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Chile, atendido (casi) por sus dueños
Un gabinete con muchas figuras independientes de la política pero vinculadas a los grupos económicos como asesores o consultores. El hecho, según las encuestas, produjo poco beneplácito en quienes fueron votantes de Kast. Ausencias poco explicables entre fuerzas políticas de cuyos votos necesitará el nuevo gobierno en la Cámara de Diputados. Dos abogados defensores del dictador Augusto Pinochet ocuparán los ministerios de Defensa y Justicia respectivamente.
- febrero 6, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Con un gabinete donde hay más independientes que en cualquier gobierno desde el retorno a la democracia, el presidente electo José Antonio Kast encara una gestión que se anuncia extrema en su sinergia con los poderes fácticos. El equipo presidencial anunciado el 20 de enero le asigna a los partidos un tercio de los sillones y reserva los otros dos tercios para figuras orgánicas de los grandes grupos económicos. Probablemente los estados mayores desairados de los partidos hayan estado entre la mayoría de chilenos que se abstuvo de manifestar su agrado con la decisión de Kast, que contó con el beneplácito de un magro 42% de los encuestados por la consultora CADEM pocos días después del anuncio. Fuerte bajón para alguien electo un mes antes con 58% de los votos y que aún no asumió.
En la lista de partidos cuyos representantes el futuro presidente tendrá a su lado brilla la ausencia del Partido Nacional Libertario (PNL) de Axel Kaiser. Es notable que esa agrupación, que compartió listas de candidatos al Congreso con el Partido Republicano de Kast, quede afuera de un gabinete donde están representados los partidos de la derecha tradicional que apoyaron a Evelyn Matthei en la primera vuelta y hasta dos tránsfugas de lo que fuera la Concertación. Para una coalición de gobierno que está dos bancas por debajo de la mayoría en la Cámara de Diputados, los ocho diputados de Kaiser son demasiado preciosos como para enajenárselos.
Un gabinete compuesto tan mayoritariamente por empleados habituales de los dueños del poder económico de Chile puede ser visto como un tributo de Kast al “gremialismo” que predicaba desde mediados de los años ´60 quien sería luego el cerebro constitucional del pinochetismo, Jaime Guzmán. La prédica de éste, que señalaba a los partidos políticos como responsables del atraso chileno, reivindicaba un régimen donde prevalecieran las representaciones corporativas. El gabinete de Kast es un espejo deformado de la visión pura de Guzmán: lo dominan los abogados y los consultores de los grupos económicos y no directamente las representaciones corporativas.
Los aspectos estructurales del gabinete no deben hacernos omitir los gestos simbólicos contundentes que expresan algunos nombramientos. En primerísimo lugar, dos abogados que defendieron al dictador Augusto Pinochet: Fernando Barros, en Defensa, y Fernando Rabat, en Justicia. Como lo precisa Daniel Matamala en el diario La Tercera: uno que lo defendió de cargos de asesino y torturador y otro, ante sus crímenes de corrupción. La nominación de Barros le sirve a Kast, a su vez, para marcar máxima distancia con el presidente Gabriel Boric, quien tuvo en ese cargo a Maya Fernández, nieta de Salvador Allende.
Hay un sillón que tiene grabado el nombre de uno de los grandes patrones. Andrónico Luksic, el hombre más rico de Chile, con una fortuna que cuadruplica la de Donald Trump, se queda con la cancillería, a la que va Francisco Pérez Mackenna, ex- CEO de Quiñenco, el conglomerado que controla (y tal vez sea un referencia banal) un tercio del mercado de la cerveza en Argentina, además del Banco de Chile y las empresas más grandes del país en transporte y energía. Los grupos Matte y Cencosud, cuyos líderes acompañaron a Kast en su reciente visita a Buenos Aires, no tienen sillones con sus nombres, pero varios de los ministros independientes están en su nómina de consultores y consejeros legales, económicos y financieros habituales.
Los aspectos estructurales del gabinete no deben hacernos omitir los gestos simbólicos contundentes que expresan algunos nombramientos. En primerísimo lugar, dos abogados que defendieron al dictador Augusto Pinochet: Fernando Barros, en Defensa, y Fernando Rabat, en Justicia. Como lo precisa Daniel Matamala en el diario La Tercera: uno que lo defendió de cargos de asesino y torturador y otro, ante sus crímenes de corrupción. La nominación de Barros le sirve a Kast, a su vez, para marcar máxima distancia con el presidente Gabriel Boric, quien tuvo en ese cargo a Maya Fernández, nieta de Salvador Allende.
El juego de los espejos (que es la marca de la polarización) se repite con la elección de una fundamentalista religiosa, Judith Marín, para encabezar el Ministerio de la Mujer, donde reemplazará a Antonia Orellana, máxima exponente del feminismo del gobierno saliente. La misma simetría aplica a la vocería presidencial, que quedará en manos de Mara Sedini, la aguerrida panelista televisiva que intentará opacar el recuerdo de Camila Vallejo y que es una de las apuestas fuertes de imagen de la extrema derecha.
Estos condimentos ideológicos no han alcanzado para seducir a lo que podemos llamar la verdadera franquicia mileísta en Chile, el PNL. Aunque seguramente haya pesado en la decisión de quedarse fuera del gobierno lo tacaño de los ofrecimientos que Kast estaba dispuesto a hacerles, parece bastante claro que Axel Kaiser ha decidido preservarse para ser un candidato probablemente opositor en las próximas elecciones presidenciales.
Haciendo inventario, los chilenos llevan 20 años sin reelegir a un oficialismo, una regularidad que puede estar camino de volverse norma. Así (y aunque esto no sea evidente desde el principio), la extrema derecha que nació a la derecha de otra extrema derecha, tal vez se esté adelantando a un final de mandato donde a las oposiciones que encarnarán el tándem del Partido Comunista y el Frente Amplio, el campo del socialismo democrático y el Partido de la Gente de Franco Parisi, se le sume a los postres un Kaiser reivindicador de todas las desregulaciones que falten por hacer y embanderado con la batalla cultural que Kast (que ha nombrado al más liberal de los conservadores, Francisco Undurraga, en el Ministerio de Cultura) tal vez deje de lado, priorizando el buen funcionamiento del gobierno.
Una última palabra para los tránsfugas. Más allá de compartir con los independientes la vulnerabilidad de no representar a un electorado ni a una bancada parlamentaria, la ex-democristiana Ximena Rincón y el radical Jaime Campos no dejan de cumplir una función en el primer gabinete de Kast. No se trata de mostrar amplitud ideológica con dos ex-ministros de Michelle Bachelet, sino de darle alguna verosimilitud a la idea de “gobierno de emergencia” que el presidente electo viene enarbolando. Con ambos como muestra gratis de centro/centroizquierda, Kast ofrece un remedo de unidad nacional.
Si en algo se parece el presidente electo de Chile a otros líderes de su familia ideológica es en que no concibe gobernar sino bajo estado de excepción. En este caso, su argumento es una emergencia de la que no hay evidencia, sino que es una mera construcción retórica para darle cobertura a una agenda de recortes fiscales drásticos y de medidas draconianas, con la inseguridad y la inmigración como pretextos.
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