Argentina / 23 abril 2026

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El humor es cosa seria 

Un recorrido por esta herramienta política y existencial capaz de desacralizar pedestales, denunciar desigualdades y quitarle el velo a nuestras penas más profundas. El humor en la literatura funciona como una revuelta contra lo normalizado.

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el humor es cosa seria

¿Cuántas veces buscamos complicidad a través de la risa? ¿Cuántas veces el humor nos permite hablar de lo que nos perturba, de lo normalizado, de la falta de dinero, del sueldo que no alcanza, de la soledad que nos ahoga, los gobiernos crueles que nos “ahorcan”, de los problemas de pareja, de los mandatos? ¿De qué nos reímos cuando nos reímos? El humor es una manera de “llegar al hueso”, asegura la poeta Celia Iribarne. En una entrevista que le realicé el año pasado aseguró que acudiendo al humor se puede inclusive ser más “duro”. 

La escritura primero desacraliza y después acude al humor. Cortázar dice sobre este tema: “la intención es siempre desacralizar, echar abajo una cierta importancia que algo puede tener, cierto prestigio, cierto pedestal. El humor está siempre pasando la guadaña por debajo de todos los pedestales, de todas las pedanterías…”.

Me viene a la mente “Canto nupcial (título provisorio)” de Susana Thenon: “y a veces/ cuando juntaba yo el coraje de llamarme/ para decirme: hola ¿estoy bien?/ yo me hacía negar” escribe. Y más tarde: “al final ni disimulaba yo/ cuando yo me requería// me daba a entender/ finamente/ que me tenía podrida// y una vez dejé de llamarme/ y dejé de llamarme/ y pasó tanto tiempo que me extrañé/ entonces dije/ ¿cuánto hace que no me llamo?/ añares/ debe de hacer añares/ y me llamé y atendí yo y no podía creerlo/ porque aunque parezca mentira/ no había cicatrizado/ solo me había ido en sangre/ entonces me dije: hola ¿soy yo?/ soy yo, my dife, y añadí:/ hace muchísimo que no sabemos nada/ yo de mí ni mí de yo/ ¿quiero venir a casa?”. 

En este desdoblamiento aparece el hartazgo de sí misma, pone en cuestionamiento la idea de un yo reconocible, natural, consciente. Señala la falta de entendimiento de uno mismo, la búsqueda frustrada del amor en otros, la vuelta al sí mismo, etc. El poema sigue y no dejamos de reírnos y de entristecernos a la vez.

La escritura primero desacraliza y después acude al humor. Cortázar dice sobre este tema: “la intención es siempre desacralizar, echar abajo una cierta importancia que algo puede tener, cierto prestigio, cierto pedestal. El humor está siempre pasando la guadaña por debajo de todos los pedestales, de todas las pedanterías…”.

Beto Elías, poeta santiagueño, escribe “Tinder de pueblo”, un poema que indaga la soledad, el ser humano como elemento de consumo, el sujeto que dice puesto a la oferta y la demanda en las aplicaciones de citas, el amor: “No hay nadie nuevo cerca de ti./ No hay nadie nuevo cerca./ No hay nadie nuevo./ No hay nadie cerca./ No hay nadie./ No hay nuevo./ No hay cerca./ No hay.// Nadie nuevo no hay./ Siempre/ Cerca de ti no hay nadie./ Nunca// Nadie hay cerca./ Nadie hay nuevo./ Nuevo nadie./ No hay./ ¡Ay no!/ Cerca de nadie./ Cerca nadie./ Cerca no./ No./ Cerca de ti./ Nadie”. Y nos reímos simplemente porque quién podría encontrarse en una aplicación de citas en un pueblo con tan pocos habitantes. Pero la persistencia de la búsqueda, el hallazgo frustrado, la soledad permanente nos dan en la cara.

El hartazgo de sí que enuncia Thenon, la soledad que acierta Elías, aparecen velados por el humor, velados o expuestos, dichos de otro modo. 

