Una visita necesaria en tiempos revueltos: deudas y desafíos para habitar la esperanza
Frente al avance de políticas de abandono y crueldad, las Católicas por el Derecho a Decidir apelan a la Doctrina Social de la Iglesia y a la memoria colectiva del pueblo argentino para exigir justicia social, soberanía sobre los cuerpos y una Iglesia sinodal, abierta, reparadora y comprometida con los derechos de mujeres, juventudes y diversidades.
- noviembre 6, 2026
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En nuestro país, las calles son testigo y escenario de un pueblo que padece y resiste una política inhumana que -con sendos tintes mesiánicos y haciendo una oda al sacrificio pretende dejar sin protección a las infancias, a las personas con discapacidad, a las juventudes, ancianidades, a las mujeres y disidencias sexo-genéricas. Al mismo tiempo, pone en peligro derechos colectivos vinculados a la educación pública y de calidad, también el acceso a la salud integral y los derechos sexuales y reproductivos, así como muchos otros derechos. Cuando las condiciones básicas para sostener una vida digna se degradan a pasos agigantados, necesitamos coraje ético y político para denunciar las causas de esta situación y actuar sobre ellas porque en palabras de Francisco: “este sistema ya no se aguanta”.
El pasado 28 de septiembre, el Papa León XIV pronunció un discurso ante representantes de diversas expresiones de fe en donde afirmó que “Nada que desfigure la dignidad humana puede presentarse como una verdadera inspiración divina”. Tierra, techo, trabajo son derechos cada vez más socavados, dentro de una larga lista. El gobierno de Javier Milei, ha naturalizado una política de genocidio lento por desgaste, vaciamiento y despojo, destruyendo redes e individualidades material, simbólica y emocionalmente. El aumento del hambre, el narcotráfico y el suicidio son un prisma a través de cuyas caras se refracta esa política de abandono, propia también de los proyectos de la derecha global. Continuar con este rumbo es atentar contra la sostenibilidad de la vida. Resulta imperativo sacudirse el miedo y la parálisis, el desconcierto y la desesperanza para movernos, actuar, convocar a pensarnos de nuevas maneras y reconstruir un proyecto común.
Defender la vida es insistir en visibilizar y actuar sobre las causas estructurales que degradan sistemáticamente las condiciones materiales y simbólicas para sostener una existencia digna. En ese sentido, tanto las reivindicaciones sociales históricas del pueblo argentino, como la Doctrina Social de la Iglesia y la carta encíclica Magnifica Humanitas, presentan puntos de convergencia que constituyen herramientas para pensar una alternativa ética así como también una agenda programática en este contexto.
La búsqueda por la erradicación de la pobreza sistémica nos pone en alerta crítica por la enorme concentración del poder y la riqueza que suponen las nuevas tecnologías y el uso indiscriminado de la inteligencia artificial. La crítica al individualismo extremo y a la mercantilización de la existencia en un modelo capitalista deshumanizante, nos conduce a la defensa de la Casa Común y la oposición a los modelos extractivistas de despojo territorial, desalojo, usurpación y explotación de los bienes comunes. Defender la vida es reconocer y jerarquizar las tareas de cuidado, fortalecer el tejido social y comunitario frente a la fragmentación y la crueldad. La realidad nos ha demostrado que cuando el Estado retrocede, avanzan las redes de captación, trata y narcotráfico, se acentúan las violencias por razones de género, contra las personas migrantes y los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Sobre estas tensiones, abrir y sostener espacios de diálogo profundo entre organizaciones, movimientos populares y actores de la sociedad civil que trabajan por el Bien Común es, sin dudas, de vital importancia para abonar a un mejor presente y futuro para nuestro pueblo.
Como feministas católicas, celebramos que, en este momento histórico, parte de la institución eclesiástica acompañe la larga tradición de resistencia del pueblo argentino a las injusticias. La historia muestra cuánto camino debimos transitar para desandar los estragos de la colonización y el terrorismo de las dictaduras. Como movimiento amplio y plural seguimos resistiendo y sosteniendo los valores indeclinables de la paz como fruto de la justicia, la solidaridad, la Democracia, el cuidado de los sectores más vulnerabilizados de nuestro pueblo, la soberanía sobre nuestros territorios, el trabajo como cooperación para el Bien Común.
