Gustavo Córdoba: “Las chances de reelección de Milei dependen pura y exclusivamente de la cuestión inflacionaria”
El director de la consultora Zuban-Córdoba analiza el avance del gobierno con proyectos como la reforma laboral y la baja de imputabilidad ante una oposición fragmentada. Explica por qué el oficialismo busca la confrontación para fidelizar a su núcleo duro y advierte sobre el desafío de una sociedad que ya no habla el lenguaje de la política tradicional.
- febrero 15, 2026
- Lectura: 3 minutos
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“El gobierno está logrando triunfos parciales, simbólicos, a la espera de que la economía en algún momento arranque”, sostiene Gustavo Córdoba en diálogo con 4Palabras. Director de la consultora Zuban Córdoba y magíster en Comunicación Política por la Universidad Austral, analiza el panorama nacional luego de una semana en el que el Gobierno logró medias sanciones para los proyectos de reforma laboral y de la baja de edad de imputabilidad.
Córdoba afirma que el oficialismo no solo se siente cómodo en la intensidad del conflicto, sino que lo utiliza para capitalizar de manera estratégica el vacío de liderazgo y la fragmentación de una oposición que aún no logra articular una alternativa coherente. Según el consultor, el gobierno elige deliberadamente temas controversiales no para buscar consensos mayoritarios, sino para fidelizar a su núcleo duro y exponer la falta de objetivos estratégicos de sus adversarios. En la entrevista, advierte por el desafío generacional de una política que “todavía no aprendió a pensar en digital”.
Muchos de los indicadores de la economía cotidiana encienden señales de alarma, incluso el dato más preciado por el gobierno –la inflación– sigue creciendo de manera consecutiva. ¿Qué impacto tiene en la opinión pública? ¿Todavía el gobierno conserva el margen de expectativa?
Todo tiene impacto en la opinión pública, lo que todavía no tiene impacto y no lo va a tener, porque este no es un año electoral, es en la cuestión de las preferencias para la reelección de Milei. La elección presidencial todavía es un escenario difuso, inalcanzable para la opinión pública actual. Pero hay que entender que este es un gobierno que no busca temas que tengan amplio predominio en la opinión pública o que sean favorables, sino que busca más bien la intensidad de la confrontación. Cuanto más intensa es la confrontación, más cómodo se siente el gobierno. Por supuesto que ahora tiene una gran ventaja por el número de legisladores que le responden, los aliados circunstanciales que obtiene de la relación con los gobernadores… Y si eso no alcanzase, la colaboración del peronismo en su pérdida de objetivos estratégicos, termina siendo muy funcional también al gobierno.
La corrupción es otra cuestión que en su momento fue muy sensible en la sociedad, tanto en los noventa como durante el kirchnerismo. Esta semana el Gobierno tuvo dos malas noticias, por un lado con el procesamiento de Spagnuolo por la causa ANDIS, pero también con la salida de Reidel de Nucleoeléctria salpicado por denuncias. ¿Qué se puede leer en la opinión pública con respecto a eso?
Esperar que haya un cambio significativo entre quienes apoyan al gobierno por estos episodios, me parece que es naif, así como por ejemplo cuando fue condenada Cristina, tampoco hubo cambios significativos en la opinión pública. En un contexto de polarización, a los que están a favor del gobierno no les importa Reidel, no les importa Spagnuolo, no les importa ANDIS. Ese 40% que votó al gobierno en octubre de 2025, lo hizo en un contexto donde la emergencia en discapacidad y el Garrahan eran un tema de agenda permanente, entonces está claro que no perforan al núcleo duro. De la misma manera Cristina, cuando fue encarcelada, no modificó su imagen positiva ni negativa. Cuanto mucho los que están en contra del gobierno, después de Spagnuolo, ANDIS y todos estos episodios de Reidel de sospecha de corrupción, estarán un poquito más enojados que antes, pero no cambia significativamente los que estaban enojados y los que no estaban enojados en la previa.
En el caso de Milei hay que pensar en estos términos: si mantiene chances de reelección, va a ser pura y exclusivamente por la cuestión inflacionaria. Si Milei logra domar este octavo mes consecutivo de suba de inflación, va a tener chances de reelección. Si no, hay que pensar que a Milei eventualmente le corresponde lo que está pasando en toda América Latina desde la pandemia hasta acá: de 22 elecciones presidenciales, en 19 ganó la oposición. A los oficialismos les cuesta muy mucho sostenerse en términos de expectativas. Es decir, sobregeneran expectativas, las incumplen, y por eso Latinoamérica vota cruzado desde la pandemia para acá.
