Argentina / 16 marzo 2026

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La serpiente se muerde la cola: el ajuste sin fin y un Estado a la deriva

El modelo económico actual sostiene su estabilidad sobre el endeudamiento y el recorte del gasto. Sin embargo, la desarticulación del Estado y la hegemonía financiera amenazan la producción y el tejido social. Frente al ajuste, surge la necesidad de un nuevo proyecto de desarrollo soberano.

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Estabilidad macro, dólar e inflación medianamente contenidos, acceso a productos extranjeros y viajes al exterior, esos logros que una parte de la sociedad le reconoce al gobierno se asientan sobre dos flacos pilares: los salvatajes del Fondo Monetario Internacional y Estados Unidos, y la reducción del gasto público. Sostener el modelo le exige al Ejecutivo nacional acceder al mercado de capitales para ir refinanciando deuda -bajar el riesgo país- y seguir ajustando para liberar divisas y cumplir con la exigencia del Fondo de comprar reservas. No es de extrañar que, por un lado, esa arquitectura genere desconfianza a mediano y largo plazo como para que no se produzca una fuerte entrada de capitales y, por otro, vaya creciendo el descontento social y la puja política.

La serpiente se muerde la cola. La necesidad de profundizar el ajuste es la contrapartida del endeudamiento, lo que va dejando un Estado cada vez más desarticulado y comprometido con los acreedores. Aún cuando hayan logrado instalar en la opinión pública que es mejor deshacerse del Estado, en la medida que este se va resquebrajando, más sectores experimentan el lugar que juegan las políticas públicas en su vida y en la comunidad. No es algo propio a los sectores vulnerables; la producción, el comercio, la inversión, la convivencia social, la salud y la educación, la infraestructura urbana y de comunicaciones también dependen de ellas.

La estrategia del gobierno de voltear el financiamiento de las universidades y la atención a la discapacidad mediante la Ley de Presupuesto fracasó en el Congreso, pero no será el fin de la contienda porque precisan sostener el equilibrio fiscal. El gobierno también está atado a su discurso de baja impuestos, de felicitar a evasores y a quienes fugan capital, lo que, sumado a la caída del consumo y el cierre de industrias, va achicando la recaudación. A menor recaudación y mayor compromiso con los acreedores, más ajuste, es decir, requieren deshacerse de más funciones del Estado.

Será menester romper la sumisión de los sectores productivos al capital financiero que hoy maneja los destinos del país, apuntando a sus contradicciones. Ese capital especulativo sabe que puede seguir haciendo negocios –carry trade– mientras pueda apropiarse de los dólares que llegan, y en la espera que la economía extractivista expanda en el futuro el horizonte para operar.

Si en los años noventa, los derechos humanos fueron el signo que unió la resistencia popular, a las organizaciones sociales, a los artistas y a diferentes sectores, probablemente sean las políticas de desarrollo las que deban oponerse a la hegemonía financiera que han instalado los libertarios.

Pero los productores agrícolas siguen pagando retenciones que se les perdonan a las grandes exportadoras, y amplios sectores industriales se encuentran con una apertura a la importación sin ninguna estructura que les permita adecuarse para competir. Esto es así, porque para el capital financiero, todo lo que no encaje en su ecuación de negocio es un lastre que hay que tirar por la borda sin ningún miramiento, así sea los institutos de ciencia, tecnología o los valiosos proyectos en energía atómica o industria satelital.

Si en los años noventa, los derechos humanos fueron el signo que unió la resistencia popular, a las organizaciones sociales, a los artistas y a diferentes sectores, probablemente sean las políticas de desarrollo las que deban oponerse a la hegemonía financiera que han instalado los libertarios. Producir, diversificarse, innovar tecnológicamente para crecer cuidando la naturaleza, generando espacios donde todos y todas puedan sentirse importantes, encontrar oportunidades y desplegar su talento. Que nuestros recursos naturales estén al servicio del desarrollo soberano y de una vida digna, y no bajo la rapiña del cálculo financiero. Habrá que formarse, informarse y llenar de sentido ese concepto para instaurarse como sujeto de la historia, solo entonces aparecerán los líderes dirigenciales que encarnen ese signo, como en su momento lo hizo Néstor Kirchner al bajar el cuadro de Videla.

 

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