Argentina / 23 marzo 2026

temperature icon 20°C
Edit Template
  • Política
  • /
  • Entrevista a Mario Santucho: “No vale la pena sacarle el cuerpo a la derrota”

Entrevista a Mario Santucho: “No vale la pena sacarle el cuerpo a la derrota”

Miembro de una familia diezmada por el terrorismo de Estado, el periodista y sociólogo propone la noción de pos-democracia para entender un contexto signado por los coletazos del fin de una era. El desafío de reacomodar las fuerzas para resistir (y enfrentar) la hegemonía de la ultraderecha.

Compartir:

Compartir:

Imagen ilustrativa Mario Santucho

Se acerca un nuevo aniversario del golpe de Estado del 76. El país conmemora los 50 años de la más cruenta dictadura cívico eclesiástico militar bajo un escenario enrarecido, en el que resuenan con fuerza los rumores sobre la posibilidad de un indulto masivo a los genocidas. Un escenario impensado poco tiempo atrás. Periodista e investigador político, Mario Santucho es una referencia indiscutida a la hora de pensar la Argentina de Milei. Hijo del líder y fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) Mario Roberto, “Roby” Santucho, asesinado por la dictadura, Mario desnuda los hilos de la disputa por la narrativa de la memoria. “El periodismo es una de las formas que tenemos a mano para intentar producir verdad sobre la coyuntura histórica que nos toca en suerte”, señala el director de la revista Crisis, colectivo editorial que participó en la génesis del Mapa de la Policía, herramienta de control ciudadano frente a la avanzada represiva del gobierno nacional. 

 

Asistimos a la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en un contexto de claro retroceso en cuanto a las políticas de memoria, verdad y justicia. ¿Cuál es tu análisis de la coyuntura y cómo se articula el concepto de posdemocracia?

Desde algunos colectivos que integro pensamos que es posible que se esté cerrando el ciclo de la democracia; por eso hablamos de posdemocracia. El gobierno de Milei expresa la ruptura de los consensos más básicos pactados ya no en 1983 sino en los años 2001/2003, donde podíamos hablar no solo de la narrativa de los derechos humanos sino de cierta justicia social. Lo que rompe el gobierno de ultraderecha son los consensos que se fueron estableciendo. Y la respuesta desde el campo popular es una disgregación. Asistimos a un tercer año de gobierno de Milei con una reforma laboral tremenda y con bastante menos capacidad de resistencia callejera, va a ser un año complejo. Me parece que hay una dialéctica entre la discusión sobre el relato de la memoria y la derrota política. Creo que ahí hay algo que se articula y yo lo diría así; la condena al terrorismo de Estado o al genocidio, la reivindicación de las luchas de los 70 fue obra de todo un sujeto colectivo, social, múltiple, muy extendido, muy capilar, que se desarrolló durante los años 80 y 90. Primero fueron las Madres de Plaza de Mayo pero hubo mucha gente que se sumó a esa especie de movimiento de la memoria (militantes pero también artistas, deportistas) hasta que ese movimiento ganó de alguna manera la batalla. Creo que en 1996, a veinte años del golpe, hubo una inflexión y emergió una nueva generación política y militante, que se articuló muy bien con los organismos de derechos humanos. Pero esa gran victoria terminó institucionalizándose, terminó convirtiéndose en la historia oficial y subordinándose, además, a una identidad política específica, que fue el peronismo/kirchnerismo. La paradoja es que esa corriente política gobernó durante doce años de manera ininterrumpida y, si bien fue un gobierno progresista, no cumplió las consignas ni los anhelos de esa generación de los setenta que reivindicábamos. Además sus gobiernos terminaron generando descontento. Fueron presa de una contradicción con la lógica de la gobernabilidad –no lograron construir ni abrir un horizonte post neo liberal concretamente, por ejemplo, desplegar una dinámica social de integración efectiva, de justicia social–. El malestar contra ese gobierno también pasó a ser un malestar contra la narrativa de los derechos humanos que exponía ese gobierno. Todo esto irrumpe en el tejido de la memoria, lo conmueve, lo desacomoda. Lo segundo tiene que ver con la realidad política de hoy; con la reaparición del fascismo, de una fuerza que, uno podría decir, puede usar el terrorismo de Estado para romper todos los consensos democráticos que se habían instalado y sobre todo que nos agarra “desarmados, desprevenidos”.

“El desafío es también, salir del espasmo, de la queja, del llanto. Tenemos que tratar de ver qué es lo que tenemos que recuperar, qué es lo que hemos perdido, cuáles son los desafíos. Percibo que empieza a haber una disposición colectiva de asumir que estamos en este momento”. Mario Santucho.

¿La disgregación del campo popular presupone una derrota en varios planos?

Sí, totalmente. Una es la derrota más meramente electoral, perdés las elecciones y hay que esperar uno o dos periodos para volver a gobernar. Es, si se quiere, una derrota superficial. Pero estamos, además, ante una derrota política porque la alternancia se plasmó y no sirvió. Primero ganó la derecha, luego ganó el progresismo con el gobierno de Alberto Fernández y se vio muy claro que no hubo ninguna capacidad de recuperar la iniciativa política. Se había ganado electoralmente pero políticamente se seguía en la derrota y por eso volvió a ganar la derecha, en este caso, una versión de ultraderecha, más legitimada todavía, con el balance de que habían sido demasiado tímidos en su primer gobierno (el de Macri). Mientras que, del lado nuestro, permanece la confusión, la disgregación, no hay ni siquiera una renovación. Entonces la derrota es claramente política. 

¿Consideras que faltó autocrítica? 

Creo que sí, es elemental hacer una autocrítica sobre todo pensando en el ciclo que viene. Pero hay dos grandes cuestiones. La derrota no es solo de cierta dirigencia o cierto sector político; es una derrota de todo nuestro campo popular, yo creo que nosotros tenemos que sentirnos parte también; no vale la pena sacarle el cuerpo a la derrota, ni siquiera decir ellos son. Obviamente que quienes condujeron ese proceso van a ser los más derrotados, de hecho la principal dirigente está presa con lo cual está pagando también con su cuerpo esta derrota, pero me parece que todos nos tenemos que hacer cargo y que la autocrítica tiene que ser una autocrítica que nos incluya. El desafío es también, salir del espasmo, de la queja, del llanto. Tenemos que tratar de ver qué es lo que tenemos que recuperar, qué es lo que hemos perdido, cuáles son los desafíos. Percibo que empieza a haber una disposición colectiva de asumir que estamos en este momento. Debemos reconstruir un punto de anclaje desde donde pararnos; creo que esas van a ser las nuevas luchas que vendrán. 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Temas relacionados

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado

Publicidades

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: