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“Después de los secuestros en la fábrica, no se hablaba del tema”

Otros tres ex trabajadores de Molinos Río de la Plata declararon en el juicio sobre la responsabilidad civil en el secuestro de obreros. Explicaron el clima que se vivió en la fábrica durante la última dictadura, la persecución que hubo sobre los dirigentes sindicales y la relación de la conducción de la planta con las fuerzas de seguridad.

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Otros tres ex trabajadores de Molinos Río de la Plata declararon en el juicio sobre la responsabilidad civil en el secuestro de obreros. Explicaron el clima que se vivió en la fábrica durante la última dictadura, la persecución que hubo sobre los dirigentes sindicales y la relación de la conducción de la planta con las fuerzas de seguridad.

El 16 de julio de 1976, diez días después de la desaparición de tres obreros, Carlos Alberto Pérez, operario de la sección Margarina, decidió que tenía que irse. “El clima de la fábrica era de total desazón, cabezas bajas, nadie decía nada, no se hablaba del tema”, recordó ante los integrantes del Tribunal Oral 2 de La Plata, donde se lleva adelante un juicio para determinar la responsabilidad del entonces jefe de Personal de la planta de Avellaneda de Molinos Río de la Plata, Emilio Jorge Parodi, en los secuestros de delegados y activistas sindicales de esa empresa.

“Después del secuestro de los tres compañeros apareció un camión militar en la puerta de la fábrica. Se llevaron una cantidad de trabajadores y eso marcó un clima en la fábrica de total desazón, cabezas bajas. Nadie decía nada, no se hablaba del tema. Había temor. Ante esta situación tenía ganas de retirarme de la fábrica porque en cualquier momento podría ocurrir algo similar”, continuó Pérez y contó que fue hasta la Oficina de Personal, donde le dijo a otro empleado que quería hablar con Parodi por “un tema de seguridad”. 

Cuando el jefe de Personal lo recibió, Pérez fue determinante. Le dijo que “la empresa no garantizaba la seguridad” de quienes trabajaban allí.  La respuesta, un poco lo sorprendió, pero también le permitió encontrar una forma de irse: “Me dijo ‘bueno, mande el telegrama de renuncia’”. 

Pérez abrió una especie de negociación para intentar algún acuerdo económico para renunciar al trabajo con algún tipo de indemnización. Al fin y al cabo, no era una decisión que tomaba libremente, estaba presionado por la situación que se vivía allí. Parodi le dijo que sí, que le iban a pagar. Ese mismo día redactaron la renuncia y el acuerdo de pago.

“Recibí de Molinos Río de la Plata la suma de $55.000 (pesos cincuenta y cinco mil con 00/100) en concepto de entrega sin obligación legal alguna con motivo de mi renuncia al puesto que ocupaba en esa Sociedad”, dice el primer párrafo de la nota que Pérez y Parodi firmaron hace 50 años, y que Pérez llevó para presentarla personalmente ante el tribunal durante su declaración. La guardó durante todo este tiempo y el papel está completamente amarillo.

Durante la séptima audiencia del juicio por el secuestro y desaparición de los obreros de Molinos Río de la Plata Francisco Fernández, Santos Ojeda y Roberto José Rivolta Bonino, Pérez declaró en el mismo sentido que lo hicieron otros ex compañeros de trabajo que testificaron antes: “El cuerpo de Bomberos era un cuerpo de vigilancia y el jefe de eso era Parodi”.

“A Parodi lo conocía de antes de esa reunión (de renuncia), de lo cotidiano, del trabajo. Era una persona sumamente vigilante y realmente causaba temor su presencia. El que lo divisaba primero decía ‘guarda que viene Parodi’ y se hacía silencio. Caminaba por las secciones de la fábrica. Ese era su rol, además de ser jefe de Personal”, dijo Pérez, de 77 años, ante  los jueces Pablo Wilk, Maria Costa y Nelson Jarazo. 

 

Dos políticas sindicales 

Ese día, también declaró Eduardo Carunchio, de 77 años, y ex trabajador de las secciones Taller y Laboratorio en el planta de Avellaneda. Trabajó en la fábrica entre septiembre de 1974 y marzo de 1975. “Entrábamos de 6 a 2 de la tarde. El sueldo era bajo. Y algunos teníamos la posibilidad de hacer horas extras”, recordó.

