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La organización colectiva frente al deterioro del entramado social de la discapacidad: las calles como punto de convergencia
El sistema de atención a las personas con discapacidad en Argentina enfrenta un profundo colapso por el ajuste estatal, retrasos en pagos y recortes en pensiones. Ante el avance de un modelo regresivo y de iniciativas oficiales que vulneran derechos –como el Presupuesto 2027–, familias, prestadores y organizaciones marchan para exigir respuestas.
- septiembre 22, 2026
- Lectura: 5 minutos
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A casi veinte años de la aprobación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, adoptada por Naciones Unidas en 2006, las personas con discapacidad y sus familias en Argentina atraviesan actualmente una situación crítica producto del deterioro del sistema de atención, la desactualización de los instrumentos de regulación y el debilitamiento del rol del Estado como garante de derechos. En este contexto, puede afirmarse que la atención a las personas con discapacidad se encuentra en una verdadera y profunda situación de emergencia, caracterizada por un sistema colapsado, fragmentado y con crecientes barreras de acceso, propio de la intención política que encabeza la gestión del presidente Javier Milei.
Uno de los principales problemas radica en la desactualización del nomenclador de prestaciones, que establece los valores y tipos de servicios que deben brindarse. Este atraso, sumado a demoras sistemáticas en los pagos a los prestadores, genera un fuerte impacto en el funcionamiento del sistema, produciendo el cierre de instituciones, la reducción de servicios y la consecuente dificultad de acceso para las personas con discapacidad. “Esta situación ha derivado en un escenario de colapso que no registra antecedentes en la magnitud actual”, ha señalado el exdiputado nacional Daniel Arroyo, autor de la ley de emergencia en discapacidad.
A su vez, el sistema se encuentra altamente fragmentado, ya que intervienen múltiples actores como el PAMI, el sistema público de salud (Incluir Salud), las obras sociales y las empresas de medicina prepaga. Si bien existe un nomenclador común que organiza las prestaciones, no hay un organismo único de regulación que garantice coherencia, control y equidad en el acceso. Esto genera desigualdades significativas tanto en la calidad como en la cobertura de las prestaciones, profundizando la vulnerabilidad del colectivo.
En paralelo, se observa un proceso de retiro del Estado en sus funciones de regulación, financiamiento y garantía de derechos. Este retroceso se expresa en mayores trabas administrativas para acceder a pensiones, prestaciones y en la limitación efectiva del acceso a coberturas de salud y apoyos necesarios para una vida autónoma de las PCD.
En relación al sistema de protección económica, las pensiones no contributivas constituyen una herramienta central, y había alcanzado a más de un millón de personas. Estas pensiones tienen como objetivo acompañar a las familias y contribuir a garantizar condiciones de vida digna. Sin embargo, desde el gobierno nacional se han implementado procesos de auditoría con criterios restrictivos que derivaron en la baja de aproximadamente 140.000 pensiones. De ese total, unas 110.000 fueron suspendidas debido a la inasistencia a citaciones que, en muchos casos, las personas no llegaron a conocer. Esta situación motivó la intervención de la justicia, que señaló el carácter regresivo de estas medidas y obligó a revisar dichas decisiones.
Este conjunto de transformaciones evidencia un corrimiento desde el modelo social de la discapacidad hacia un paradigma centrado en la invalidez, en el que resurgen estigmas, prejuicios y sospechas de fraude sobre las personas con discapacidad. En este marco, iniciativas como el proyecto de ley 109/2026 refuerzan esta lógica al priorizar mecanismos de control por sobre la ampliación de derechos, abordando metodologías discursivas de impacto social como “el re-empadronamiento” (nuevamente auditorías) para evitar futuros fraudes. En este caso la estigmatización de un derecho básico de las personas con discapacidad que se vincula directamente a lo ilícito.
Las consecuencias de este escenario son profundas: aumento de la vulnerabilidad económica de las familias, sobreendeudamiento, dificultades para sostener tratamientos y apoyos, exclusión progresiva del sistema de salud y una creciente acumulación de responsabilidades en las redes familiares, comunitarias y organizaciones de la sociedad civil para sostener lo que el Estado dejó de hacer.
Es así, que mediante este diagnóstico, nuevamente las calles se han convertido en un punto de convergencia del entramado social que sostiene y acompaña la vida de las personas con discapacidad: las familias, las organizaciones, los prestadores de servicios y aquellos profesionales y trabajadores que forman parte de este microsistema, como los acompañantes terapéuticos, entre tantos otros actores.
El proyecto de ley de Presupuesto 2027 presentado por el Ejecutivo impulsa una serie de artículos que limitan y recortan derechos históricos del colectivo, profundizando aún más el ajuste ya establecido.
Esta nueva movilización surge ante una profunda necesidad: la aplicación efectiva de la emergencia nacional en discapacidad y la continuidad de las políticas que garanticen los derechos del colectivo de personas con discapacidad.
Junto a estas organizaciones, representantes del campo nacional y popular y el colectivo de personas con discapacidad, se fundamenta un proyecto de ley que prorroga y reivindica la aplicación de la ley de emergencia en discapacidad por un año más, ante su vencimiento previsto para diciembre de 2026 y se extienda al mismo mes del 2027.
Frente a esta demanda, miles de personas que integran y acompañan al colectivo de discapacidad fueron partícipes de la movilización del 9 de septiembre frente al Congreso de la Nación, con el objetivo de lograr quórum para el tratamiento en las comisiones y, de esta manera, poder avanzar en la construcción y el tratamiento de la prórroga en la ley.
Pero no todo termina acá.
El último 15 de septiembre, el gobierno nacional presentó formalmente ante el Congreso de la Nación el proyecto de ley de Presupuesto 2027. La propuesta del Ejecutivo recibió un fuerte rechazo por parte de distintos sectores, en particular porque nuevamente el gobierno nacional muestra, desde nuestra perspectiva, un ataque y una mirada negacionista con respecto a los derechos de las personas con discapacidad.
La iniciativa 2027, impulsa una serie de artículos que limitan y recortan derechos históricos del colectivo, profundizando aún más el ajuste ya establecido. Entre las cuestiones más significativas que vuelven a encender una luz amarilla dentro del mundo de la discapacidad se encuentra la reinstalación del concepto de “invalidez laboral” en el marco de las pensiones no contributivas; la eliminación por ley del Certificado Único de Discapacidad (CUD) como documento que reconoce de forma directa y legal el acceso a la pensión; la incompatibilidad entre la percepción de la pensión y el trabajo formal; el fin del nomenclador de aranceles únicos, que debilita el sistema general de atención y el acceso a los tratamientos; y el desmantelamiento de algunas de las protecciones impulsadas por la ley de emergencia en discapacidad, que establecían garantías para el financiamiento y la continuidad de las prestaciones básicas destinadas hacia el universo de personas con discapacidad.
Este diagnóstico nos muestra la durísima realidad que atraviesa toda la sociedad y, en particular, la discapacidad. Una realidad que vuelve a poner en evidencia la necesidad de sostener la organización colectiva, la participación en las calles y la defensa de los derechos conquistados, frente a políticas que, lejos de garantizar la inclusión y la protección social, profundizan las barreras económicas, sociales, culturales, políticos e institucionales que afectan la vida cotidiana de las personas con discapacidad, sus familias, los trabajadores, los profesionales, los prestadores y las organizaciones que sostienen este entramado.
*El autor es licenciado en Trabajo Social de la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Activista por los Derechos de las Personas con Discapacidad de la organización “Unidos por la Discapacidad UNAJ”.
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