Históricamente, el pueblo argentino siempre tuvo como mucho rechazo a la incidencia norteamericana. Había niveles en encuestas que hablaban de más del 70%, 80%. ¿Eso está cambiando? ¿Qué lectura se puede hacer del alineamiento de Milei con Trump?
Hay que acostumbrarse a pensar que el pueblo argentino o la sociedad argentina ya no tienen un único perfil, sino que tenemos que hablar entendiendo que hay múltiples sociedades argentinas o múltiples pueblos. Una primera caracterización es que no es lo mismo los que tienen menos de 35 o 40 años a los que superamos esa edad. Hace unos días el Turco Asís me decía que en los 80 gritábamos patria sí, colonia no; y que hoy el cantito sería al revés, patria no, colonia sí. Hay una nueva generación para la que los objetivos de la década del 70, liberación o dependencia, o el imperialismo norteamericano, son conceptos no solamente ajenos y extraños, sino inexistentes. Incluso cuando les hablás de la recuperación de la democracia, no tienen ningún recurso ni reflejo al respecto porque la mayoría de ellos nacieron en democracia. Hay un problema de enfoque, porque la mayoría de los analistas, o la mayoría de la política, estamos perdiendo el foco de que hay una generación que no tiene el mismo nivel de conocimiento que tenemos los adultos de más de 50. Debemos cambiar el lenguaje, la forma de aproximarnos, la manera en la cual se cuentan las cosas, porque el que logra imponer el encuadre gana.
Hay que entender el formato digital, los algoritmos que moldean a la opinión pública, que cada vez hay más contenidos generados por robots o inteligencias artificiales y no tanto por humanos. Eso nos está configurando una sociedad muy compleja. Para poner un título, diría que todavía la política no aprendió a pensar en digital.
Si Milei logra domar este octavo mes consecutivo de suba de inflación, va a tener chances de reelección. Si no, hay que pensar que a Milei eventualmente le corresponde lo que está pasando en toda América Latina desde la pandemia hasta acá: de 22 elecciones presidenciales, en 19 ganó la oposición. A los oficialismos les cuesta muy mucho sostenerse en términos de expectativas. Es decir, sobregeneran expectativas, las incumplen, y por eso Latinoamérica vota cruzado desde la pandemia para acá.
En agosto del año pasado, señalabas que los sectores antimileístas habían superado a los promileístas. ¿Ese registro se sigue manteniendo?
Sí. Tomemos la foto de la última elección de octubre: el 40% de la sociedad es libertaria, mileísta. Y el resto, que votó distintas opciones, es no mileísta. El dilema es que el 40% que vota a Milei tiene un nivel de identificación y de compromiso político muy alto, mientras que ese 60%, 55%, que no votó el gobierno, está atravesado por fragmentaciones, peleas internas, ausencia de liderazgos, ausencia de propuestas, con mucha representación regional que no tiene articulación nacional. Esa es la gran ventaja que tiene el gobierno. Sin sobrarle nada, solo por la fragmentación de ese arco antimileísta de casi 60 puntos, el gobierno puede ganar incluso en primera vuelta en 2027.
¿Por dónde pasan las posibilidades de la dirigencia de los sectores opositores para intentar revertir esta situación?
Por buscar intereses comunes. Pero cuanto más intereses se busquen, más difícil va a ser la tarea. Hay que hacer una síntesis, buscar dos o tres denominadores comunes. La educación pública puede ser un eje, la salud pública puede ser otro, la producción puede ser un tercero. Y a partir de allí, nuclear.
Los dirigentes de origen kirchnerista se enfrentan a un problema, porque si no tienen la capacidad de ganar en primera vuelta, en el balotaje sus posibilidades son mucho menores. Ese fue el problema del kirchnerismo, que en los últimos tres turnos presidenciales tuvo que apelar a Scioli, a Alberto Fernández y a Massa, alternativamente, porque no tenía un perfil propio para ganar en primera vuelta. El dilema es, primero, de cómo se hace una convocatoria con ejes o denominadores comunes, pero amplios y superadores de un montón de diferencias. Y después, cómo un grupo de dirigentes protagonizan una alternativa electoral pensando también en la segunda vuelta. Hoy son tareas que parecen de ciencia ficción, pero no dudo que a mediados de este año o a fin de este año ya vamos a tener un poco más de certezas.
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