OpenAI anunció contenido “maduro” para adultos verificados —incluidas conversaciones eróticas— y un “adult mode” basado en verificación o predicción de edad. El asistente que “se desvanece” deja de ser solo un escribiente o un tutor y pasa a competir en la economía de la intimidad. El paso de la economía de la atención a una economía de la intimidad es también un tema político. Los desafíos para la educación.
- diciembre 28, 2025
- Lectura: 3 minutos
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Karen Hao escribió un libro incómodo y necesario. El imperio de la IA. Sam Altman y su carrera por dominar el mundo no se conforma con explicar la tecnología: reconstruye los entretelones, las obsesiones y la lógica de poder que empujan a los modelos de lenguaje hacia el centro de la vida cotidiana. La IA no avanza solo por “innovación”, muestra Hao, sino por competencia, narrativa y mercado. Y el futuro que se fabrica no es solamente técnico: es cultural.
En ese marco, una escena funciona como revelación. Hao cuenta que el rendimiento de GPT-4 terminó de convencer a OpenAI de que había llegado el momento de avanzar hacia una de las metas más queridas por Altman: “un asistente de IA que se pareciese al personaje de Samantha en Her” (Hao, p. 273). No era una referencia lateral: durante años —escribe— Her fue invocada como ejemplo de lo que podría ser la “IA general”: un modelo cuya interfaz parezca tan natural que “se desvanezca” y “se limite a complacer al usuario”. La promesa, dicho simple, no era solo “hacer cosas”. Era “estar con vos”.
Ahí está el punto. Para entender 2026, conviene mirar menos la fascinación por las capacidades (“escribe, resume, programa”) y más el cambio de fase del producto: la IA coloniza el plano emocional, donde se juegan confianza, compañía, deseo y vulnerabilidad. Una herramienta puede resolverte un trámite; un interlocutor puede reordenarte la vida.
En estas semanas apareció el dato que vuelve concreta esa hipótesis: OpenAI anunció contenido “maduro” para adultos verificados —incluidas conversaciones eróticas— y un “adult mode” basado en verificación o predicción de edad. No es un agregado; es un salto de producto. Culturalmente significa que el asistente que “se desvanece” y “complace” deja de ser solo un escribiente o un tutor y pasa a competir de lleno en la economía de la intimidad. Si Her funcionó como fantasía guía, esto es un paso hacia su materialización comercial.
Podemos discutirlo desde la moral, pero el problema es más político. Lo erótico no es un “extra”: es un acelerador del vínculo. La interacción sexual, incluso textual, incrementa apego, frecuencia y carga emocional. Si el negocio depende de que el usuario vuelva, la intimidad se vuelve recurso. Pasamos de la economía de la atención a una economía de la intimidad: no solo se extrae lo que miramos, también lo que confesamos. Cuanto más íntima la conversación, más valiosa la huella.
El clic era dato; la confesión es oro. La IA ya no busca únicamente que mires: busca que le hables, que vuelvas, que te quedes. Y cuando la conversación se erotiza, el vínculo se vuelve negocio: lo que entra en juego no es una función más, sino una nueva forma de captura de la vida interior.
El clic era dato; la confesión es oro. La IA ya no busca únicamente que mires: busca que le hables, que vuelvas, que te quedes. Y cuando la conversación se erotiza, el vínculo se vuelve negocio: lo que entra en juego no es una función más, sino una nueva forma de captura de la vida interior. Hao aporta una clave decisiva: lo que se vende como “interfaz natural” es una decisión de diseño. La IA que parece “persona” busca bajar defensas. La empatía puede ser simulada y la complacencia no es accidente: es parte del objetivo de retención. La habilitación de chats eróticos en 2026 no es una anécdota; es un hito cultural.
Hao aporta una clave decisiva: lo que se vende como “interfaz natural” es una decisión de diseño. La IA que parece “persona” busca bajar defensas. La empatía puede ser simulada y la complacencia no es accidente: es parte del objetivo de retención. De ahí que la habilitación de conversaciones eróticas sea la señal de una etapa: una IA que ya no se ofrece solamente como herramienta, sino como compañía. En ese contexto, un interlocutor 24/7 que no juzga y responde rápido puede funcionar como bálsamo… y también como captura. El riesgo no es solo “que se equivoque”: es que ocupe el lugar de lo humano justo cuando más lo necesitamos.
Por eso, aunque el disparador sea Hao y la carrera corporativa de OpenAI, hay un giro inevitable hacia lo educativo. No porque la escuela tenga que “resolver” el problema, sino porque todavía es de los pocos espacios donde se puede discutir públicamente cómo se construyen vínculos, criterio y lenguaje para nombrar lo que pasa.
La agenda pedagógica 2026 no puede limitarse a detectar plagio o a enseñar prompts. Tiene que incorporar una alfabetización profunda sobre IA: entender que “hablar” no es “sentir”; que un tono cálido no garantiza cuidado; que la herramienta está optimizada para agradar; que memoria y personalización abren problemas de privacidad; y que la IA puede reforzar sesgos afectivos (“te dice lo que querés oír”). Además, esto debe articular con convivencia y ESI, porque deseo, consentimiento, presión, vergüenza y límites también se juegan online.
La discusión sobre IA ya no puede restringirse a productividad o creatividad. La pregunta que viene es más básica: ¿qué tipo de relación quieren que tengamos con estas máquinas: instrumental o de apego? La habilitación de chats eróticos en 2026 no es una anécdota; es un hito cultural. Marca que la frontera entre herramienta y compañía se está corriendo, y que la promesa de Her no solo inspiró a Altman: ahora se prueba como modelo de negocio. Si la IA quiere “estar con vos”, la educación tiene que enseñar a estar con otros. Y a no entregar, por comodidad, la vida interior a una interfaz diseñada para complacer.
*Sebastian Novomisky es doctor en Comunicación. Experto en Inteligencia Artificial, Medios, Tecnologías y Educación. Profesor Titular de la FPyCS-UNLP. IG @sebanovo.ok
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- De Her al chat erótico: la intrusión emocional de la IA y por qué la educación no puede llegar tarde
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- diciembre 28, 2025
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