadas a la ciudadanía y relacionadas -en algunos casos- con fondos para las provincias y, en otros, en cuestiones más personales que ahora no aparecen… pero que se conocerán con el tiempo. ¿Te acordás del ex senador Edgardo Kueider que intentó contrabandear dólares hacia Paraguay y quedó preso en el país vecino? Finalmente todo se sabe… aunque cuando ocurre tarde solo sirve para la revisión histórica.

Con pocas excepciones, tampoco la oposición política y las agrupaciones gremiales realizaron una tarea de pedagogía política para informar a la ciudadanía e instalar el debate. Sigue la asignatura pendiente. Se podrá argumentar que el sistema corporativo de medios opera en favor del oficialismo. Es verdad. Pero falta más audacia que recursos para superar ese obstáculo. Y el problema ni siquiera vale como excusa para justificar la anomia política y participativa instalada social y culturalmente.

Así las cosas la media sanción de la reforma laboral pasó su aprobación de espaldas a la ciudadanía. Salvo, claro está, por lo acontecido en la plaza frente al Congreso

Estos hechos merecen una consideración aparte.

No es difícil concluir que la estrategia del oficialismo consistió en minimizar la movilización sindical que superó las previsiones a pesar del poco entusiasmo que puso la dirigencia de la CGT. El verdadero peso de la manifestación recayó en los sindicatos del Frente Sindical Unido. Parece que a “los gordos” lo único que les interesó es que no le toquen su caja.

Las fuerzas de seguridad dejaron actuar a los revoltosos que montaron su fábrica de bombas molotov a pocos metros del vallado y alejados de la masa de las columnas de manifestantes que prefirieron tomar distancia para no verse implicados en hechos violentos. 

El hecho se parece demasiado al episodio ocurrido el 12 de junio de 2024 en las inmediaciones del Congreso y en medio de una protesta contra la “ley bases” cuando un móvil periodístico de Cadena 3, que estaba rodeado de policías, fue incendiado sin que hasta hoy se hayan conocido los posibles autores. Orlando Morales, el periodista a cargo del auto, dijo que se trató de un ataque “preparado” y muy sospechoso.

¿Por qué ahora las fuerzas represivas permitieron estos hechos? ¿Por qué más allá de las declaraciones altisonantes de la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva estos agresores no fueron detenidos a tiempo y en el lugar de los hechos cuando aún no se votaba en el Senado? ¿Por qué después los efectivos policiales salieron “de cacería” por las calles aledañas para detener al boleo? ¿Cumplían una orden de apresar para llenar un cupo de personas ahora acusadas de “terrorismo” sin ningún fundamento? Es parte del discurso oficial. Rodolfo Aguiar, secretario general de ATE, afirmó que la protesta estuvo «llena de infiltrados» enviados para provocar incidentes y justificar la intervención policial.

Sin adelantarnos a lo que pueda pasar en Diputados –puede haber algunos cambios pero no sorpresas mayores– se puede sostener que -al menos por el momento- la ganadora política de este capítulo es la senadora Bullrich. Porque –más allá de las 28 concesiones que tuvo que introducir en el dictamen original como fruto de negociaciones con diferentes actores- logró el propósito de aprobar la ley, y quebró la unidad del peronismo. Todo ganancia… aunque al triángulo de hierro de la Rosada le haya caído muy mal el despliegue de autoelogio que se dispensó Pato.

De cara a la opinión pública, Bullrich -que sigue controlando la estrategia represiva a pesar de que formalmente dejó de ser ministra- mantuvo su “protocolo” anti piquetes, mostró firmeza en la represión y creó un escenario del que se sirvieron los medios corporativos de comunicación tanto para justificar el accionar de la policía como para minimizar y calificar de “fracasó” la movilización promovida por los rebeldes del sindicalismo. Continúa sumando… con la mirada puesta en 2027.

Como ya lo dijimos el oficialismo sigue manejando la agenda política y comunicacional. Pone los temas sobre los que se habla y establece los parámetros del debate que -como también observamos- deja permanentemente al margen a la ciudadanía y a las organizaciones e instituciones que la representan.

Quedó claro el jueves en Diputados, cuando los representantes votaron en un trámite exprés la reforma del Régimen Penal Juvenil, casi con el exclusivo propósito de bajar a 14 años la edad de imputabilidad de los adolescentes que cometan delitos violentos. No hubo espacio ni consideración a la opinión contraria y reiteradamente expresada por instituciones como la Iglesia Católica, UNICEF, del nivel académico y profesional, y de quienes trabajan con infancias. Milei y el gobierno solo aceptan su propio criterio, sus aliados lo consienten mansamente y la oposición fragmentada -al menos por el momento- no encuentra la forma de oponer resistencia.

