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Memoria firme, juventud indisciplinada
A medio siglo del golpe de Estado, la memoria no es un ejercicio del pasado, sino una herramienta de resistencia. Frente a un modelo que se pretende disruptivo pero reedita recetas de exclusión, soledad y desvalorización laboral, la autora sostiene que la juventud tiene el desafío de romper el aislamiento.
Por Victoria Eva Arenaza Granada. Vicepresidenta del Centro de Estudiantes de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini.
- marzo 22, 2026
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El 24 de marzo de 1976 comenzó la dictadura más oscura y sangrienta de la Argentina. Miles de pibes y pibas que lucharon por derechos que hoy tiene nuestra juventud fueron perseguidos, secuestrados y torturados.
Este año se cumple medio siglo de aquel golpe que marcó nuestra historia, en el que el Estado estuvo más presente que nunca, pero no en favor de la inclusión, la igualdad de oportunidades o la justicia social, sino de la forma más oscura y siniestra que puede adoptar un Estado: con violencia, clandestinidad y represión. Algo de aquellos tiempos hoy nos resuena: la expansión de un Estado de control social, presente para reprimir, pero ausente para garantizar derechos humanos básicos.
El problema, además del marco, tiene que ver con los sujetos. La generación de estudiantes de los años setenta también atravesó un modelo perverso –quizás el más perverso de nuestra historia– pero lo hizo con conciencia, con identidad colectiva y con una dimensión ética e ideológica que hoy no se ve en nuestra juventud.
Hoy vivimos otra cosa: creo que ni los jóvenes sabemos del todo qué es, pero parte de nuestra generación se siente frívola y volátil, atravesando un contexto político, social y cultural muy perverso que pretende mostrarse como disruptivo, pero no es para nada novedoso. Lo perverso de la etapa tiene que ver con un gobierno que expone una reversión de la vieja y conocida derecha liberal proyanqui. Impulsa su clásico recetario de medidas contra la juventud y, bajo el velo de la libertad, propone: baja de la edad de punibilidad, encierro, recortes a la educación y reformas laborales que alejan a nuestra generación de la posibilidad de proyectar una vida con formación y trabajo digno.
Si bien el problema del empleo en la Argentina no es algo nuevo, el modelo actual promueve deliberadamente el desempleo, el pluriempleo y la quita de derechos a los trabajadores (salud, seguridad social, indemnizaciones, jornada laboral). El gobierno insiste en llamarlo «modernización laboral», pero sin lugar a dudas es un modelo de desvalorización laboral.
Esta etapa histórica encuentra a la gran mayoría de los jóvenes solos y deshumanizados, sin perspectiva, tristes y alienados, buscando alguna aplicación salvadora, siguiendo al pie de la letra recetas de influencers para poder ser millonarios, probando suerte en el mundo cripto o incursionando en apuestas online.
La Junta Militar aplicó un disciplinamiento permanente hacia los y las jóvenes. Ahora también nos quieren disciplinados, solos y resignados. Por eso, desde todos los centros de estudiantes, por la memoria de ayer y la dignidad de hoy, estamos convocando a todo el movimiento estudiantil, unido e indisciplinado, a una nueva marcha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Estamos frente a un modelo de época que se muestra disruptivo, asegura que va por un cambio radical y que terminará con «la casta». Así convence a algunos jóvenes de que su fórmula es la ganadora. Pero ya no alcanza con diagnosticar. Nuestra dirigencia política ha sabido realizar buenos focus groups y análisis pormenorizados para saber qué nos pasa, qué es lo que convoca a la juventud o cuáles son los intereses de los pibes y pibas, pero somos nosotros, nuestra generación, quienes tenemos la tarea de motivar y demostrar que para progresar como individuo no hace falta destruir al otro.
Todo esto se da en un contexto de crisis democrática donde la principal líder opositora se encuentra proscripta, el Poder Judicial está corrupto, el Poder Legislativo «dibujado», y rige un modelo represivo junto a una agenda persistentemente negacionista.
Pero lo cierto es que nada es absoluto y también son tiempos de disputa. Frente a un modelo que nos quieren imponer como «normal», estamos muchísimos jóvenes con ganas de participar y transformar todo lo que deba ser transformado; los que no vamos a permitir que nos vendan un modelo del pasado como única opción para nuestros pibes y pibas; los que, desde la sensibilidad y la solidaridad, vamos a desafiar cualquier propuesta que nos quiera en soledad. Los jóvenes nos comprometemos y tenemos la tarea de contagiar a quienes hoy no creen en la política, de demostrar que la salida es colectiva: con creatividad, participación, organización y compromiso.
Para la Junta Militar la juventud siempre fue uno de los focos más importantes de «subversión» y por eso aplicaron un disciplinamiento permanente hacia los y las jóvenes. Ahora también nos quieren disciplinados, solos y resignados. Por eso, desde todos los centros de estudiantes, por la memoria de ayer y la dignidad de hoy, estamos convocando a todo el movimiento estudiantil, unido e indisciplinado, a una nueva marcha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
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