Productores de yerba en peligro: los noventa en espejo
Con la desregulación de las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), que hasta noviembre fijaba los precios de referencia para la hoja verde y canchada, los pequeños y medianos productores -que enfrentan costos de producción en aumento- quedaron expuestos a una debacle que les recuerda el final de la década del noventa. Las cooperativas, que ofrecen un producto diferencial, incitan a los consumidores a “apoyar proyectos que sean más artesanales, que no utilicen agrotóxicos, que tengan una identidad y un buen trato con la tierra”.
- diciembre 11, 2025
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- diciembre 11, 2025
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El gobierno de Javier Milei desreguló las facultades del INYM y atacó el corazón de la industria yerbatera, la que provee a todo el territorio nacional del producto más arraigado con la cultura local: la yerba mate. El INYM, un organismo con autarquía financiera y operativa, integrado por representantes del Estado nacional, por las provincias productoras de Misiones y Corrientes y productores, secaderos, molinos, cooperativas y trabajadores, tiene entre sus objetivos promover y fortalecer el desarrollo de la producción, industrialización, comercialización de la yerba mate. Aunque el instituto seguirá operativo, el Gobierno le quitó una de sus principales facultades: la de fijar el precio mínimo de la hoja verde, tal como se hacía dos veces al año.
Son más de 12 mil los pequeños productores afectados por esta medida. Muchos dejaron de fertilizar para abaratar costos, mientras que otros ya malvenden o abandonan sus tierras. Pero el conflicto también escaló entre las provincias: el gobierno de Misiones presentó un amparo judicial para frenar la desregulación y logró suspensiones cautelares que protegen temporalmente al INYM, mientras que Corrientes, que concentra al eslabón final y concentrado de la cadena yerbatera -unas cien empresas-, apoya la desregulación del Gobierno.
Aunque en la góndola no se ve reflejado el conflicto aún, los productores, que hace poco más de dos años peleaban por fijar el kilo de hoja verde a 500 pesos, apenas pueden cerrarlo hoy en doscientos cincuenta pesos, con costos de producción que no paran de crecer.
Aunque en la góndola no se ve reflejado el conflicto aún, los productores, que hace poco más de dos años peleaban por fijar el kilo de hoja verde a 500 pesos, apenas pueden cerrarlo hoy en doscientos cincuenta pesos, con costos de producción que no paran de crecer.
Matías Bertone, de la Cooperativa Monte Nativa, con base en El Soberbio, Misiones, asegura que la cuestión vinculada a la cadena de valores es similar en todos los rubros: el productor termina recibiendo migajas y el precio lo regulan las grandes empresas que manejan toneladas y que pueden estoquearse. Como la cooperativa no se dedica exclusivamente a la producción de yerba mate (cultivan cúrcuma, jengibre, ofrecen servicios de consultoría en proyectos agroecológicos) no se ven tan afectados como otros productores, pero sí dejan de poner el foco la yerba y empiezan a priorizar otros productos más rentables. Así se empuja a la desaparición de yerbas artesanales de calidad diferenciada.
Según Bertone, los molinos -señalados como aquellos que tomaron ventaja de la situación- también la están pasando “muy mal” e insiste en que “los únicos que pueden sobrellevar esto y sacarle provecho son las grandes empresas como Las Marías y todas las que tienen capacidad de stock”. Además denuncia que durante los últimos meses bajaron el precio de sus productos aún cuando implica absorber mayores costos “para eliminar de la competencia a todos los otros molinos y que se vuelva a repetir este ciclo de eliminar todas esas pequeñas industrias, maltratar al productor”.
El productor cooperativo vincula este tiempo con el final de la década del 90 cuando se quemaban los yerbales y los precios caían en picada. “Yo he visto gente incendiar las tierras para quince o veinte años después volver a planta. Ahora va a empezar a pasar lo mismo otra vez, parece un ciclo sin fin”, dice y agrega que en todas las crisis la yerba y el bizcocho “es lo que se sigue vendiendo, es una fibra muy sensible de nuestra identidad y nuestras costumbres”.
El circuito de la producción de yerba mate está integrado por distintos eslabones -productores, secaderos, molineros, empaquetadores, comercializadores- por lo que genera codependencia, pero con desventaja para el productor. Bertone añade que, previo a este conflicto, como pequeños productores también se sentían “apartados y poco contenidos” por el INYM. “Es cierto que podía representar muy bien a medianos productores, y estaba muy bueno ese trabajo, pero también se olvidaba de los más pequeños, pero hoy realmente es peor el escenario sin el INYM, sin duda”, agrega.
Como cooperativista, convoca a los consumidores a que apoyen proyectos que sean más artesanales, que no utilicen agrotóxicos, “que tengan una identidad y un trato con la tierra, con el trabajo que nos represente más, que no favorezcan el trabajo esclavo como lo hacen las grandes empresas”.
Mabel Acosta integra la Cooperativa Agrícola Río Paraná, que produce la reconocida yerba Titrayju. Procesan alrededor de 600.000 kg de hoja verde que compran directo a productores a través de los principios de comercio justo. Al igual que su colega, Acosta asegura que con el freno de la zafra de verano “hay sentimientos encontrados”, ya que están los productores que no tienen cómo solventar su vida diaria si no venden la cosecha y por otra parte las grandes empresas intentan “tirarles abajo el precio”.
Con respecto a la organización y la unión de los productores, lamenta que hasta ahora no tienen una voz propia. “Cuando los productores realmente empecemos a sentir que no nos pueden llevar de aquí para allá, puede ser que nos organicemos mejor”, dice. Para Acosta, también este presente se asemeja a lo vivido en los años 90, cuando todo decantó en una crisis muy profunda. Insiste en que el trasfondo real tiene que ver con la concentración de tierras y con quitar de la cancha a productores pequeños, que “son personas mayores y la están pasando mal”. Además, asegura que ya se ven decenas de yerbales abandonados, sin limpieza, y que quienes buscan sostener sus chacras, su forma de vida, apenas sobreviven.
La situación los asfixia financieramente: les rebotan cheques “de todos colores”. “Si entrás en la web del Banco Central verás la cantidad de productores, empresarios o terciadores que están haciendo el cheque volar por todos lados”, dice y explica que esos cheques son los que terminan en las manos de los productores.
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