Sobre la cuestión de fondo, el abogado especialista en derecho penal juvenil Leandro Constanzo resumió en una frase lo que muchos sostienen: “Cuando la sociedad y el Estado llegan tarde quieren castigar temprano”. Agregó que “se pretende suplir con el derecho penal lo que no se hizo con políticas sociales, educativas y de salud” y, en consecuencia, “el sistema penal termina siendo la primera respuesta ante un conflicto que es, en esencia, la última etapa de una cadena de ausencias estatales». Ausencias en las que el texto de la nueva norma ni siquiera se detiene.

Envalentonado y sin una resistencia organizada frente a sí, el gobierno quiere aprovechar la coyuntura favorable con el doble propósito de mantener su iniciativa en el control de la agenda política e imponer los cambios normativos y, en lo posible, estructurales que le exigen sus mandantes internos y externos. 

Por eso ya se anuncia la decisión de extender el periodo de sesiones extraordinarias del Congreso para imponer en ese marco una nueva versión de la ley de financiamiento universitario, pese a que existe una ley vigente aprobada, vetada, luego confirmada por los legisladores y posteriormente judicializada. Desde Casa Rosada impulsan ahora una nueva versión acorde con el eje de la política económica mileista: equilibrio fiscal y “déficit cero”. El movimiento se da después de que la administración de Javier Milei apelara la medida cautelar que obliga a la aplicación de la ley de financiamiento universitario, y luego de una reunión reservada entre representantes del Gobierno y autoridades universitarias. Por las universidades participaron Carlos Greco (rector de la Universidad Nacional de San Martín) y Franco Bartolacci (rector de la Universidad Nacional de Rosario), presidente y vice respectivamente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN). “Hay diálogo, pero estamos lejos del acuerdo”, confió a 4Palabras una fuente cercana a los rectores, que también ratificó que “la ley está vigente y hay una resolución judicial que obliga a cumplirla”. Las universidades denuncian una situación «crítica» debido a que los presupuestos proyectados para 2026 estarían significativamente por debajo de las necesidades operativas y salariales. Peligra el inicio de clases.

No se descarta que también en extraordinarias el gobierno intente introducir un nuevo proyecto de ley sobre reforma política (que incluye entre otros temas la eliminación de las PASO y el cambio de la financiación de los partidos) que en su momento figuraba en la llamada “ley bases” y que quedó descartado en esa oportunidad.

En una mirada a este panorama no debería excluirse la pulseada salarial que le ganaron los policías santafesinos a Maximiliano Pullaro. El gobernador –uno de los principales aliados de Milei– tuvo que recular en chancletas no solo en defensa propia, sino por el temor de la Rosada a que el levantamiento policial en Santa Fe se regara por el país como una onda expansiva. En la historia argentina no faltan antecedentes de hechos similares. Cuando el levantamiento en Santa Fe todavía no se había resuelto, Rogelio Frigerio, gobernador de Entre Ríos y otro de los aliados incondicionales del mileismo, se curó en salud y se apresuró el jueves en anunciar un aumento para su propia policía. Abrió el paraguas antes de que comience la lluvia. ¿Toto Caputo les facilitará fondos a ambos para pagar el aumento a la policía? ¿A cambio de qué… más? 

Sí, sí…ya sé… ¿qué pasa con la oposición?

Consolidado el acuerdo para que Axel Kicillof asuma la presidencia del Partido Justicialista en la provincia de Buenos Aires se dio un paso significativo para reordenar las fuerzas opositoras. Sin que ello pueda indicar –de ninguna manera– que las diferencias están zanjadas. El gobernador bonaerense ratificó la idea “de trascender la estructura partidaria tradicional” para construir “una alternativa nacional”. En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) insisten en que «con el peronismo solo no alcanza» y que el 2026 debería ser un tiempo para estructurar una fuerza política amplia basada en acuerdos básicos en torno a un modelo político-económico que confronte con el de Milei. Será –dicen— la manera efectiva de disputar la centralidad de la arena política a LLA. 

Para Kicillof –que no quiere abandonar la gestión provincial– hay que fortalecer la unidad, terminar con las internas y la construcción «tiene que ser nacional, porque los problemas son nacionales». Aunque el gobernador se resiste a hablar del tema, sus allegados leen este paso como la consolidación de su camino hacia la candidatura presidencial en 2027.

Aunque pocos lo mencionan –seguramente porque no hay respuestas a la vista—el gran interrogante sigue siendo cómo recuperar la atención y el favor político de las generaciones sub 40, encontrar una metodología para construir desde abajo y con escucha atenta, que habilite el lenguaje apropiado y una pedagogía político comunicacional capaz de entusiasmar presentando la posibilidad de un futuro diferente. Mientras esto no ocurra, el mileismo seguirá reinando en soledad con proyecciones incluso favorables de cara a una reelección presidencial en 2027.

Michel Godet, teórico de la prospectiva, sostiene que hay que «aclarar la acción presente a la luz de los futuros posibles y deseables» y que «el futuro no está escrito, sino que queda por hacer». Agrega el francés que para evitar tendencias fatales hay que tener la capacidad de imaginar futuros diferentes y que solo así se puede saber –con relativa certeza– qué es lo que se puede y se debe hacer hoy. De eso se trata.

 

4Palabras

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