Argentina / 15 febrero 2026

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Dossier Ley Nacional de Salud Mental: Salud mental y derechos de las personas mayores

En un país que envejece y en una época que suele expulsar a las vejeces del lazo social, Gabriela Groba revisa el lugar que la Ley Nacional de Salud Mental otorga a las personas mayores. Desde una lectura psicoanalítica y de derechos humanos, el texto interroga el edadismo, la negación de la palabra y las prácticas de exclusión, y propone pensar la salud mental como una experiencia subjetiva que solo puede sostenerse en comunidad, dignidad y reconocimiento.

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Connota de Groba

La Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657 protege de manera especial a las personas mayores, un colectivo social en crecimiento sostenido en la Argentina. En la Ciudad de Buenos Aires, las personas de 60 años y más representan alrededor del 23 % de la población total, constituyéndose en uno de los distritos más envejecidos del país (INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022). En este contexto, la ley reconoce la salud mental como un derecho humano fundamental y promueve la vida en comunidad, el respeto por la singularidad y la erradicación de prácticas discriminatorias, ofreciendo un marco clave para acompañar las vejeces desde la dignidad, la palabra y la inclusión social.

La Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657 marca un punto de inflexión en la Argentina al proponer un modo distinto de comprender la salud mental: ya no como un problema individual ni exclusivamente médico, sino como una construcción subjetiva, vincular y social. 

Desde el psicoanálisis, la salud mental no se define como un estado de normalidad ni como la ausencia de sufrimiento. 

Sigmund Freud señalaba que el malestar es inherente a la condición humana y a la vida en sociedad. Envejecer implica atravesar transformaciones en el cuerpo, en los vínculos y en la relación con el tiempo, que forman parte de la experiencia subjetiva y no pueden ser reducidas a una patología sin producir efectos de exclusión y sufrimiento evitable.

El edadismo opera precisamente cuando estas transformaciones son interpretadas solo en clave de pérdida, deterioro o incapacidad. En muchos contextos, las personas mayores son infantilizadas, silenciadas o privadas de la posibilidad de decidir sobre su propia vida. 

Desde una perspectiva psicoanalítica, negar la palabra equivale a negar al sujeto. Jacques Lacan sostuvo que el sujeto se constituye en el campo del lenguaje y del reconocimiento del Otro; cuando se excluye a alguien de la palabra, se lo excluye del lazo social.



La ley reconoce la salud mental como un derecho humano fundamental y promueve la vida en comunidad, el respeto por la singularidad y la erradicación de prácticas discriminatorias, ofreciendo un marco clave para acompañar las vejeces desde la dignidad, la palabra y la inclusión social. En una época que exalta la productividad, la juventud y el rendimiento permanente, muchas vejeces quedan fuera de lo socialmente valorado.

La Ley de Salud Mental se posiciona en sentido contrario a estas prácticas al promover el derecho a ser escuchado, a participar activamente en las decisiones que afectan la propia vida y a recibir apoyos que no anulen la autonomía ni la singularidad. 

Vivir en comunidad no es solo una condición material, sino una dimensión subjetiva fundamental. El psicoanálisis ha mostrado que el lazo con otros funciona como soporte de la vida psíquica. Lacan planteó que el síntoma es siempre una respuesta singular a un malestar que se inscribe en un contexto social determinado; por ello, el aislamiento, la segregación institucional o la sobreprotección excesiva pueden intensificar el sufrimiento al romper los lazos y borrar la singularidad.

La Ley 26.657 prioriza dispositivos comunitarios y abordajes interdisciplinarios porque reconoce que la salud mental no se produce en soledad. Freud advertía que el sufrimiento psíquico se juega en la tensión entre el individuo y la cultura; garantizar salud mental implica también transformar las condiciones sociales que generan exclusión, invisibilización o abandono.

En una época que exalta la productividad, la juventud y el rendimiento permanente, muchas vejeces quedan fuera de lo socialmente valorado. Lacan alertó sobre los efectos de los discursos dominantes de cada época y su impacto en la forma en que los sujetos son alojados o rechazados. Garantizar los derechos humanos de las personas mayores implica cuestionar estos discursos y crear espacios donde la palabra, el deseo y la singularidad tengan lugar, más allá de la edad.

Así, la Ley Nacional de Salud Mental se consolida como una herramienta ética y política que articula derechos humanos, subjetividad y vida en comunidad. Pensar la salud mental de las personas mayores desde esta perspectiva es apostar a comunidades más humanas, donde envejecer no sea sinónimo de pérdida de derechos, sino una etapa de la vida digna de ser vivida y reconocida.

 

Gabriela Groba es Magister en Dirección y Gestión de Sistemas de Seguridad Social. Consultora internacional en temas de envejecimiento. Secretaria científica de APBA

 

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