También el poeta entrerriano Martín Pucheta trabaja el humor. En su poema “Yoeta”, escribe: “es que ando muy yoeta, sabés/ y necesito otrearme un poco// te parece entuyarme un rato/ envosearme sin más// tu charla me orea/ me vueloempoza lindo/ a la luz de mi sombra// habría que decir tu escucharla// y ahí mis palabras en un ténder/ de barrancas y el espíritu/ en sábana al aire/ prendida de los pájaros/ el alma a secas// y ahí sí/ me animo a escribir/ con la tinta de mi pulpo// y escribir es inyectarse del propio veneno/ con la dosis de un trazo// es que ando muy yooso/ parayoico en demasía/ y quería otrearme un poco// demasiado enyoado/ demasiado ampuyoso anquiyosado/ demasiado inmiscuido en mis cuitas// al punto que me ahogo/ en el vaso de mí// y una gota me rebalsa/ esa/ que no cae/ nunca// maldito/ yoseído en demasía// pero si vos me entuyás/ si me das con tu siasmo/ me corta, viste/ me circuita// y no es/ que santo remedio y ya está/ pero tu te enclítico afloja/ el yo encarnado/ en el verbo// esa carga/ esa cruz// y mira, sabés qué/ venía bien mi soledad/ la tenía poblada// pero se fue ensimismando/ por miedo, no sé, por yohibición/ y se volvió yoledad// y se enjoyó/ y se rayó sin rallar/ y hasta yovía en vez de llover// mirá, ya escribirte/ me entimismó/ me envoscuró un cachito// me quedo por acá/ por si querés otrear un toque// unir de lejos los vasos vacíos/ con el hilo que cortamos del yoyó/ y llenarlos de oído y de voz// de patio a patio/ de un árbol a otro/ por esta medianera de cielo/ o su aujerito/ o su ladrillo suelto/ por este horizonte// filamento/ que prende aún/ esa luz/ de distancia// estamos en contacto// tuyo/ quien escribe”.

En todos estos poemas las aquello sobre lo que se hace humor disminuye su importancia, muestra también dónde está lo verdaderamente importante que parecía velado.

El humor en poesía no sólo tiene que ver con el yo, la soledad, el amor, también cuestiona (la poesía siempre está en revuelta) la posición de las “cosas” y de los “cosos”, usando la metáfora de Arlt para referirse a las personas. 

El poeta Juan Meneguín escribió “Libelo 4×4”, aún inédito. El poema comienza: “Amarok!/Amarok!/ Amarok!/ Ama rock?/ No. Ama soja. Ama rrete./ Qué rabia que te tengo Amarok,/ tan blanca tan prepotente/ metiéndote por calles atestadas/ donde no calzan ni los deliveris en bici,/ con tus zapatos BF Goodrich/ qué ganas de aplastar a todo el mundo, verdad Amarok?/ Tan blanca y prepotente/ como patrullando autopistas autovías 14/ el turbo a pleno/ directo del silo bolsa al banco sin escalas ni piedad/ detrás de las chatitas de los chacareros empobrecidos,/ quiero pasar por encima estos negros bolitas paraguas,/ a estos negros servimotos pensarás, y dirás/ esos que llevan muza y aquellos que llevan napo milanga con frita, Amarok,/ tan blanca tan pulcra que no se permite fumar adentro/ y llevás herbicidas para fumigar escuelitas de campo,/ ay sos todo un ejemplo, Amarokcita…”

El humor cuestiona, interpela, saca de sí. En literatura hay sobrados ejemplos. Desde los textos de Mark Twain “Los McWilliams y la alarma para ladrones” (por citar uno no tan conocido), Don Quijote de la Mancha de Cervantes, Historias de cronopios y de famas o Manual de instrucciones de Cortázar y tantos más. Todos tan poco serios, todos tan irreverentes, todos dando vuelta el mapa de los sentidos. Es que el humor es siempre cosa seria. Desmantela, desacraliza, pone sobre la mesa lo que estaba debajo de la alfombra. La poesía no es sólo sentir, esa especie de malentendida catarsis autobiográfica, es revuelta. Lo es la literatura. Lo es el humor. Afloja los nudos de las ataduras, los muestra.

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