Argentina / 20 marzo 2026

temperature icon 21°C
Edit Template

Santiago Mitre llevará al cine la historia de las Madres de Plaza de Mayo y la infiltración de Astiz

Luego de Argentina, 1985, el director filmará una nueva película sobre la resistencia civil al terrorismo de Estado. Estará protagonizada por Verónica Llinás y Peter Lanzani.

Compartir:

Compartir:

santiago6491_

En marzo se cumplirán cincuenta años del último golpe de Estado en Argentina y el cine nacional —que hoy resiste frente a la incertidumbre institucional— vuelve a demostrar que la memoria no es una pieza de museo, sino un ejercicio vivo que se juega en las calles y en las manifestaciones culturales. Hoy la urgencia por narrar, la necesidad de iluminar los pliegues más oscuros de nuestro pasado parece sintonizar con una sensibilidad global. Tal vez porque sus ecos se revelan peligrosamente vivos en nuestro presente.

Frente a aquellas voces que niegan –o directamente reivindican– los crímenes de lesa humanidad cometidos en América latina, el interés por las cinematografías que retratan las dictaduras del Cono Sur atraviesa un momento de impacto global. Se vio con el éxito de Argentina, 1985 (dirigida por Santiago Mitre y protagonizada por Ricardo Darín) y se ratifica con la potencia de las producciones brasileñas Aún estoy aquí (Walter Salles) y Agente secreto (Kleber Mendonça Filho), todas piezas que han logrado ser nominadas a los Oscar.

En este contexto, Mitre regresa al set para profundizar en la representación cinematográfica de los delitos de la última dictadura. Luego de su drama judicial sobre el Juicio a las Juntas, el director se embarca en un thriller político —aún sin título— producido por Netflix y la argentina La Unión de los Ríos, en colaboración con la francesa Maneki Films. La película, que comenzará a rodarse en marzo en la Ciudad de Buenos Aires, se sitúa en el epicentro del terror: la infiltración de las fuerzas represivas en los grupos que, como las Madres de Plaza de Mayo, buscaban a sus familiares desaparecidos.

Frente a aquellas voces que niegan –o directamente reivindican– los crímenes de lesa humanidad cometidos en América latina, el interés por las cinematografías que retratan las dictaduras del Cono Sur atraviesa un momento de impacto global.

La trama pone el foco en un oficial de alto rango que se infiltra en estas incipientes organizaciones de resistencia civil. Para Mitre, el desafío no es hacer un fresco histórico totalizador, sino “observar cómo la violencia se filtra en la vida cotidiana”. Es la historia de la traición más íntima, allí donde lo extraordinario del horror se confunde con la normalidad hasta que el golpe es inevitable.

Luego de interpretar al fiscal Luis Moreno Ocampo en Argentina, 1985, Peter Lanzani asume ahora el trabajo de encarnar al oficial infiltrado —una figura que remite inevitablemente a la sombra del genocida Alfredo Astiz—, un personaje que le exige explorar mecanismos reales de manipulación y traición.

Verónica Llinás interpretará a una madre que busca a su hijo. Llinás busca abordar el rol desde una humanidad concreta, rescatando la determinación de quienes transformaron el dolor en acción política y colectiva. Surge, en este caso, el eco de Azucena Villaflor, fundadora de Madres de Plaza de Mayo y una de las 30 mil personas desaparecidas por el terrorismo de Estado. El guión estará a cargo de Mitre y Mariano Llinás.

 

Chile, Pinochet y un caso clave para el derecho internacional 

 

Llinás, por su parte, continúa expandiendo esta cartografía de la memoria con otro proyecto ambicioso: la adaptación de Calle Londres 38, basada en el trabajo del jurista y escritor británico Philippe Sands que publicó la editorial Anagrama en 2025. Está película está siendo dirigida por el chileno Felipe Gálvez, quien sorprendió con su notable ópera prima Los colonos acerca del exterminio de los pueblos indígenas en la Patagonia chilena.

Sands, autor de Calle Este-Oeste, ha explorado los orígenes de los conceptos de “genocidio” y “crímenes de lesa humanidad”. La adaptación de la historia vinculada al centro de detención y tortura Londres 38, en Santiago de Chile, refuerza esta tendencia de un cine que dialoga con la ley, los derechos humanos y la identidad regional.

Como señala la productora Agustina Llambi Campbell (La Unión de los Ríos) acerca de la nueva película de Mitre, hacer este cine hoy es un acto de resistencia en sí mismo en un momento crítico para la industria audiovisual argentina y de avance de las políticas de olvido impulsadas por el gobierno nacional.

El cine de la memoria no solo sirve para recordar lo que fue; sirve para entender cómo los mecanismos de manipulación y violencia pueden ser, trágicamente, verosímiles y cercanos.

 

4Palabras

Compartir:

Seguinos en: