Argentina / 15 febrero 2026

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El impacto del modelo de Milei en el campo

El “experimento libertario” se apoya en logros fiscales precarios y pide esfuerzo a la sociedad, pero termina ajustando al campo. Además, el acuerdo con EE. UU. y el enfrentamiento a Brasil abren interrogantes. El peronismo debe dejar su rechazo y tender puentes al sector agropecuario.

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A fines de 2023, Argentina ingresó al experimento libertario que hoy asoma asentado en logros precarios: un supuesto superávit fiscal, que sólo se sostiene con la reprogramación del presupuesto durante dos años consecutivos; la baja brutal de los gastos de capital; un fuerte ajuste jubilatorio en el inicio y la poda en las transferencias a las provincias. 

A pesar del esfuerzo que se le requirió a la inmensa mayoría de la sociedad con estas políticas, hoy el esquema económico libertario sólo se mantiene en pie si recibe apoyo financiero externo.

En ese modelo económico de Javier Milei y Toto Caputo, que no tiene sustentabilidad, el campo también termina siendo una variable de ajuste, como tantas otras.

Esto es así porque el sector agroindustrial, que aporta divisas, enfrenta atraso cambiario, caída de precios internacionales, alta presión tributaria y aumento de los insumos en dólares. Es cierto que alguno de los subsectores enfrenta un escenario más dinámico, pero los pequeños y medianos productores -en general- no están mejor con estas políticas.

Lo que sucede es que un segmento muy importante de la dirigencia agropecuaria está encantado con la figura de Milei. Por eso, no es raro que algunos prefieran ser simples observadores del modo en que se funden pequeños productores, antes que salir a cuestionar a un gobierno profundamente antiperonista.

 

El acuerdo comercial con Estados Unidos 

Aunque no se conocen los detalles del acuerdo comercial ya anunciado con Estados Unidos, sí se han difundido oficialmente los grandes lineamientos. 

Sabemos que Argentina puede conseguir un aumento de la cuota de carne para exportar hacia el mercado norteamericano; pero es muy probable que esa condición termine siendo recíproca. Por lo tanto, habría que esperar un ingreso equivalente de carne estadounidense al mercado argentino.

En ese modelo económico de Javier Milei y Toto Caputo, que no tiene sustentabilidad, el campo también termina siendo una variable de ajuste, como tantas otras.

En materia de aves y cerdos, lo que hasta ahora sabemos no es prometedor para nuestro país. Y el capítulo de patentes tendrá efecto sobre las semillas; eso será complejo. 

Llama mucho la atención que, siendo Brasil el principal productor y exportador de soja del mundo, Argentina se comprometa con Estados Unidos a trabajar para estabilizar el mercado mundial de soja. Es evidente que estamos acordando de espaldas a (y en contra de) Brasil. Eso es un despropósito.

Cuando en 2027 cambie el gobierno, habrá que denunciar este acuerdo con Estados Unidos y proponer uno nuevo. En ese nuevo compromiso, tendremos que ir junto con Brasil y todo el Mercosur a firmar condiciones más equitativas con Estados Unidos.

 

El peronismo y el campo

El “experimento libertario” de Milei se apoya en logros fiscales precarios y pide esfuerzo a la sociedad, pero termina ajustando al campo. Además, el acuerdo con EE. UU. y el enfrentamiento a Brasil abren interrogantes. El peronismo debe dejar su rechazo y tender puentes al sector agropecuario.

No tiene ningún sentido que una parte del peronismo insista con su rechazo al campo. Se trata de un sector que invierte para producir, que arriesga, reinvierte sus ganancias en el país con impacto en los pueblos y en las ciudades. 

Menos se explica, aún, que un sector importante de la dirigencia política del peronismo bonaerense insista en contra del sector agropecuario. 

Hay que encontrar puentes para hermanarse con el campo. Eso no es perder la identidad, sino actuar de manera inteligente. Felipe Solá es un emblema del peronismo que entiende de qué se trata. 

La relación se reconstruye con ideas de futuro: un pacto de crecimiento, con inversión e innovación, con base en incentivos. 

Pero no puede haber productores competitivos ni empresas exitosas en un país cuyo modelo económico tira para atrás. Los privados no compiten solos en el mundo; los países y las regiones compiten también.

Por eso es indispensable crear las condiciones para reconstruir y relanzar la relación política y comercial entre Argentina y Brasil. Es algo que Milei no sabe hacer; pero que tampoco quiere hacer. Tenemos que ir juntos a disputar el mercado global de biocombustibles (incluyendo el que demanda el transporte aéreo), de alimentos procesados y de tecnología aplicada al campo. 

Se sale construyendo caminos de futuro. Nunca hacia atrás. 

 

*Director del Instituto Consenso Federal.

 

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