Para reclamar por los salarios bajos y las condiciones laborales hicieron algunas medidas de fuerza. Entre ellas, dos tomas de fábrica. “Eran tomas pacíficas. Incluso hay una en la que vino el ministro de Trabajo, (Ricardo) Otero. Yo estuve hablando con él. El jefe de Personal, Parodi, y el sindicato decían que estábamos armados esperando a Otero. Eso era una mentira para desacreditar nuestro reclamo. Pedíamos sólo un sueldo digno”, explicó Carunchio al describir cómo era la situación laboral en Molinos y la tensión con la conducción del sindicato aceitero.

Otro de los testigos, Armando Luchina trabajó, hasta 1987 porque tomó una decisión que molestó a la conducción de la planta. Por haber sido testigo en el Juicio a las Juntas lo citaron en la oficina de Personal.

A fines de enero de 1975, Carunchio fue detenido por la Policía Federal. “Me hicieron interrogatorios. Me preguntaban qué pasaba con la fábrica desde el punto de vista gremial, pero yo sabía que no tenía que decir nada. Incluso había un chango rubio, que era de Monte Grande, iba a tomar el tren y lo chuparon en un auto, le pegaron. Le preguntaron sobre la organización, sobre (Marcos) Vázquez, sobre (Avelino) Freitas, cómo nos movíamos. Lo dejaron en libertad y volvió a la fábrica y nos contó. Me acuerdo de ese hecho puntual”, precisó.

Carunchio estuvo detenido hasta el 11 de marzo de ese año. Una semana después se presentó a trabajar en la fábrica, pero no encontró su tarjeta de ingreso en el tarjetero de la entrada. Por eso, fue a hablar a la oficina de Personal.

Lo recibió un empleado, Hugo Lasalle, que trasladó el pedido de Carunchio a Parodi. “Volvió y me dijo que tenía que tener la libertad, le mostré el papel que decía que tenía la libertad. Volvió a entrar. Al rato salió y salió también atrás de él Parodi. Parodi se quedó mirando y Lasalle me dijo que tenía la libertad, pero con continuidad de la causa y que por eso no podía volver a trabajar”, relató.

En ese momento, llegaron Vázquez, que era secretario general de la comisión interna gremial, y otros trabajadores. Fueron a hablar con Parodi, pero no lograron convencerlo. Salieron y le dijeron a Carunchio que si él quería hacían una asamblea en el patio para ver si tomaban alguna medida de fuerza. Les dijo que no. Así que renunció y le dieron la liquidación.

Al describir el rol de Parodi, Carunchio dijo: “Era el mandamás en la fábrica. Después de que me fui de la fábrica y me encontré con Lasalle y me dijo que había una lista que había confeccionado Parodi de los compañeros. Y creo que me salvé porque había renunciado, sino estaría en esa lista. Una lista de militantes, de la comisión interna. Estábamos enfrentados con el sindicato porque era más patronal que la patronal. El sindicato era carne y uña con Parodi. El sindicato marcaba a los compañeros”.

 

Una declaración inconveniente

El tercer testigo fue Armando Lucchina, que era cabo primero de la Policía Federal Argentina y entró a trabajar en la planta de Avellaneda en 1980 hasta 1987. “Estaba en disponibilidad en una fuerza de seguridad, cobraba el 50% del sueldo y no me alcanzaba. Vi un aviso en un diario de que necesitaban personal de vigilancia y bomberos, y me presenté. El señor que me entrevistó se interesó mucho cuando le dije que estaba en disponibilidad de una fuerza de seguridad y que había trabajado en el área antisubversiva. Me tomaron y me llevaron a Avellaneda”, dijo al iniciar su declaración.

“Después me di cuenta de que la empresa colaboraba mucho con las fuerzas policiales. Había otros personales policiales. Algunos me contaron que había mucha relación con la policía de la oficina de Personal”, agregó y explicó que desde el área de Bomberos tenían “control absoluto” sobre lo que hacían los trabajadores y que él reportaba “al jefe de Seguridad y él tenía el contacto con la oficina de Personal, donde estaban Parodi o Miura” en el inicio de los años 80.

Luchina trabajó hasta 1987 porque tomó una decisión que molestó a la conducción de la planta. “Por haber sido testigo en el Juicio a las Juntas me citaron en la oficina de Personal. Me citó Miura, que en ese momento era el jefe de Personal, y después vino otro a la reunión y me ofreció una cifra para que me fuera porque dijo que (mi declaración) le causaba un perjuicio a la empresa. Y le dije qué perjuicio podría causarle y me dijo que para evitar problemas. Y del 85 al 87 se hizo difícil”, recordó.

 

4Palabras

La renuncia de Carlos Pérez a Molinos
La renuncia de Carlos Pérez a Molinos.

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