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Se estrena un documental sobre el movimiento “Ni Un Pibe Menos x la Droga”
Desde una mirada federal, la película de Daniel Waisberg y Sebastián Marcote expone la organización comunitaria contra la exclusión y los consumos problemáticos. Se presenta este miércoles 8 de julio, a las 17h, en la Sala Norita Cortiñas (Moreno 2654, CABA).
- julio 8, 2026
- Lectura: 4 minutos
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Hay pibes que se mueren. Cada día. En nuestro país. No es una frase efectista para iniciar una reseña: es la realidad que muerde desde hace años. Si bien los consumos problemáticos no distinguen clases sociales, el mapa de la exclusión traza fronteras: en los barrios populares, las condiciones para pararse de manos frente a este flagelo son muy limitadas. Son territorios donde la desidia estatal se mide en algo tan básico como el tiempo que tarda —o la imposibilidad de— que entre una ambulancia.
Frente a esa intemperie, la respuesta muchas veces viene desde la organización comunitaria. De eso se trata La lucha, la esperanza, un camino, el documental dirigido por Daniel Waisberg y Sebastián Marcote que se estrenará este miércoles 8 de julio a las 17 horas en la Sala Norita Cortiñas (Moreno 2654, CABA). La producción reconstruye, en la voz de sus propios protagonistas, la historia de Ni Un Pibe Menos x la Droga, un movimiento que aglutina a organizaciones sociales, políticas y religiosas con un objetivo urgente: abordar los consumos problemáticos para devolverle a la juventud la posibilidad de un proyecto de vida digna.
Desde diversos puntos del país, las voces que reúne el documental dan cuenta de pibes y pibas atravesados por la desocupación, la falta de horizontes y una precarización que no es solo laboral, sino existencial. Niños de 9 o 10 años ya atrapados por el consumo de drogas y alcohol; de adolescentes que quedaron fuera de la escuela y del mercado de trabajo; de tasas de analfabetismo que, en pleno siglo XXI, vuelven a crecer como un síntoma de época. El combo se completa con altos niveles de endeudamiento individual y familiar, suicidios y prostitución asociados al consumo. Y una realidad perversa: para muchos, la única salida laboral aparente es convertirse en “soldaditos” de los narcos. Sin lazos afectivos, sin noción de futuro, el sistema les ha puesto un cartel invisible pero implacable: «descartables».
A pesar de las distancias geográficas y climáticas, el documental muestra cómo el movimiento logra vincular diversas banderas. Desde la pelea por la tierra y la vivienda digna al trabajo diario por la soberanía alimentaria. Y la construcción de comunidad a través del deporte (el fútbol como aglutinador), el arte, los talleres de costura y la capacitación en oficios bajo la lógica del trabajo cooperativo. También da cuenta de la articulación en los territorios, por ejemplo, entre la Corriente Clasista y Combativa (CCC) con la Familia Grande Hogares de Cristo.
La cámara de Waisberg y Marcote muestra las realidades de Jujuy, Mendoza, Entre Ríos, Neuquén, Buenos Aires y Tierra del Fuego. Quienes hablan son los mismos jóvenes que un día se acercaron para pedir ayuda, hicieron su camino de recuperación y hoy sostienen el espacio para salvar a sus vecinos.
La evolución de estos lugares es la crónica de la resistencia comunitaria: lo que empezó como un comedor o un merendero para asegurar una copa de leche, devino primero en talleres de prevención y terminó consolidándose en Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC). El servicio alimentario funciona como la puerta de entrada, pero adentro lo que se genera es un espacio de escucha.
A pesar de las distancias geográficas y climáticas, el documental muestra cómo el movimiento logra vincular diversas banderas. Desde la pelea por la tierra y la vivienda digna al trabajo diario por la soberanía alimentaria. Y la construcción de comunidad a través del deporte (el fútbol como aglutinador), el arte, los talleres de costura y la capacitación en oficios bajo la lógica del trabajo cooperativo. También da cuenta de la articulación en los territorios, por ejemplo, entre la Corriente Clasista y Combativa (CCC) con la Familia Grande Hogares de Cristo.
Waisberg y Marcote escapan de la trampa del romanticismo o el mero voluntarismo. La película no esquiva las tensiones internas, la pelea constante contra las subestimaciones del afuera (y del adentro), ni el dolor de las recaídas de los pibes y las dificultades para volver a levantarse.
A su vez, la producción propone una mirada macro que contextualiza la tragedia cotidiana. Hay un hilo conductor que une al pibe tirado en una esquina con el diseño de la sociedad de consumo global, una maquinaria que empuja al individualismo y deriva en distintas formas de adicción. Hacia el final, el largometraje recupera la memoria histórica de la colonización y el imperialismo. Como sintetiza uno de los protagonistas del film: “Siempre apelaron a mantener dormidas a las masas para que no puedan organizarse”. La lucha, la esperanza, un camino demuestra que la solidaridad, el deporte, la cultura y la organización comunitaria son herramientas de lucha contra esa anestesia planificada.
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