"Como feministas católicas, celebramos que, en este momento histórico, parte de la institución eclesiástica acompañe la larga tradición de resistencia del pueblo argentino a las injusticias. La historia muestra cuánto camino debimos transitar para desandar los estragos de la colonización y el terrorismo de las dictaduras",
Hemos leído con atención los gestos y mensajes del papa Francisco y del papa León XIV en relación con el rol de la institución católica en momentos cruentos de nuestra historia, desde el genocidio de los pueblos originarios y la esclavitud hasta las formas modernas de mercantilización de la vida y los cuerpos. También seguimos las declaraciones oficiales sobre las formas de violencias y abusos en ámbitos eclesiásticos. Todas estas realidades que socavan la dignidad de las personas requieren del compromiso impostergable de la Iglesia para llamar a asumir responsabilidades legales y adoptar medidas efectivas de reparación que den cuenta de su arrepentimiento. Defender la vida implica garantizar condiciones materiales y simbólicas para una existencia digna, cuidar a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad y enfrentar las violencias que atraviesa nuestra sociedad. En ese horizonte, la defensa de la salud integral, los derechos sexuales y reproductivos, la educación pública, los territorios y los derechos de las mujeres y las diversidades sexo-genéricas resulta inseparable de la búsqueda de justicia social.
Recordamos la carta del Papa Francisco al pueblo de Chile en la que afirmaba: “Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse”. En la misma, alertaba sobre la cultura del abuso y del encubrimiento en la iglesia. Sabemos que este sigue siendo un gran desafío para la institución. La experiencia y los avances que han logrado los feminismos cristianos para trabajar sobre estas situaciones tan dolorosas son valiosos para entender más profundamente cómo detenernos ante el sufrimiento, sin evasiones ni pusilanimidad.
Las Católicas por el Derecho a Decidir hemos tenido la oportunidad de dialogar con el papa Francisco representadas por una de nuestras jóvenes, Milagros Acosta. En dicha ocasión, le obsequiamos el pañuelo verde, símbolo de nuestra lucha, y conversamos sobre las vivencias de las personas de fe que deciden abortar. Esta charla fue posible en el marco del documental “Amén, Francisco responde” (2023) donde pudimos escuchar los desafíos que tiene la iglesia que, como el mismo papa manifestó, aún está en pañales en temas de moral sexual. Existen todavía deudas, paradigmas profundos que deben ser revisados de forma urgente en relación a los modos en que se ha construido el rol de las mujeres, los mandatos sobre su cuerpo, su sexualidad y su goce. Superar estructuras eclesiales anquilosadas, misóginas y expulsivas, supone construir una iglesia auténticamente sinodal, abierta a escuchar la multiplicidad de voces y la pluralidad de posiciones en relación con estas y muchas otras realidades que afectan a las mujeres y personas con capacidad de gestar, a los colectivos LGBTIQ+ y especialmente a las juventudes que encarnan la posibilidad de un nuevo futuro. Las teologías críticas e inclusivas son, en este sentido, fundamentales para desarmar la rigidez de estructuras religiosas opresivas que priorizan la obediencia bajo amenaza de pecado y castigo.
En el actual contexto de crisis social y económica, esperamos que el dinamismo de reciprocidad en el diálogo de la institución católica con otros actores de la sociedad contribuya a un análisis más profundo de los desafíos que enfrenta el pueblo argentino. Con esperanza, afirmamos que la semilla de la crueldad y la indiferencia no germinó nunca en amplios sectores de nuestra sociedad. En su lugar, florecieron las luchas de las defensoras de derechos humanos, de las guardianas de los territorios, de los movimientos populares, de las activistas feministas y transfeministas.
Reafirmamos que, como se indica en la Encíclica Magnifica Humanitas y citando a la Constitución Pastoral Gaudium et spes, “las estructuras económicas e institucionales son justas sólo en la medida en que sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participación responsable de todos”.
Con la justicia social como horizonte, valoramos toda instancia que profundice la escucha y acompañamiento a quienes defienden el derecho a una vida digna. Afirmamos categóricamente que nuestros derechos no se negocian y reivindicamos la fuerza de nuestro pueblo frente al despojo y la violencia: bienaventuradas las comunidades que sostienen la memoria y trabajan por la justicia; bienaventuradas las que son estigmatizadas por caminar junto a las personas más vulnerabilizadas; en su resistencia, encarnan el verdadero sentido de defensa de la vida.
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